Andrés Roca Rey “tuvo suerte”, al decir del cirujano que le operó minutos después de la grave cornada del jueves en La Maestranza de Sevilla cuando entraba a matar al quinto toro de la tarde.
A pesar de la profundidad de la cornada —35 centímetros de trayectoria— y los destrozos musculares al girarlo en el aire, ya empitonado, el percance no afectó a las arterias y en la tarde de ayer ya había abandonado la Unidad de Cuidados Intensivos para recuperarse en una habitación de planta, en la que permanecerá “varios días”, según fuentes del Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz de Sevilla.
La vida de Andrés Roca Rey no corre peligro y se confirma, una vez más, la teoría de la “piel de torero” o una capacidad infrecuente de recuperación y resistencia al dolor.
La feria de abril de Sevilla, que finaliza el domingo, está siendo dramática. Mientras Roca Rey abandonaba la UCI, la otra máxima figura del toreo, Morante de la Puebla, era dado de alta en el mismo centro hospitalario privado de Sevilla, tras ser estabilizado después de otra dramática cornada sobre el albero sevillano, la tarde del lunes.
