El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: Algo en qué pensar

De repente, veo las gotas de sangre en el suelo y el lloriqueo de la “Chapis”. Se cortó las venas en pleno examen
lunes, 25 de abril de 2022 · 00:10

Algo en qué pensar. La semana de descanso que pasó trajo a mi memoria un sin fin de recuerdos que van desde lo sublime a lo ridículo.

Pero no deja de ser inspirador recordar tiempos que definitivamente fueron mejores en todos los sentidos; se podía viajar en camión sin pensar en un asalto, ir a una fiesta que no terminara con algún muerto, salir libremente a un parque con los hijos para andar en bicicleta, con un peso en la bolsa hacías maravillas, se podía jugar en la calle sin la preocupación de un secuestro, había trabajo para la gente y no faltaba quién quisiera ayudarte en lo que necesitaras.

Conforme vas adentrándote a la mayoría de edad ves cómo el entorno sufre una metamorfosis con la que comienzan los problemas y hay que inventar la manera de sortearlos, sean negativos o positivos, se atoran en la memoria y de vez en cuando hay que sacarlos a la luz para que la catarsis te dé un respiro y puedas seguir por la vida.

Botas Tempac tipo militar, uniforme de caqui color beige con corbata y quepí. Parado con el grupo en el patio de la escuela secundaría para cantar el Himno Nacional como todos los lunes antes de entrar a clases.

Una brisa mañanera resoplaba en mi cara con la vista en la tela tricolor con el águila real en el centro. Se izaba la bandera en ese mástil oxidado. Se escuchaba el rechinido de la polea al dar vueltas para elevarla teniendo como fondo un cielo azul celeste.

Yo no escogí estudiar en esa escuela semi militarizada, pero mi padre, como buen militar, dijo que recibiría una adecuada instrucción si más adelante mis aspiraciones académicas me llevaban al Colegio Militar, cosa que nunca pasó por mi cabeza.

Tlacoyos fiados

La una con treinta minutos y ya estaba sentado en el mercadito a un costado de la Villa de Guadalupe y frente a la escuela con mis inseparables amigos Severiano, Trueba y Melin, dispuestos a comernos unos tlacoyos de frijol con un tepache bien frio. La seño del puesto siempre me fiaba los tlacoyos cuando no me quedaba dinero y además tenía que emprender la caminata  hasta mi casa, una hora a paso medio.

Mis cuates jugaban en la liga juvenil de la colonia Industrial en el equipo Aztlán de futbol americano, equipo en el que también jugó el Loco Valdez.

El mural efímero de José Luis Cuevas

Era 1967, llevaba casi una hora viendo a José Luis Cuevas pintar su mural efímero en el costado de un edificio en la calle de Génova en la Zona Rosa para hacerse publicidad y demostrar que no era un simple monero.

Me gustaba verlo cuando salía de mi clase de inglés en Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales en la calle de Hamburgo en la misma zona. Una loquera lo que “pintaba” pero atraía mucha gente.

Un día mi maestro de cine Jomi García Ascot, después de comentarle lo del mural, se rió de buena gana y me invitó a tomar un café al Perro Andaluz donde se reunía Cuevas con otros intelectuales y para mi sorpresa ahí conocí a Carlos Monsiváis, Alberto Isaac, Emilio García Riera, Carlos Fuentes y desde luego a José Luis Cuevas. Hablaron y tomaron de todo, fue una tarde inolvidable, de esas que se te quedan para contar lo que se dijo, desde política, cine, mujeres y más.

Día del examen de mercadotecnia con el maestro Armando Malo (director de mercadotecnia de Pepsico). En el pupitre de enfrente, mi compañera la “Chapis” una chaparrita con cara de muñeca, exnovia de un compañero que no le hizo mucho caso. De repente, veo unas gotas de sangre en el suelo y el lloriqueo de la “Chapis”. Se cortó las venas en pleno examen. Fue un caos, gritos de: “pidan una ambulancia”, “háganle un torniquete”, “un médico por favor”, “auxilio”, “avisen a la dirección”. El dramático episodio termino con la reconciliación con su novio y una nueva fecha para el examen.

Mi maestro Mariano Azuela Güitrón

Recuerdo con agrado al licenciado Mariano Azuela Güitrón,  presidente de la Suprema Corte de Justicia de 2003 a 2007, hoy en retiro, que me dio clases en la prepa en una materia optativa denominada Problemas Sociales de México. Mi relación con él fue muy cordial,  ya que se enteró que mi padre había estado en el Escuadrón 201 y me pidió como examen final un trabajo con la narrativa de la participación de México en la Segunda Guerra Mundial, haciendo énfasis en el Escuadrón 201. Le hice el trabajo y recibí su felicitación con una mención especial.

Dista mucho de lo que hoy representa el presidente de la Suprema Corte, señalado como sumiso e incondicional a López Obrador. Es para dar pena la gestión del señor Arturo Saldívar. El fondo de este asunto saldrá a la luz, que por desgracia ya manchó la trayectoria de este magistrado.

Démosle un repaso a nuestras vivencias ya que representan la fuerza que hemos tenido para sobrellevar los años y enfrentar las decisiones. La realidad que vivimos hoy en día nos da mucho en qué pensar.— Mérida, Yucatán,  25 de abril de 2022  Twitter: @ydesdelabarrera

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