Pie de foto

Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Nos encaminamos hacia el noreste de Ainón. El clima matinal en el valle de Zor era templado. Conforme avanzábamos la temperatura y la humedad incrementaban. Un hermoso paisaje, querido lector, apareció a mi vista.

Sauces danzando al ritmo de los vientos y espigados álamos como queriendo sumergirse en la vaguada del Yarden.

¿A dónde nos dirigimos? Pregunté.

Hacia Betábara, al otro lado del Yarden, contestó el profeta. Este mismo camino —continuó hablando— lo recorrí varias ocasiones rumbo a Gadara, en la región de Decápolis, donde mi padre tenía amigos prosélitos.

Y mirando este mismo paisaje, mi avisado amigo, recién cumplidos mis 11 años, mi padre me dijo claramente:

“Querido hijo, HaShem te ha separado para Él; desde el vientre de tu madre te consagró Nazir”.

“Tu madre y yo, después de insistente oración en presencia del altísimo, pensamos que será apropiado que tomes el voto de nazareo”.

Unido a Nazir

Numerosas ocasiones mis padres me habían hablado de los Nazir.

Mis referencias más claras eran Sansón, Yehoshúa y Elías el profeta, a quienes conocía y admiraba.

Asentando la fuerza de sus manos sobre mis hombros y con clara mirada, mi padre me preguntó:

“¿Aceptas consagrarte a HaShem como Nazir?”

De mis padres aprendí que los pensamientos y afectos de un consagrado son inspirados y guiados por el altísimo.

De lo que no tenía idea, querido lector, era cuál sería la misión reservada para mí. Sin embargo, contesté:

“Hágase en mí, según su designio”.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06.

@delosabuelos

Antonio Alonzo

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán