De sacrificios, arrepentimientos y traiciones
Rubí Briceño Correa (*)
Cuánta similitud podemos encontrar los creyentes entre la pasión y muerte de Jesucristo y los tiempos electorales… Los sacrificios, arrepentimientos y traiciones están presentes en ambos y las coincidencias son muchas más de las que se ven a simple vista.
En los dos ámbitos encontramos sacrificios, de esos que se dan de manera espontánea porque se considera contar con los elementos necesarios para ayudar a la humanidad, o de los casi obligados donde alguien más decide a quién le toca cargar la cruz en la que tristemente más tarde podría resultar crucificado por los pecados de otros.
En el trayecto o viacrucis electoral, la multitud que en un principio suele acompañar a quien soporta el peso del madero va mermando conforme son más fuertes y constantes los latigazos que lo debilitan y hacen sangrar. Sin embargo, el flagelo también puede mover a la reflexión y al arrepentimiento a muchos espectadores que caen en la cuenta de que el castigo debería ser compartido, dado que la apatía, la indiferencia y la inacción, quizás las propias, contribuyeron a la situación que hoy se reprocha e intenta cobrar solo a unos cuantos.
Si una vez más decidimos mirar desde la baranda y hasta alentar los castigos sin atrevernos a participar, aportar ideas y buscar incidir para que el sacrificio sea conjunto y valga la pena, la historia se repetirá infinita e inútilmente como la de la crucifixión de Jesús que, si bien la revivimos año tras año, aún no logra mitigar los tantísimos pecados de quienes poblamos el mundo.
Siguiendo con la metáfora de la Cuaresma que culmina con la Resurrección, en los tres meses de viacrucis que ahora inician los candidatos a gobernar, serán 90 y no solo 40 los días para hacer las 14 estaciones obligatorias en los problemas más urgentes de atender en las comunidades, como la salud física y mental, alimentación, educación, cuidado del medio ambiente, igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, movilidad urbana, empleo, seguridad, transparencia, participación ciudadana en la toma de decisiones, inclusión, respeto a la diversidad y accesibilidad universal. Y en cada parada reflexiva pedir a la ciudadanía que se sume a la tarea de análisis y planeación para que, cual oración multitudinaria y ferviente, se traduzca en acciones efectivas que representen un cambio real y tangible en la calidad de vida.
Cada tres o seis años seguirán siendo muchos los que levanten la mano para intentar cargar la cruz de la administración pública a cuestas, tampoco serán pocos los sacrificados, arrepentidos, traicionados y traidores en esta historia que seguirá pareciendo repetitiva y absurda, hasta que cada ciudadano decida asumir el papel activo que le corresponde y verdaderamente acompañe y apoye a los valientes dispuestos a soportar y transformar el flagelo de la crítica y la adversidad en oportunidades para lograr un mejor entorno donde vivir en sociedad. ¡Seamos menos los verdugos y más los dispuestos a ayudar a cargar la cruz!— Mérida, Yucatán.
rubialejandrab@yahoo.com.mx
Psicóloga y periodista
En el trayecto o viacrucis electoral, la multitud que en un principio suele acompañar a quien soporta el peso del madero va mermando conforme son más fuertes y constantes los latigazos…
