El ensayo de Marruecos como coanfitrión de la Copa del Mundo 2030 difícilmente pudo haber salido peor con la caótica final de la Copa Africana de Naciones.
La final se vio empañada por enfrentamientos entre aficionados y la seguridad en el campo y la retirada del equipo de Senegal, que sintió que se había cometido una grave injusticia después de que se anulara un gol en el tiempo agregado antes de que al anfitrión Marruecos se le concediera un penal.
Los indignados seguidores senegaleses saltaron las barricadas y se colocaron en las posiciones de los fotógrafos detrás de una de las porterías, desde donde lanzaron sillas al campo y se enfrentaron a la seguridad antes de que llegara la policía.
Mientras tanto, los jugadores rivales se encararon en la línea de banda con Walid Regragui, el técnico de Marruecos, involucrado en la refriega, posiblemente para calmar las tensiones. Los ánimos también se encendieron en la tribuna de prensa.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, condenó las “escenas inaceptables” y criticó a los jugadores senegaleses por abandonar el campo después de que el árbitro pitara un penal a favor del combinado marroquí.
La gresca continuó incluso mientras se reanudaba el partido antes de que Brahim Díaz ejecutara una fallida definición a lo “Panenka”, picando el balón directamente al arquero. Pape Gueye anotó en el tiempo extra para que Senegal ganara 1-0.
La conferencia de prensa posterior al partido del entrenador de Senegal, Pape Thiaw, fue cancelada después de que llegara sonriendo listo para responder las preguntas de los periodistas marroquíes, luego de que ellos lo abuchearan.
Ausencia de control
Además de los fallos de seguridad que permitieron a los aficionados llegar al campo de juego, hubo otros incidentes que dejaron mal parado a Marruecos como anfitrión, incluyendo el tira y afloja constante con Yéhvann Diouf, el arquero suplente de Senegal al intentar evitar que los recogepelotas marroquíes robaran las toallas del titular Edouard Mendy durante el partido.
A Stanley Nwabali, guardameta de Nigeria, también le robaron su toalla antes de la tanda de penales contra los marroquíes en la semifinal.
Marruecos también pareció beneficiarse de un arbitraje favorable durante todo el torneo, mientras que su imagen como buen anfitrión se vio algo empañada por los ensordecedores silbidos que los equipos rivales enfrentaron por parte de los aficionados marroquíes en el Estadio Príncipe “Moulay Abdellah”, donde los locales jugaron todos sus partidos.
Antes de que se jugara la final, la Federación de Fútbol de Senegal condenó enérgicamente a las autoridades locales por el trato que recibió su equipo y también su delegación, a su llegada a Rabat para el partido.
Se alista para el futuro
Marruecos será coanfitrión principal del Mundial 2030 junto con España y Portugal, aunque el torneo arrancará con partidos en Argentina, Paraguay y Uruguay, como parte de la celebración del centenario del torneo.
Los marroquíes mantienen sus esperanzas de albergar la final en el Estadio “Hassan II”, actualmente en construcción, que se espera sea el estadio de fútbol más grande del mundo con una capacidad de 115 mil personas, con su finalización prevista en 2028.
Las conexiones ferroviarias que llevan a los aficionados de Rabat a los estadios en Tánger, Marrakech, Casablanca, Agadir y Fez son excelentes, mientras que la aplicación de boletos de la red ferroviaria nacional ONCF está disponible en varios idiomas como inglés, francés o árabe y es fácil de usar para los aficionados extranjeros.
Las autopistas entre las principales ciudades también son excelentes y fueron elogiadas por los periodistas que llegaron de otros países del continente.
Marruecos ya ha invertido mucho en infraestructura e instalaciones en su intento por convertirse en una superpotencia del fútbol, y aún no ha terminado.
En el terreno de juego, la selección marroquí buscará este verano repetir una actuación como la que tuvo hace cuatro años, en el Mundial de Qatar 2022, cuando llegó hasta las semifinales del torneo.— AP
