Cosas que pasan
Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)
En este tiempo de silencio para los precandidatos que esperan ser candidatos a partir del 30 de marzo, independientemente de que harán reuniones con fines electorales en lugares donde no despierten sospechas, trabajarán con sus equipos para planear qué harán cuando empiecen las campañas autorizadas con reuniones “sesudas” para intercambiar ideas de qué objetos regalarán en sus actos proselitistas y podría ser que hablen de los discursos que utilizarán como estrategia ante los posibles electores.
Esto es lo que sucede usualmente, aunque hay honrosas excepciones. Se piensa más en lo que se cree que desean los campesinos en las comisarías que en estrategias que convenzan a quienes escuchan qué es bueno para su comunidad y creíble en cuanto a lo que se ofrece para mejorar de alguna forma la manera en que viven. Y esto no es exclusivo de algún partido político. Es lo común porque se ha utilizado el mismo método en las campañas electorales. En algunas ocasiones se ha dado prioridad a propuestas que mejoren la vida de los campesinos y se puede considerar que han sido garbanzos de a libra.
Es como una obligación o la oportunidad de no pensar demasiado el ofrecimiento de obras y proyectos factibles que cambien el libreto de las campañas y conviertan el tiempo autorizado para la consecución de votos en hablar de propuestas que actualicen la necesidad de quienes viven en el campo para superar el atraso que tienen y que no les permite avanzar en sus condiciones de vida. No se puede negar que hay electricidad, agua entubada o potable en algunos casos, caminos pavimentados o brechas para llevar sus cosechas a lugares más fáciles de transportar y otras mejoras que le sirven a los campesinos y que sus hijos ven como la oportunidad de aprovechar en el futuro.
La estrategia de quien quiere ser presidente municipal es ofrecer dinero, además de la acostumbrada compra del voto a algún campesino identificado como líder para que mantenga el nivel de pensamiento de sus compañeros y apoyen a quien les ofreció lo que no rechazan por la naturaleza de sus necesidades cotidianas, porque al campesino el candidato que le interesa y con quien quieren tratar sus asuntos es el candidato a presidente municipal.
En los eventos de campaña en las comisarías, quienes están presentes son los habitantes de la comunidad mayores de 30 ó 40 años. Los jóvenes permanecen a larga distancia en sus bicicletas y escuchando sin creer demasiado en todo lo que se dice, porque ellos no entran más que cuando se ofrece algo relacionado con el deporte.
Tuve la oportunidad de escuchar una interesante plática entre jóvenes campesinos que hablaban de lo difícil que es para ellos llegar a la universidad. Su visión está más allá de abandonar la escuela primaria o secundaria para trabajar el campo de manera tradicional. Ellos quieren estar preparados profesionalmente para hacer del campo una verdadera fuente de ingresos trabajando con tecnologías aprendidas en carreras universitarias. Y se preguntaban: “¿Cuántos de nosotros tenemos la oportunidad de ir a la universidad?”. Seguramente figura en censos realizados un porcentaje muy pequeño de jóvenes campesinos que asistan a las aulas de educación superior.
Es verdad que se han acercado esos niveles de estudio a cabeceras municipales donde los jóvenes campesinos pudieran asistir. Nada más hay que saber si tienen dónde estar, si pueden costearse su alimento diario, si están en posibilidades económicas de adquirir los libros necesarios y todo lo que implica una carrera de ese nivel. Los jóvenes campesinos no participan en política porque no hay nada atractivo que les haga apoyar de verdad al candidato que les hable de algo que les interese. Los candidatos hablan de lo que creen que les puede dar votos. Y esa es su finalidad a fin de cuentas. Pero creo que les iría mejor si hablaran de lo que los campesinos jóvenes quieren oír como propuesta real. Creen que con artículos deportivos, playeras, llaveritos y otras cosas sin importancia ya tienen a las comunidades de su parte. Eso no les interesa.
Las cosas han cambiado y los tiempos son otros. Hay que cambiar el discurso tradicional ya estereotipado por ofertas reales que den al campo las mismas oportunidades de quienes viven en la ciudad. Los votos dan triunfos, pero muchas veces para los políticos y no para los votantes. Allá ellos.— Tizimín, Yucatán
manuelantonio1109@hotmail.com
Cronista y exalcalde de Tizimín
