La espada consagra a las grandes faenas.

Ayer, en la Plaza Mérida, el acero privó de triunfos importantes a Diego Silveti y Marco Pérez, en una corrida que tuvo sus detalles de interés y para considerar, entre todo lo que pudo representar ser la tarde celebrada por el aniversario del coso taurino más importante del centro del país hacia el Sur. Los de a pie se pudieron ir en hombros, pero en la suerte suprema se quedaron truncadas sus ilusiones.

A la mucha gente, se entiende por lo que se vio, no le gustó el cartel, o lo que pueda ser, y el aforo de esta tarde que, en el calendario taurino mexicano, ya está señalado con especial cariño y atención, fue poco más de la mitad del aforo, algo que no pasaba en los últimos aniversarios. Esa es una tarea para reflexionar. ¿Fueron los toreros? ¿Los toros? ¿La combinación en general?

Torear en el último domingo de enero en la Mérida es como hacerlo en un 5 de febrero en la Plaza México, un Domingo de Resurrección en Sevilla o una Beneficencia en Madrid. Sí señor. El que aparece allí debe tener méritos, argumentos, y mostrarlos también a la hora buena, no solamente tenerlos en el palmarés histórico. Como igual se debe cuidar el aspecto ganadero. El tercer astado fue pitado y abucheado con razones válidas. Infame para ser toreado en un coso como la Mérida, en una fecha como esta. Ya de por sí terminar sacando tres hierros distintos en una tarde de estas, no es algo bueno. ¿Dónde quedó la seriedad para permitir ese tercer astado?

El joven rejoneador Tarik Othón estaba salvando su tarde con una actuación que quedaba en buen ojo, alegre, porfiando. Pero todo lo que logró, sea así o asá, se fue al caño cuando el juez le concedió una oreja y le negó la segunda, creemos, correctamente. El público protestaba pidiendo un trofeo más, que no hubo. Y cuando Tarik recibió el apéndice, lo tiró al piso. Y allí comenzó su cuesta abajo. Al final, se fue entre abucheos. Ni Hermoso de Mendoza, ni otras grandes figuras consagradas habían faltado al respeto así al público. Si quiso ofender al usía, no lo logró. Pero sí lo hizo con quienes pidieron se le premie: los aficionados.

Silveti hizo una faena de gran mérito al segundo de la tarde. De clase, entonada, con un poso que solamente da la serenidad. Desde los lances de recibo, con elegancia. En “Silveti”, pellizcando algo de todos los que han sido toreros con ese apellido. Pero se confió en unas bernardinas sin ayudado y el toro le volteó aparatosamente. La caída fue violenta, y le pegó un puntazo en un glúteo que ameritó que, al escribir estas líneas, estuviera en el quirófano de la Clínica Mérida. Se mermó físicamente y se eternizó con la espada, perdiendo un trofeo, mínimo. Salió a lidiar a su segundo y volvió a verse en plan torero, profesional, de esos que gusta ver. Y esta vez sí acertó, dejando estocada honda al cuajar estocada recibiendo. La oreja fue justo premio.

A Marco Pérez, homenajeado con una placa por su indulto en la corrida inaugural, le tocó la hiel y la miel. El primero de su lote, protestado por anovillado, lo lidió bajo un concierto de chiflidos e insultos que hicieron que no sirviera de nada su esfuerzo, que sí lo tuvo.

Volteó la tortilla con el que cerró plaza, “Balam”. Sí, es joven, pero vaya que está maduro. Ya había demostrado con la faena a “Feliz Aniversario” en octubre pasado, que toreo y fondo, lo tiene a pesar de su edad. Ayer, con el mejor ejemplar de la tarde, se prodigó desde sus lances de capa, variado, emotivo. Con la muleta primero metió a la faena a un toro que parecía se rajaría. Esa fue una gran virtud: apretarle al toro. Lo demás, fue una obra muy bien cincelada, a ratos mimando al astado, a ratos mostrándole poder. Pero, como decían nuestros compañeros de barrera José Antonio Ceballos, Antonio Rivera y Juan Álvarez, tienes que saber medir y no pasarte de lidia. Eso fue lo que le ocurrió, quizá se tardó de más en irse con la espada. Y se eternizó pinchando, perdiendo uno o dos trofeos que se había ganado a ley. Al buen toro, del hierro de Caparica, de la familia Biescas, le premiaron con la vuelta al ruedo.

Y para cerrar… Qué buen puyazo de Guillermo Cobos al sexto, ante el que Héctor García saludó en el tercio tras un tercio de banderillas de mucha clase. Con el quinto, fue ovacionado Efrén Acosta al picar igual de buena forma. Los Forcados Amadores de México hicieron sendas pegas a los dos toros de rejones, una con Juan de Dios Corona y la otra con René Tirado dando la cara. También, acertado, muy superior con su primero, el puntillero, Fernando Ríos “El Marciano”, debutante en esta plaza. Emocionó tan solo verle encomendarse a los santos para su labor… La empresa Caparica Representaciones y la Peña “Tinto y Oro” develaron placas a Marco Pérez y al toro “Feliz Aniversario”, de Begoña, por el indulto del salmantino en octubre pasado… La empresa Caparica Representaciones presentó su siguiente cartel, de banderilleros, el 22 de febrero: el español Antonio Ferrera, el venezolano Jesús Enrique Colombo y el yucateco André Lagravere, “El Galo”, con toros de Pozo Hondo. Lidiará un novillo el joven caballista yucateco Rafael Ayala.— Gaspar Silveira

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