Mirada antropológica
Rodrigo Llanes Salazar (*)
No, Facebook no va a cerrar. Al menos no hay motivos financieros para hacerlo pronto. Apenas el año pasado, Mark Zuckerberg, el cofundador y director ejecutivo de Facebook, se ubicaba entre los cinco hombres más ricos del mundo en la lista de “Forbes” con una fortuna de más de 71.200 millones de dólares. Asimismo, esta red social tiene 2.1 mil millones de usuarios activos en todo el mundo (poco menos de la tercera parte de la población mundial).
Tampoco me estoy despidiendo de esta red social —como cuando muchos anuncian: “cerraré mi cuenta, seguimos en contacto por Whatsapp, correo electrónico, Twitter, Instagram, etc.” (generalmente estas personas retornan pronto a Facebook). Si me pregunto: “¿adiós, Facebook?”, es porque esta red social está atravesando profundos cambios que vale la pena detenerse a explorar, pues revelan muchas de las fantasías, ansiedades y miedos individuales y colectivos en la segunda década del siglo XXI. Hace poco más de un mes, Zuckerberg anunció que se pasará este año “limpiando” Facebook. ¿Limpiándola de qué? Básicamente, de noticias y publicidad. En cambio, dará prioridad a lo que comparten las amistades y los familiares de los usuarios, con el objetivo de que haya una mayor “interacción significativa” entre los usuarios o consumidores de la red social.
Desde luego, este anuncio de limpieza tiene lugar en medio de la incendiaria polémica en los Estados Unidos sobre la intervención rusa en las elecciones norteamericanas de 2016. De acuerdo con diversos análisis —incluyendo informes de Facebook—, empresas rusas saturaron redes sociales como Facebook y Twitter con “noticias falsas”. Se estima que en las elecciones de 2016, 126 millones de personas vieron publicaciones rusas en Facebook. Si bien un artículo reciente del politólogo Brendan Nyhan publicado en “The New York Times” estima que el efecto político de las noticias falsas es mucho menor del que generalmente se piensa (NYT, 16-2-19), lo que es cierto es que Facebook se ha convertido en la principal fuente de noticias —falsas o verdaderas— en el mundo. Y esto no es un asunto menor.
Aunque debemos preocuparnos por ellas, no creo que las noticias falsas que proliferan en Facebook y otras redes sociales sean una de las principales amenazas a la democracia de las que debamos ocuparnos. Está bien que Facebook desarrolle filtros para noticias falsas, como lo ha hecho en Alemania, en un contexto en el que la canciller Angela Merkel ha externado su preocupación por la posibilidad de que Rusia hackee procesos electorales (consternación que ha llegado a México y de la que se ha burlado “Andrés Manuelovich”). En cambio, el hecho de que Facebook se haya convertido en un verdadero monopolio de información sí debe alarmarnos. El año pasado, la agrupación de medios de comunicación de Estados Unidos, News Media Alliance, llamó la atención sobre el “duopolio” conformado por Facebook y Google, señalando que son estas dos empresas las que ahora dominan la difusión de noticias y publicidad de internet. A juicio de News Media Alliance, el duopolio ha obligado a los medios de comunicación a “jugar según sus reglas respecto a cómo se despliegan, jerarquizan y monetizan las noticias y la información” (“La Jornada”, 11-7-17). Esto ha provocado que medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, empresas y muchos otros colectivos dependan ahora de Facebook para alcanzar a sus audiencias.
La historia relatada por Stevan Dojciovic, editor en jefe de KIRK, un periódico independiente y crítico en Serbia, es particularmente ilustradora. En octubre del año pasado, Dojciovic se dio cuenta de que las historias de su periódico habían dejado de aparecer en Facebook. Esto se debió a que Serbia era uno de los países en los que Facebook estaba experimentando con un nuevo algoritmo con el cual las publicaciones de las “páginas”, como las de los medios de comunicación, se habían eliminado de la sección de noticias. De acuerdo con Dojciovic, “la mayoría de nuestros lectores iban a nuestro sitio a través de Facebook”. Y reconoce que “Nosotros, los periodistas, también tenemos algo de responsabilidad al respecto. Utilizar Facebook para llegar a nuestros lectores siempre ha sido conveniente, así que invertimos tiempo y esfuerzo para generar una presencia ahí, con lo que ayudamos a convertirlo en el monstruo que esa red es hoy en día. (…) Pero lo hecho, hecho está: una empresa privada, que no le rinde cuentas a nadie, se ha apoderado del ecosistema de medios del mundo” (NYT, 22-11-17).
Asimismo, Facebook no es solo la principal fuente de noticias del mundo, sino que también es una gigantesca empresa recolectora de datos. Facebook es atractiva para muchas empresas porque sabe quiénes son nuestros contactos, nuestro nivel de interacción con ellos, nuestras búsquedas e intereses. Curiosas aplicaciones, aparentemente gratis como “¿Cómo te verías siendo del sexo opuesto?” funcionan muy bien para la recolección de datos. Incluso, una exempleada de Facebook ha denunciado que Facebook le da “prioridad a la recolección de datos por encima de la protección de los usuarios” (NYT, 24-11-17). El portal MetaFilter lo ha expresado de manera elocuente: “Si no lo estás pagando, no eres el cliente: eres el producto que se vende”.
Todo esto nos lleva al viejo problema de en qué medida los gobiernos pueden y deben regular a los monopolios y a empresas que han emergido gracias a las innovaciones tecnológicas. No solo China bloquea a Facebook. Recientemente, países europeos como Alemania y Gran Bretaña han desarrollado interesantes reglas de privacidad para dicha red social y para eliminar los discursos de odio. O sus riquezas. Recordemos que Facebook estuvo involucrado en el escándalo de los “Papeles del Paraíso” sobre la evasión fiscal. Pero además de las consecuencias políticas, Zuckerberg es muy consciente de que la red social que creó junto con sus colegas de la Universidad de Harvard ha tenido efectos negativos en las personas, como estrés, depresión y adicción a los teléfonos.
El cofundador de Facebook ha expresado su deseo de que esta red social genere bienestar y, según el director de investigación de dicha empresa, esto se logra “cuando la gente se relaciona con personas cercanas, la interacción es más significativa, más satisfactoria”. Uno bien podría preguntarse: si lo que se busca es una interacción significativa y satisfactoria, ¿por qué no dejar la computadora, el teléfono y la tableta e ir a hablar con la persona más próxima?
Esta preocupación no es exclusiva de Zuckerberg. Varios ejecutivos e ingenieros de Sillicon Valley se han propuesto meditar sobre el impacto que sus empresas han tenido en el mundo. Algunos de ellos sugieren que nos conectemos menos a Internet y más a nuestra “Inner-net” (red interna). Todo lo cual nos lleva a una reflexión más profunda sobre el bienestar y nuestras formas de relacionarnos en la era digital.
Facebook ya no solo es una red social para contactar a amigos y familiares, la principal fuente de noticias en el mundo o una máquina generadora o reproductora de ansiedad y depresión. También es una de las principales empresas que está impulsando la investigación en torno a la inteligencia artificial.
¿Alguna vez se sorprendieron por el hecho de que Facebook reconociera su rostro o el de algún conocido en alguna foto publicada en la red social? Esto es posible gracias a las redes neurales profundas, algoritmos matemáticos que permiten a las máquinas aprender comportamientos al analizar una gran cantidad de datos. Gracias a las redes neurales es posible traducir de un idioma a otro de modo instantáneo en Skype.
En los próximos años la inteligencia artificial probablemente jugará un papel fundamental en la atención médica, la educación personalizada, el transporte (algunos especulan que pronto se cumplirán las fantasías futuristas de los Supersónicos de ver coches voladores sobre las calles), y en la comunicación instantánea. Particularmente, Facebook estima que la inteligencia artificial le permitirá a la gente escribir con la mente —sí, con la mente— y no sólo con el teclado de la computadora o del teléfono.
A pesar de todo, Facebook sigue muy viva. México es el quinto país con mayor número de usuarios de Facebook (83 millones de usuarios). Según datos del Gabinete de Comunicación Estratégica de 2015, el 78% de los yucatecos conectados a internet usan Facebook. Y, por mucho, Facebook sigue siendo la red social más popular entre los yucatecos: el 99% de los usuarios de redes sociales en Yucatán se conectan a Facebook, mientras que sólo el 28% utiliza Instagram y un 27% usa Twitter (DdeY, 7-8-17).
O tal vez sí, adiós, Facebook. Cada vez más jóvenes se aburren en esta red social y prefieren las fotos con filtros y las historias de vídeo de Instagram (que también es propiedad de Facebook).
En su libro de 2011 sobre la red social en Trinidad y Tobago (“Tales from Facebook”), el antropólogo Daniel Miller escribió que “ya no hay tal cosa como Facebook”. Miller se refería a que en Trinidad, como en todo el mundo, Facebook se ha convertido en muchas otras cosas. Así, tal vez sí podamos decir adiós a Facebook como la red social que conectaba amigos, familiares y conocidos. Pero seguramente en los próximos años Facebook no solo será fuente de noticias, recolectora de datos; generadora de depresión, estrés y adicciones e impulsora de la inteligencia artificial. Muy probablemente saludaremos, con entusiasmo y angustia, otras formas de Facebook.
rodrigo.llanes.s@gmail.com
@RodLlanes
Investigador del Cephcis-UNAM
