Locura deportiva e historia para Yucatán: Jesse Castillo cargado en hombros tras un jonrón memorable en la entrada 14, que les dio el cetro de la LMB a los Leones en la temporada 2026

Aún retumba en los oídos, y vive en el recuerdo de los aficionados, no solamente los yucatecos, el eco del batazo de Jesse Castillo que decidió, en la entrada 14, un partido que hizo a los Leones de Yucatán concretar una de las grandes hazañas de la historia de la Liga Mexicana.

¿Como la lograda en 1984? Ciertamente. Muchas similitudes en el equipo que Romeo Magaña Carrillo, con ayuda de Plinio Escalante Bolio, llevó al campeonato contra todo pronóstico, con el que Gustavo Ricadel Durán, con su pasión y su ímpetu, acabaron con los grandes del circuito de verano. Sueño de Ricalde Durán hecho realidad justo antes de su lamentable deceso: vio campeones a los chamacos que comenzaron su andar con la franela melenuda.

Los reyes de la selva no se coronaban desde 1984 y su primer cetro había sido conquistado en 1957.

Es la noche del domingo 27 de agosto de 2006. Una batalla típica de las épicas en que David vence a Goliat, pero era la tercera ocasión en un mes que los Leones estaban en ese papel.

Miguel Rubio sube a la loma para lanzar para la entrada 14 de un juego que ya llevaba casi seis horas de duración. Al bate, Jesse Castillo, entonces un jovencito que no tenía cabida ese año porque el titular de la antesala era Francisco Cervera (antes de lesionarse). El Parque Kukulcán estaba a reventar, a pesar del largo juego, entre bochornos y llovizna que cayó dos veces.

Castillo prende la pelota y, elevándola hacia su lado, la manda apenas para superar la barda chica del prado derecho, cerca del poste, haciendo vano el esfuerzo de Luis Carlos García por atraparla. Y explotó el estadio de la serpiente emplumada. ¡Yucatán es campeón!

Aún se cimbra el que escribe cuando escucha el audio del vídeo de ESPN narrado por Ernesto Jerez, que antes de la serie dijo que los Sultanes ganarían sin problema. Ese famoso “Sólido, conectando a lo profundoooo… no, no, no, no”, ya es parte de la cultura del triunfo del deporte yucateco.

Porque, revisando la historia de esa temporada, ganaron los Leones pese a calificar en cuarto sitio, con un equipo al que, su timonel, Lino Rivera, le exprimió todo lo que tenía cada uno de los jugadores. Era un róster de hombres, no de nombres, de peloteros hambrientos de gloria, contra una novena, los Sultanes, que, posición por posición, era una millonada en pesos y dólares, talento de Grandes Ligas, que quemó la Liga Mexicana en el rol regular. Y, decían Jerez y otros expertos, los Leones iban a ser presa fácil. El dinero no lo compra todo, como en 1984 cuando izaron las fieras su segundo banderín, con una novena llena de guerreros. El cuadro de los Leones era bueno, pero en crecimiento en su mayor parte. El tiempo lo dijo después con varios de sus integrantes brillando; pero el de los Sultanes impactaba. En el Juego 5, los Leones saltaron así: Pedro Castellano, primera; Oswaldo Morejón, segunda; Jesse, tercera; Luis Borges, short stop; Willie Romero en el izquierdo, Donzell McDonald en el central y Luis Arredondo en el derecho. En la receptoría iban alternados Héctor Castañeda con Said Gutiérrez, y en la rotación, Óscar Rivera, Salvador Arellano, Eduardo Salgado, William Vizcarra (los cuatro abridores de la serie). En los relevos, por mencionar, “Pitón” Flores, Oswaldo Verdugo, David Domínguez, Tomás Solís, Manuel Flores, dejando para el cierre a un épico José Vargas, que entregó el brazo, literal, lanzando cuatro episodios grandiosos. Lino Rivera cargó con la responsabilidad. Al menos dos veces iban a cortarle la cabeza, pero Ricalde Durán tuvo paciencia.

La historia ante los Sultanes, sin embargo, se escribió porque los Leones fueron valientes. Primero, confesó Lino, porque se la creyeron ellos mismos. “Les dije: Ustedes pueden ganar, si quieren”. Y ganaron.

Pusieron manos a la obra para hacer la hombrada de derribar a tres gigantes en fila (como en 1984). Nadie creía en ellos. Ellos, sí.

En primera ronda dejaron fuera a los Diablos Rojos, los punteros del Sur, ganando el juego siete en el Foro Sol, con una reacción inesperada ante Joakim Soria, una de las jóvenes figuras entonces de la Marabunta Roja. Después, a los Tigres de la Angelópolis, que un año antes habían sido sus verdugos en la final sureña, todo para llegar a la, dijeron todos, desigual batalla ante los Sultanes que sigue siendo una de las joyas en estos “Cien años del deporte en Yucatán”.

Fue la tercera estrella en la historia de los Leones, vista a nivel mundial por la televisión y con las redes sociales apenas naciendo. La fiesta de los yucatecos fue grande. Y sigue en el recuerdo.— Gaspar Silveira