Es posible que el juego esté a la altura de las expectativas, porque el Super Bowl enfrenta a dos equipos completos, con historias poderosas y cuentas pendientes.
Drake Maye y los Patriotas de Nueva Inglaterra (17-3) se medirán el domingo a Sam Darnold y los Halcones Marinos de Seattle (16-3) en el Levi’s Stadium, casa de los 49’s de San Francisco. Será un duelo entre dos mariscales que representan caminos opuestos, pero convergen en el escenario más grande de la NFL.
Nueva Inglaterra busca un récord de liga con su séptimo Trofeo Lombardi, el primero sin Tom Brady y Bill Belichick.
Mike Vrabel, campeón tres veces como linebacker con los Patriotas, heredó un equipo que venía de una marca de 4-13 y lo transformó en contendiente al título en apenas dos temporadas.
Maye confirmó su ascenso en su sensacional segundo año, al convertirse en finalista a los premios Jugador Más Valioso y Jugador Ofensivo del Año de AP, guiando a los Patriotas a su duodécima aparición en un Super Bowl.
En los playoffs, la diferencia ha sido una defensa dominante, que ha limitado a sus rivales a apenas 8.7 puntos por partido.
Seattle llega con credenciales similares. Los Halcones Marinos tuvieron la defensa más férrea de la NFL, permitiendo solo 17.1 puntos por juego, con un núcleo encabezado por Leonard Williams, Ernest Jones IV y Devon Witherspoon. Pero la historia que ha capturado reflectores es el resurgimiento de Sam Darnold.
Seleccionado tercero global por los Jets en 2018, Darnold brilla ahora con su quinto equipo. Tras ganar 14 juegos con Minnesota en 2024 y ser dejado libre, se convirtió en el primer quarterback en liderar a dos equipos distintos a temporadas consecutivas de 14 victorias.
Ahora intenta llevar a Seattle a su segundo campeonato en la cuarta aparición de la franquicia en el Super Bowl.
El duelo también tiene sabor a revancha histórica. En 2015, los Patriotas vencieron 28-24 a los Halcones Marinos tras la recordada intercepción de Malcolm Butler a Russell Wilson en la yarda uno, uno de los finales más memorables en la historia del juego.
Darnold no es ajeno a la semana del Super Bowl. Hace dos años fue suplente de Brock Purdy cuando los 49’s cayeron ante Kansas City, experiencia que ahora vuelve a vivir como titular.
Solo después de todo eso, llegó la Noche de Apertura, que esta vez fue más sobria de lo habitual. El evento reunió en el Centro de Convenciones de San José a poco más de 5,000 aficionados, una cifra menor a ediciones recientes, y contó con unos 2,000 reporteros acreditados, lejos de los 6,000 que asistieron en Las Vegas hace dos años.
Hubo menos extravagancias y más calma. No aparecieron disfraces ni peticiones excéntricas, aunque el fútbol no fue el único tema. Maye habló sobre su esposa, Ann Michael Maye, y sus videos de repostería, mientras Vrabel bromeó con un reportero de Nickelodeon al colocarse una cadena de “slime” y elegir a Stefon Diggs como el jugador al que bañaría con esa sustancia.
Tras una hora de preguntas a los Patriotas, los Halcones Marinos tomaron el escenario en un evento que, con los años, ha evolucionado de una presentación diurna a un espectáculo televisivo en horario estelar. Más tranquilo esta vez, sí, pero con la promesa de que el domingo el ruido volverá a su máximo volumen.


