Inevitablemente, cada seis años en México, como ocurre en otras democracias durante tiempos electorales, la disputa por la Presidencia de la República despierta el interés de la gente, reaviva los ánimos y produce algunas tensiones.
Se trata de un fenómeno lógico dado lo mucho que está en juego al elegir, mediante el voto ciudadano, a la persona encargada de conducir el gobierno del país.
Desde luego, también son importantes las contiendas por puestos de representación legislativa, y cargos locales y municipales, aunque no sean tan vistosas como la carrera presidencial.
Alrededor del mundo, al menos en la última década, se observan tendencias que derivan en una mayor polarización de las posiciones políticas de las personas y sectores de la sociedad.
Lo anterior tiene un aspecto favorable muy puntual: los sistemas democráticos requieren de la participación de la ciudadanía, por lo que la politización implica que más gente se involucre en las contiendas electorales, así como en los diversos puntos de la agenda pública.
Sin embargo, una polarización exacerbada puede traer consigo numerosos riesgos que ponen en entredicho la estabilidad política y social de un país, derivando incluso en el debilitamiento de la propia democracia.
Dentro de un sistema democrático liberal, donde el voto ciudadano elige a quienes serán sus gobernantes y representantes, existen ciertos principios como la pluralidad, el respeto al que piensa diferente, y la no-violencia.
En cambio, ocurre con frecuencia —y la historia da testimonio de ello— que el fanatismo ideológico y político, al extenderse y arraigarse entre las personas, deriva en intolerancia, encono e incluso agresión.
La era contemporánea propicia algunos de los factores que inciden en esta polarización creciente, por ejemplo, a través de las redes sociales digitales en cuyas plataformas abundan contenidos promoventes de desinformación, discursos de odio y mensajes de propaganda automatizados.
Narrativa
Pero, sin duda, los líderes populistas son los principales difusores de la narrativa polarizadora, empleando su carisma y arrastre para dividir a la población con el apoyo de conceptos distorsionados y engañosos.
Así, el político demagogo busca convencer a la gente de que se libra una “batalla total” entre “buenos” (aquellos que simpatizan con su causa) y “malos” (todo aquel que no coincida con su visión).
Peor aún, la línea populista aspira a confrontar a los seguidores de su proyecto con cualquiera que se oponga a él, puesto que solo considera “pueblo” a los leales al “movimiento” político, asumiendo a los “otros” en calidad de “enemigos” de la sociedad.
Como resultado, no es raro hallar casos en los que familiares, amigos o compañeros de trabajo se distancien —o de plano haya una ruptura— entre sí tras discutir sobre afinidades políticas; este divisionismo es tóxico porque enrarece las relaciones entre personas, dificultando la convivencia cotidiana.
Las democracias precisan de demócratas dispuestos a trabajar todos los días para fortalecer los cimientos de una sociedad de paz, justicia y respeto hacia todos los ciudadanos.
Utilizar la división entre pares con el objetivo de ganar popularidad y obtener triunfos político-electorales, además de ser sumamente irresponsable y antidemocrático, es poner el bienestar social en peligro.
Más allá de las innegables diferencias que hay entre los integrantes de la sociedad, debemos hacer un esfuerzo por encontrar aquello que nos une. Los enormes desafíos que tenemos como nación en el siglo XXI, únicamente serán superados si sumamos voluntades.
Todo ciudadano es libre de ejercer su derecho al voto según lo que le dicte la razón y la conciencia; pero no olvidemos que después del próximo 2 de junio, seguirá habiendo un país con retos, oportunidades y problemas.
Esa realidad nos demandará hacerle frente en unidad y sin discriminaciones de ningún tipo. Lo más relevante de un proceso democrático es lo que ocurre tras el día de la jornada electoral.
Es urgente apostar por la responsabilidad compartida, la generosidad y el sentido humano.—Mérida, Yucatán
fournier1993@hotmail.com
Licenciado en Derecho, maestro en Administración
