Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ese es su arte —Doménico Cieri

Vivimos en un mundo ilógico, confuso, polarizado y que, muchas veces, duele.

Sin embargo, la vida se abre a cada minuto con infinitas posibilidades de hacer cambios, de hallar paz, cordura y hasta felicidad.

Quizás en eso radica su belleza y, también, en esa maravillosa combinación entre voluntad y destino que vamos descubriendo que existe conforme más años cumplimos.

Cada día es una oportunidad para celebrar la vida, sin embargo, el cumpleaños es la ocasión especial para hacer un inventario personal de experiencias donde podemos hablar de la vida en su significado más amplio: lo que nos mueve, nos duele, nos paraliza, nos apasiona, nos hace felices y le da sentido a nuestra existencia.

Los cumpleaños son un día especial. Es la conmemoración del día que respiramos por primera vez y que elegimos hacer el más largo de los recorridos: descubrir quiénes somos. El cumpleaños es una vuelta más al sol, representa un triunfo por lo vivido y una oportunidad para lo que falta por vivir.

Quiero las arrugas de una avanzada vejez, y la saciedad y el cansancio de haber caminado por mucho tiempo y muchos lugares. No tengo miedo a la muerte, pero si llegara antes de lo deseado tengo mucho qué agradecer.

He tenido el privilegio de aprender muchas cosas y de compartir con otros lo que he aprendido. He conocido el mundo en pequeñas cápsulas y me he maravillado con lo diferente.

Me he mantenido expectante frente a la vida y he sabido apreciar con una mirada fresca los corazones y los lugares donde he estado.

He sido bendecida con una hija que me inspira a amar, de la única forma que creo que es posible amar: en la aceptación de nuestra totalidad. Aprendí a honrar a mis padres porque no pude haber tenido unos mejores.

Tuve amores breves y amores memorables, supe lo que es un corazón roto, y también que nunca nadie llega por error. Así, hoy gozo de un amor que construye, que se rehúsa a sufrir y que refleja mi aprendizaje. Un amor que no se afana, que se procura en el eterno aquí y ahora.

La vida ya no es lo que sucede afuera sino lo que llevo dentro. Es una elección continua, principalmente de lo que quiero para mi y para otros. Por eso, procuro elegir con amor, y cuando no es así, procuro elegir de nuevo.

He vivido los altibajos propios de la existencia, con importantes conquistas y grandes reveses. He sido provista de una fortaleza interna que no me ha dejado abatirme. He tenido algunos miedos y una gran dosis de valentía, así que he sabido correr riesgos y sortear la incertidumbre. La vida me ha tratado bien, aun las veces cuando pensé que no.

Sí, los cumpleaños hay que celebrarlos, porque lo que se celebra es La Vida.— Mérida, Yucatán.

gabrielasoberanismadrid@gmail.com

Consultor empresarial, coach profesional y escritora

 

 

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