Voy a echar una siesta. La verdad, no sé por qué me dio por escribir sobre este tema, ¿será que ya me cansé de escuchar tantas mentiras que nos receta el gran tlatoani, que bien merecemos un descanso?

Hacer un alto para dormir un rato y enfrentar lo que sigue en el resto del día, es una buena costumbre para asentar nuestras ideas y recuperar el ánimo, bueno, eso dicen, yo no acostumbro echarme una siestecita a pesar de que a veces el sueño se manifiesta después de la comida.

La curiosa palabra que califica el acto de hacer una pausa para dormir a mitad del día viene del latín sexta, tomado como una referencia de la sexta hora del día, ya que los romanos lo dividían en cuadrantes de 6 horas cada uno y por lo regular hacían un alto para dormir a las 12 del día.

Los españoles son siesteros

Hay países como España donde la siesta es una de las tradiciones por excelencia; dormir veinte minutos a las 2 de la tarde después del almuerzo, es algo que la mayoría de los españoles no perdonan. Es común en Filipinas, Argentina, Italia, Grecia, Ecuador, China, Japón, países medio oriente y muchos más, y en otros donde no es muy generalizada la costumbre como México, Chile, y algunos europeos. Sin embargo, el confinamiento por la pandemia obligó a una mayoría a dormir hasta dos horas en el día.

Los españoles dicen que la siesta es ante todo una pausa que uno elige tomar. Una interrupción placentera que revitaliza para seguir trabajando. Hay muchos detractores de este hábito y la moción queda muy dividida entre quienes dicen que no es bueno dormir la siesta porque produce insomnio o que afecta a la salud y provoca un aumento de peso.

La siesta ha sido asociada con la pereza, la vagancia y las ganas de no hacer nada, aunque en  años recientes ha sido considerada como un imperativo de la industria del bienestar.

Roger Federer, Cristiano Ronaldo, Usain Bolt y un sin fin de jugadores de la NBA sustentan que su buen desempeño en el deporte se debe a que se echan una siesta diaria.

La siesta es buena para la salud

Recientes estudios han dado a conocer que la siesta mejora el rendimiento físico, activa la memoria y el estado anímico de las personas, así como la reparación de la fatiga diaria. El especialista del sueño Matthew Walker dice que estamos programados para dormir la siesta, cuestión que avala la Clínica del Sueño Estivill en Barcelona, corroborando que el cerebro está programado para tener dos períodos de sueño en 24 horas, de ahí se desprende que la siesta es por naturaleza un proceso benéfico a favor de nuestro reloj biológico.

Algunas empresas han incluido la siesta como un disparador de la productividad con tan solo treinta minutos diarios después de la comida. Estamos hablando de empresas como Google y Huawei entre otras, que han visto resultados muy positivos llamándolas siestas energéticas (power naps) para reiniciar el organismo, cargar la pila de los trabajadores y continuar la jornada laboral. En pocas palabras, dormir la siesta no es tiempo perdido, sino un tiempo previsto para ser más productivo.

La reflexión que hago respecto al grado de comercialización de la siesta como una herramienta más de producción, nos ha apartado del lado hedonista y como dice Miguel Angel Hernández en su ensayo sobre la siesta. “Donde quedó la siesta de la baba que escurre, la de barriga de fuera, la siesta de sudor y ventilador, la de olor a sobaco que nos conecta con el cuerpo real, la siesta como un acto de abandono, no la siesta healthy del imperativo del bienestar”. Es un enfoque interesante el que plantea este profesor español, estudioso del sueño y la siesta.

Máximo 30 minutos de siesta

El Dr. Eduard Estivill Sancho nos recuerda que la siesta no es un sustituto del sueño nocturno y que solo bastan 20 ó 30 minutos como máximo para no caer en un sueño profundo que alteraría el ciclo circadiano que controla al organismo para dormir y despertar.

Por otro lado, sin tomar ningún partido, la universidad de Harvard estudió las consecuencias de dejar de dormir la siesta en un protocolo que llevó al cabo durante seis años y los que abandonaron el hábito al tercer año, elevaron su riesgo de muerte en un 37% .

Tengo amigos y familiares que acostumbran la siesta después de comer, y creo que no les ha caído nada mal un sueñito de 20 minutos, aunque a veces se lo toman muy en serio y se prolonga más de una hora.

Hace diez años que vengo a Mérida y recuerdo que algunos locales comerciales del centro cerraban a la hora del almuerzo, cuando pregunté por qué cerraban casi dos horas, me respondieron que era para comer y dormir una siesta. Lo mismo me pasó en Oaxaca, Zacatecas y en otras ciudades que hoy en día han ido perdiendo esa costumbre.

Yo creo que la siesta es un buen hábito, nos pone un alto para evitar que el tiempo nos devore, para evadirnos del mundanal ruido, para convivir con nuestro interior, la siesta es como fugarnos para encontrar un refugio; luego entonces, necesito detener el tiempo con una siesta que me reclama un alto a mis actividades… discúlpenme, pero voy a ver qué se siente echarse una siesta.— Mérida, Yucatán  25 de julio de 2022  Twitter@ydesdelabarrera

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