Más allá del discurso y los anuncios oficiales
Finalmente, después de una larga espera, veremos que se realice el Tianguis Turístico de México en tierras yucatecas. Es justo que las personas externas al sector conozcan detalles que permitan dimensionar la importancia del acontecimiento.
El Tianguis nació en 1975, durante el sexenio de Luis Echeverría Alvarez siendo Miguel Alemán Valdés presidente del entonces Consejo Nacional de Turismo. Concebido como Feria Internacional de Hoteles y Agencias Turísticas de Acapulco, se consolida en 1976 como Tianguis Turístico de Acapulco. En 2011, la crisis generada por la inseguridad ocasionó el deterioro de la alguna vez icónica imagen de Acapulco. Fue entonces que el hoy extinto Consejo de Promoción Turística decide convertirlo en un evento itinerante.
Ante la pérdida que representaba para Acapulco dejar ir lo que durante años fue importante detonador de su economía, se concede que regrese a Guerrero cada segundo año.
Yucatán intenta traerlo a Mérida por vez primera el 2016, pero en aquella ocasión Guadalajara consiguió la sede. En 2018, aún en tiempos de la pasada administración y a solicitud expresa del sector empresarial, con José Manuel López Campos al frente de la Concanaco, Michelle Salum Francis, en la Canaco Servytur Mérida y con el apoyo de todo el CCE, se insiste en postular nuevamente a Mérida y se ingresan las cartas de intención.
El gobierno de Mauricio Vila, con Michelle Fridman al frente de la Sefotur, da seguimiento y consolida las gestiones a través de la relación cercana con el titular de la Sectur, Miguel Torruco Marqués, concretando la designación de Mérida como sede del evento para 2020. Sin embargo, la pandemia obliga a posponer hasta este año.
Con el objetivo de acercar la oferta turística de todo México a compradores de servicios turísticos nacionales e internacionales, más que en un lugar para el cierre de negocios, es un evento de promoción de servicios en el que las relaciones públicas juegan un papel importantísimo para la prospección de transacciones cara a cara, en una actualidad en la que la investigación sobre un destino y el contacto entre partes ya se llevan al cabo a través de las herramientas digitales de manera cotidiana.
Es decir, para el sector turístico, es todavía relevante el contacto cercano y personal para formalizar las intenciones de cerrar tratos.
¿Qué puede entonces hacer notable la gestión de un gobierno específico en un evento con tanta tradición en un destino turístico consolidado como lo es Yucatán? ¿Cuáles son los retos con los que el gobierno actual se quedará una vez concluido el evento?
A corto plazo, el primer desafío para la Sectur y la Sefotur será cumplir con las expectativas no sólo en cuanto a la cantidad sino también la calidad de los compradores que asistan. Este aspecto, más allá de las declaraciones oficiales que desde ya lo proclaman un éxito por contar con 1,390 compradores confirmados, sólo podrán valorarlo los prestadores nacionales de servicios, más allá de lo cuantitativo.
Ahora bien, el Tianguis en sí es un gran evento de turismo de reuniones con impacto mundial que traerá con sus 3 o 4 mil visitantes una importante derrama para el estado. Esto acarrea consigo un beneficio económico inmediato para la sede, que aunado a la posibilidad de que los visitantes experimenten de primera mano los atractivos del destino asegura beneficios a mediano plazo, como sucedió en Puebla, donde el Tianguis realizado en 2013 detonó de manera definitiva el turismo de esa ciudad.
A largo plazo los beneficios son más complejos de obtener. Darle sustancia a la parafernalia y la atención generada a partir de este relumbrante acontecimiento debe pasar de la promoción a la construcción de políticas públicas sólidas que sostengan el cascarón que se ha montado y pulido alienando con bastante frecuencia a los yucatecos de las estrategias de difusión de su propio estado y transfigurando su cultura.
La promoción debe cimentarse en la visibilidad a proyectos y programas de mucho fondo para generar beneficios que logren descender desde la punta de la pirámide de la riqueza hasta la base y ser palpables para todos, y no sólo para unos pocos, generando también cohesión social.
Realmente esperamos ver un antes y un después, especialmente cuando la economía en general se encuentra en franca recuperación, pero entristece, por ejemplo, el abandono del patrimonio edificado del estado bajo resguardo del ejecutivo estatal que no fue considerado para ningún tipo de inversión previa al evento.
¿Traeremos el turismo que se espera a visitar un teatro Peón Contreras en franco deterioro? Tal vez también la estrategia del gobierno debe experimentar este antes y después del Tianguis y considerar que, pasado el tan cacareado evento, queda mirar a la construcción de políticas más sólidas, auténticas y transversales que reconozcan que las razones de orgullo para los ciudadanos y para quienes dirigen los programas de promoción turística deberían ser siempre las mismas.—Mérida, Yucatán.
erica.millet@gmail.com
Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado
