El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: Las vacaciones

La obligatoriedad de las vacaciones es dedicarle tiempo a uno mismo
lunes, 18 de abril de 2022 · 00:15

Las vacaciones. Una petaquita gris con una calcomanía del logotipo de  los Indios de Cleveland era mi acompañante para guardar algunos menesteres cuando salíamos de vacaciones.

La bolsa de Sabritas era la más localizable al meter la mano para mitigar el hambre del viaje. Mi traje de baño, el visor para usarlo en la alberca o en el mar, mis sandalias y un estuche para mis lentes, porque a mis 9 años ya usaba lentes, los que perdía o rompía con cierta frecuencia, acto que quedaba sujeto a un regaño y castigo  de mi madre.

…y nos fuimos a Veracruz

Listos para abordar el camión escolar  que manejaba el primo de mi papá y hacer el viaje a Veracruz en esa calurosa Semana Santa.

Me esperaban seis días de los cuales iba a disfrutar con la compañía de mi amigo Pepe al que regularmente invitábamos. El grupo que organizaba las vacaciones eran amigos de mi papá.  Mis hermanos nunca quisieron acompañarnos porque no encajaba esa diversión con sus planes: mi hermano Luis tenía 19 años y la verdad no le interesaba hacer ningún viaje; mi hermano Gonzalo tenía 21, y mi hermana Guadalupe ya casada. Yo fui el comodín de la familia, con el que jalaban mis papás para todos lados.

Particularmente recuerdo esas vacaciones porque el sol se mostró inclemente conmigo; por aquellos años el uso de algún bloqueador solar no era muy común y mi color leche se convirtió en un rojo encendido que ardía al mínimo roce.

–Ponte esta camiseta y no te la quites cuando estés en el sol –dijo mi madre con un tono autoritario y preocupada de verme como camarón.

San Juan de Ulúa y Chucho el Roto

Qué grato es recordar esa vacación. El barquito que nos llevó en aquel entonces a la isla de San Juan de Ulúa, una fortificación que data del siglo XVI construida para la defensa del puerto del ataque de los piratas. En la época porfirista sirvió como prisión y tuvo como prisionero al famoso Chucho el Roto que se escapó varias veces de sus calabozos.

Con mucha atención escuchábamos lo que el guía contaba de la historia del lugar, y al entrar a la celda de Chucho el Roto sentí como si algo me transportara a los hechos que ese histórico personaje vivió en un calabozo sucio, humillante y olvidado de todo, donde la tortura de los presos se vivía con intensidad.

El guía se tomó unos minutos para contar cómo logró escapar nadando y evadir el asedió de los tiburones. Era tal su emoción al contarlo que por muchos años invadió mi imaginación y despertó mi interés por leer algunos libros de este bandolero cuyo nombre era Jesús Arriaga  y  fue considerado como el paladín de los pobres o el Robin Hood mexicano. Vale la pena leer su historia.

Las 7 de la noche y todos listos para ir a cenar a la Parroquia, frente a la Catedral, en los portales. Me esperaban unos frijoles refritos con un pan y un café con leche o lechero como le llaman.

Mocambo aguardaba al día siguiente para jugar un rato en la arena, meternos al mar y después a la alberca del hotel del mismo nombre. Terminamos el día cansados y así, después de 6 días, se gastó la vacación en La Villa Rica de la Veracruz como la llamó Hernán Cortés en 1519. 

¿Cómo vacacionar?

Las vacaciones hoy día pueden ser en un destino playero, visitar un pueblo mágico, hacer un viaje a otro país, si se es joven ir de mochilero, o simplemente quedarse en casa, descansar o leer algún libro interesante. Disfrutar de una ciudad sin tantos autos, sin tanto bullicio.

Semana Santa siempre se complica para mucha gente. Filas para el buffet del hotel, recamareras que tardan en hacer el cuarto, perseguir un camastro, albercas llenas, comidas y tragos caros. Enfrentar esto hace de la vacación un vía crucis a menos que el destino sea un resort muy exclusivo.

La obligatoriedad de las vacaciones es dedicarle tiempo a uno mismo, tiempo para pensar y reflexionar lo que hemos hecho y cómo podemos componer las desviaciones de carácter, como anticipar un desajuste en nuestra economía personal y elaborar un plan B. Es un tiempo que debemos tomar sin pensar en el teléfono, en el correo que nos envió el jefe y por qué no, aislarnos en la meditación aunque sea una semana, estoy seguro que eso debe ayudar a encontrar algunas buenas soluciones.

No se clave en ver noticias, siempre son los mismos problemas irresueltos que nos han aquejado desde hace más de tres años; mejor vea una buena película en Netflix o le recomiendo el libro de Alma Delia MurilloEl niño que fuimos” o “ El infinito en un junco” de Irene Vallejo.

En fin, pásela lo mejor posible, evite hacer corajes y haga de esta semana  unas excelentes vacaciones.—  Mérida, Yucatán   18 de abril de 2022  Twitter: @Ydesdelabarrera

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