¿Cuál será la tarea del periodismo? ¿Qué sentido tiene en estos tiempos revueltos?

En el libro Ritos y retos del oficio (2018), compilación de ensayos sobre periodismo cultural realizada por Jesús Alejo Santiago, se incluye el texto de una conferencia del colombiano Alberto Salcedo Ramos, quien describe al periodismo como el oficio que “hace visible lo invisible” y en particular al periodismo cultural como el que “adiestra al escritor en el descubrimiento de los temas esenciales…”.

“Me preguntan con frecuencia para qué sirve el periodismo en estos tiempos de redes sociales y vértigo noticioso —escribe Salcedo—. Suelo responder que aunque los periodistas hayamos perdido el monopolio de la información, el periodismo sigue siendo muy útil para lo mismo de siempre: denunciar, informar, narrar, analizar, orientar y sobre todo, ayudar a entender” (p. 275).

En el mismo sentido (y en la misma publicación) el mexicano Juan Villoro escribe el texto Itinerarios del ornitorrinco: crónica y arena pública en el que señala cómo al componer su texto el periodista cultural “asume dos compromisos difíciles de conciliar. Uno es tiránico (no alterar los hechos); el otro liberador (narrarlos como nadie más lo ha hecho). Su originalidad depende de una fidelidad literaria a lo ocurrido, de logar la mejor versión escrita de la realidad” (p.249).

Entonces ¿Cómo comunicar esa realidad de la manera más transparente?, ¿cómo decirle al receptor que de todos modos esa realidad puede ser transitoria, mutable, efímera…? Estas preguntas se responden en buena parte en el seno del periodismo cultural independiente, en el que además de marcar distancia con el discurso institucional del medio gubernamental, quien ejerce esta prensa libre tiene la oportunidad de emplear herramientas comunicativas y un lenguaje más ambicioso que en la cotidianeidad noticiosa de temas generales.

Es decir, si se pretende que el espacio de la investigación, la creación y la divulgación del conocimiento sea un medio donde es posible buscar, vislumbrar y comunicar la verdad, se hace más que necesario que los medios de comunicación independientes tengan la apertura necesaria para la transmisión libre de esta construcción de saberes en el tortuoso camino del deseo siempre insatisfecho de llegar a la verdad, sin encontrarla nunca, pero con la conciencia plena de buscarla.

Por otra parte, el periodismo independiente tal vez no garantice la seguridad social; al contrario, con sus revelaciones y posicionamientos puede despertar tensiones sociales; pero más importante que esa seguridad social es la contribución a la creación de un entorno de certidumbre en el cual se puede, digamos “saber que se sabe” y reflexionar ante la posibilidad de contrastar aquellas “varias verdades” simultaneas y contradictorias, y al final de todo ello concluir con autonomía lo que se desea creer, al tener una diversidad rica y compleja de datos a la mano.

Sin embargo, el periodismo independiente se enfrenta a nuevos retos, sobre todo el planteamiento de la información de lo que ya fue divulgado previamente por cualquier “persona random” —dirían los jóvenes de hoy—, en sus redes sociales, y como dato puro y sin procesar.

Es decir, lo “nuevo” ya no lo es: ya se le lanzó al infinito espejo multiplicador y deformador de las redes sociales; y el medio profesional que invierte recursos, paga impuestos y asume costos al trabajar con información y conocimiento ya no tiene la primicia ni el “estreno mundial” del hecho, sino la responsabilidad de exponerlo “revolcado”, de ingeniárselas para revestirlo de interés, de brindar información complementaria, de hurgar en lo que se reporteó a ver si hay datos desconocidos.

En suma, de digerir ese primo piatto que se ingirió como en una degustación gratuita de supermercado para proponer para la mesa puesta un segundo, más sustancioso, ornamentado y salpimentado, si cabe, en el menú de cada día.

Sabemos también que el periodismo cultural suele ocupar espacios menores y secundarios en los medios de comunicación; lo que resulta ser un espejo del fenómeno mismo del consumo cultural, cuyos productos artísticos se consideran ornamentales y complementarios, melifluos y ajenos a cualquier pirámide de necesidades, básicas o no, y por ello se piensa también que han de ser administrados y suministrados de manera gratuita y se tiende a obviar que los creadores y creadoras dedican tiempo y recursos a la generación de sus productos y que como cualquier habitante de la comunidad requieren servicios y productos para su subsistencia.

En realidad, los productos culturales son importantísimos motores de desarrollo y hasta en un país donde las condiciones no son fáciles como en México, en 2021 el Producto Interno Bruto (PIB) del sector cultural significó una participación de 3.0 % respecto al PIB nacional, nada despreciable frente al 19% de la industria manufacturera de todo el país y el 10% del comercio al por mayor y por menor, según datos ya del 2022.

Y sin cifras: durante el prolongado confinamiento de la pandemia qué habría sido de nosotros sin las posibilidades de consumir entretenimiento en medios digitales, lecturas y música, por sólo mencionar algunos.

Por ser un espacio para visibilizar importantes debates o conflictos en lo relacionado con instituciones y proyectos culturales públicos y privados como lo ha sido el Diario de Yucatán en no pocas ocasiones, reflexionamos lo fundamental del periodismo independiente para fortalecer a la producción artística íntegra y libre, y el crecimiento económico del sector; así como también para respaldar la cohesión entre la población que requiere más de una perspectiva de los hechos y que luego al identificarse con otras personas se reúne en organizaciones con vida propia que encuentran igualmente en los medios autónomos un espacio para compartir sus ideas e inquietudes.

Porque el arte, como escribiría el periodista Álvaro Holgado, es un discurso elaborado que parte de interrogantes: “el arte moderno no está hecho para posibilitar certezas, sino dudas”. Y siempre y cuando sigamos formulándonos preguntas, el periodismo cultural independiente será un importante faro para tratar de encontrar esas respuestas.— Mérida, Yucatán.

Periodista

 

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