Editorial

Janal Pixán y halloween

Macedonio Martín Hu (*)

Desde los albores de la humanidad, antes del esplendor alcanzado por los fenicios, pueblo audaz, excelso marinero y prominente mercader de la antigüedad, el intercambio de productos ya se había constituido en una de las actividades de mayor trascendencia de esa época.

En los hechos, el impacto de la economía está presente en la vida social y en el desarrollo socio-cultural de todas las comunidades del mundo entero, por lo tanto, el comercio es uno de los puntales de la economía.

A partir de esa lógica, se enfatiza la trascendencia que tiene el comercio en la vida de las comunidades, vida que está supeditada a las leyes del mercado. A todos consta que los graves conflictos sociales, políticos y las guerras más cruentas, han tenido su justificación en la economía.

Aunado al tema de la economía, elemento que da sustento a los sistemas sociales de cualquier índole, se presentan algunos valores y prácticas culturales de nuestros pueblos, como los elementos más significativos para la construcción de nuestras identidades. En ese contexto, en estos días, en todas las comunidades de nuestro país y toda América Latina, se practica con respeto y devoción un valor de gran significación: la celebración del Día de los Muertos.

En el caso de la Península de Yucatán, ese valor cultural ancestral consiste en revivir nuestra cultura al honrar a los espíritus de nuestros antepasados con el Janal Pixán o comida de los espíritus. La ceremonia se realiza por la creencia de que en estos días: 31 de octubre y 1 de noviembre, los espíritus o almas de nuestros muertos regresan a visitar sus hogares. Desde antaño se mantiene la creencia que cuando una persona muere, su espíritu viaja a otro espacio, entre los mayas sería al Xibalbá o inframundo.

Para recibir ceremoniosamente a los espíritus, sus familiares preparan con esmero y respeto el escenario donde se instalará el altar del Janal Pixán. Todo se inicia con la limpieza del hogar, luego se procede a la preparación de los alimentos para los espíritus de los niños y de los adultos.

En estas tierras, persiste la creencia en la existencia del espíritu o alma, así lo señala el Obispo Fray Diego de Landa, en la “Relación de las cosas de Yucatán”, obra que escribió el evangelizador español antes de su muerte en 1579: “Que esta gente ha creído siempre en las inmortalidad del alma, más que otras muchas naciones aunque no haya sido de tanta policía, porque creían que después de la muerte había otra vida más excelente de la cual gozaba el alma en apartándose del alma”.

Con esa creencia los mayas antiguos propusieron la ceremonia del Janal Pixán, que aún se practica en todas las comunidades de la península yucateca.

A diferencia del Janal Pixán, que es una ceremonia que se practica con solemnidad, el halloween, conocido también como el Día de los Brujos, es una celebración popular del culto a los muertos, y es una tradición de los pueblos anglosajones. En términos literarios, halloween, significa en vísperas de todos los muertos.

La fiesta de halloween se realiza la noche del 31 de octubre; se sabe que esa práctica cultural tiene su origen en Irlanda. Los celtas realizaban esa ceremonia para anunciar el fin de la temporada de las cosechas. Con el paso de los años esa festividad llegó al Reino Unido, de allí a los Estados Unidos de América. En nuestro caso, con la migración al país del norte, el halloween llegó a México y se popularizó en los pueblos de América Latina. Con la celebración del halloween con disfraces “tenebrosos” la creencia es que se repelen a los espíritus malignos que en estos días visitan los hogares.

Para la celebración se decoran los salones con símbolos: calabazas con lumbre en su interior, gatos negros, fantasmas, telarañas, calaveras y los participantes se disfrazan y bailan con música estridente.

Respecto al tema de este artículo, entre los valores intrínsecos de nuestra cultura, la esencia del simbolismo místico del Janal Pixán y el halloween existe una gran diferencia. Por respeto a los principios de la interculturalidad tanto el Janal Pixán como el halloween, merecen el reconocimiento de todos, porque son valores culturales muy respetables y se originan desde épocas remotas.

En nuestro caso, en las escuelas de Yucatán, las niñas, niños y jóvenes deberían conocer y practicar los valores culturales heredados de nuestros ancestros, aprender sus significados para fortalecerlos y preservarlos. Hay que tener el cuidado de no caer en el juego de los comerciantes, que, en aras de la promoción de sus ventas, nos hacen creer que el halloween está ganando terreno al Janal Pixán. Para nada, una vez más, muchas familias yucatecas prepararon el Janal Pixán para recibir el espíritu de sus muertos.— Mérida, Yucatán

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional

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