Rommel Pacheco no es un traidor, pues no es traidor quien avisa, y él dio en sobradas ocasiones pistas sobre sus aspiraciones y la fragilidad de sus lealtades. El exclavadista olímpico es un artífice, un producto, un ego exacerbado… por las ambiciones de otros.
Podría decirse que el diputado federal del distrito 3 por Yucatán comenzó a tener roces con la política en pleno ascenso de su carrera deportiva. Políticos en campaña y gobiernos, tanto del PRI como del PAN, solían convocarlo a sus eventos, ya que —carismático, sencillo y orgullosamente yucateco— ayudaba a conectar con los públicos más jóvenes y también a dar realce a las ocasiones por sus méritos como deportista.
Rommel Pacheco fue —al igual que lo han sido y lo son otros destacados atletas estatales— un influencer nato, aun en tiempos cuando estas figuras no gozaban de tanta popularidad.
Como funcionaria pública y auxiliar en campañas políticas, me tocó convocarlo a diversos eventos; gestionar su presencia y brindarle las facilidades necesarias para su participación. Me senté a su lado, conversé con él. Me consta que, si bien como toda figura pública disfrutaba del foco y la atención, era una persona sencilla. Imagino que sus aspiraciones y deseos de aliarse con el poder fueron manifestándose poco a poco, con el paso de los no tantos años que han transcurrido desde aquellas primeras apariciones. Supongo también que esto fue, más que por descubrimiento propio, por el potencial que otros vieron en su reconocimiento como clavadista olímpico.
El joven Rommel Pacheco ha sido, pues, víctima de su ego abanicado por gobiernos y funcionarios estatales (especialmente por el círculo en el poder de la actual administración), que llegaron al extremo de hacerlo candidato para una diputación federal en 2021, sin contar con experiencia legislativa alguna. Se sirvieron de su popularidad y obviaron todo comentario o crítica, incluso desacuerdos internos sobre esta nominación. Le brindaron, eso sí, capacitación intensiva a la hora de hacer campaña.
Él y los suyos creyeron, no sin algo de ingenuidad, que este vertiginoso ascenso llevaba una inercia capaz de impulsarlo hasta la cima, pasando por sobre otros políticos con más oficio y trayectoria.
En un plano más personal, Rommel comenzó a creer que este impulso era otorgado totalmente por méritos propios: extravió la brújula. El PAN-gobierno en la actualidad, se caracteriza por poseer un discernimiento utilitario en el que las capacidades y los méritos valen poco comparados con lo conveniente, la popularidad y la obediencia, características que pesan por sobre muchas otras a la hora de decidir quiénes serán sus representantes en las Cámaras. En otras palabras: llegó a su curul porque así convino en su momento y nada más.
Pacheco ha sido también artífice de las ambiciones políticas de su hermano, Irak Greene Marrufo quien, como ya hemos comentado en artículos anteriores, fue impuesto en la dirección técnica del Gran Museo del Mundo Maya de Mérida sin tener el perfil para ocupar el cargo.
Antes de esto, Greene Marrufo se desempeñó en áreas diversas de las anteriores administraciones estatales. El oportunismo y la capacidad de negociar de este personaje encontraron en la figura de su hermano el aliado idóneo para la prebenda político-electoral que, a pesar de un pasado identificado con el PRI, les valió a ambos tener cabida en las más altas esferas de la cúpula del PAN, pero de nuevo, este PAN-gobierno no ha discriminado a la hora de abrir las puertas a ningún expriista que pueda representar un voto o dos; una negociación o la otra.
Ya encumbrado en su curul, la diputación federal dejó de ser suficiente, y en plena efervescencia preelectoral, Rommel se dejó influir por las voces de la avaricia que le susurraban que podía ser gobernador. Al no obtener el crédito suficiente dentro del PAN para ir más allá de la posibilidad de contender nuevamente por el distrito 3 federal (lo cual sería un ofrecimiento digno y sumamente atractivo para muchos políticos de carrera), decide chapulinear a Morena y el partido lo acoge, tal como lo hizo el PAN en su momento, a espaldas de los militantes, desde la cúpula.
Se especula sobre cuál será su encomienda. A mi parecer, no tiene posibilidad alguna de llegar a la gubernatura como oposición al partido en el poder y mucho menos a la presidencia municipal hacia la cual Cecilia Patrón parece avanzar en caballo de hacienda.
Consciente de esto, solo queda pensar que Rommel Pacheco le apuesta a la división del voto, la polarización del ambiente (sello de los morenistas) y claro, al beneficio económico derivado de prestarse a estos juegos de poder.
Queda mucho todavía por verse en el camino a la contienda electoral de 2024, cuya etapa preliminar ha sido sin duda atípica. Chapulineos, traiciones y decisiones cuestionables en medio de un contexto enrarecido. Como ciudadanos nos queda siempre la duda sobre si nuestras opiniones cuentan, si de algo sirve nuestro análisis y escasa participación en un sistema totalmente secuestrado por los tiranos, los arribistas sedientos del poder o lo que queda de lo que algún día fueron las verdaderas fuerzas políticas del estado.— Mérida, Yucatán.
erica.millet@gmail.com
Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado
