Todo parece indicar que se han asentado las aguas tras la euforia desbordante generada por el arrollador triunfo electoral de la Cuarta Transformación el pasado 2 de junio.

Pasadas las consabidas celebraciones de los partidos de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, llegó la hora de reflexionar hondamente sobre la naturaleza y la orientación que tendrán tanto el gobierno federal con la Dra. Claudia Sheinbaum a la cabeza como el gobierno de Yucatán que estará bajo la conducción de Joaquín “Huacho” Díaz Mena.

En el caso de la virtual presidenta electa es de reconocerse sin ambages que está haciendo una cuidadosa y responsable selección de las personas que integrarán su futuro gabinete, tomando como base los perfiles profesionales, trayectorias y competencias que estén acordes con los cargos que estarán bajo sus respectivas responsabilidades.

Con excepción del caso de Mario Delgado Carrillo —cuya futura titularidad en la SEP ha generado inconformidades en amplios sectores del magisterio nacional—, puede afirmarse que las designaciones realizadas hasta ahora por la Dra. Sheinbaum han sido bien recibidas por la opinión pública, los diferentes sectores sociales y los agentes económicos nacionales e internacionales.

Pasando al ámbito estatal, como es natural cada día crece la expectación social sobre la inminente conformación del gabinete del gobernador electo “Huacho” Díaz Mena, quien ha adelantado los nombres de algunas personas que se harán cargo del proceso de transición, de la coordinación de proyectos estratégicos y del área de comunicación social: Omar Pérez Avilés, Dafne López Martínez y la periodista Wendy Aguayo Romero, respectivamente.

Más allá de cómo quede conformado el gabinete de Díaz Mena, lo que queremos destacar aquí gira en torno a la orientación que tendrá el nuevo gobierno del estado, lo cual podrá saberse con mayor claridad cuando presente su Plan de Gobierno 2024-2030.

Una de las cuestiones claves que llaman a la reflexión consiste en analizar si en Yucatán tendremos un gobierno de izquierda, toda vez que el poderoso movimiento político-social de la 4T se asume con tener una orientación de esta naturaleza, por oposición a las políticas de corte neoliberal que se aplicaron hasta 2018.

Para intentar dilucidar esta importante cuestión, primero habría que señalar, de manera general, qué es lo que estamos entendiendo por izquierda y derecha, concebidas éstas como grandes opciones a aplicar en el ejercicio del poder público y en los marcos de la sociedad capitalista contemporánea.

Por derecha entendemos aquella postura que hace énfasis en garantizarle al sector privado las mejores condiciones para el máximo rendimiento de sus inversiones; se apuesta al predominio de las leyes del mercado y al individualismo, y se pugna por disminuir la actuación del Estado incluso en áreas que constituyen derechos fundamentales para todos, como son educación, salud, cultura, vivienda, medio ambiente sano, salarios dignos y pensiones.

Para las posturas y las políticas derechistas no es prioridad atender la desigualdad extrema y las injusticias que prevalecen en la sociedad capitalista y que son producto de la desmedida concentración del ingreso y la riqueza, razón por la cual les importa poco el destino de millones de personas pertenecientes a los sectores vulnerables, como niños, adolescentes, jóvenes, indígenas, madres jefas de familia, discapacitados, comunidades Lgbtiq+, adultos mayores, etc.

Por otra parte, en la actualidad hablamos de una izquierda democrática, plural, moderna y humanista entre cuyos objetivos no está acabar con el sistema capitalista e instaurar “la dictadura del proletariado”, pues no estamos hablamos aquí de izquierda socialista o comunista, como suelen confundir aviesamente los grupos conservadores de la sociedad cuando se adoptan medidas, se realizan obras o se implementan acciones en beneficio de los grupos sociales más desfavorecidos.

En esta tesitura, las políticas de izquierda implican actuar desde el Estado con la mayor fuerza posible para revertir las tendencias socioeconómicas que generan desigualdad, exclusión, falta de derechos fundamentales y carencia de oportunidades para el desarrollo integral de millones y millones de personas.

Así las cosas, las políticas de izquierda tienen por objetivo procurar que la justicia, la equidad, la igualdad, la democracia y las libertades sean de beneficio universal. Mientras que las posiciones derechistas privilegian lo privado y lo individual, las posturas de izquierda se enfocan a proteger lo público y los intereses de la colectividad, especialmente los de los grupos más desfavorecidos en el sistema capitalista. En síntesis: las medidas de izquierda tienen como objetivo fundamental crear un estado del bienestar del que puedan beneficiarse todas las personas.

Si en Yucatán tendremos un gobierno progresista, popular o de izquierda es algo que sólo se podrá comprobar cuando Huacho Díaz comience a cumplir sus compromisos de campaña y muchos de éstos se traduzcan en la implementación de políticas públicas que se orienten prioritariamente a revertir las tendencias negativas que han dominado el desarrollo del estado, que por décadas ha sido desigual, injusto, disforme y excluyente para las mayorías sociales.

Por lo demás, un gobierno de izquierda no tiene por qué espantar a nadie; primero, porque ese fue el mandato popular de la mayoría de los yucatecos; segundo, porque bien deben recordar las élites conservadoras que todos vamos en el mismo barco, y que si no se aplica a fondo el principio rector de “por el bien de todos primero los pobres”, el barco se puede hundir estrepitosamente con todos sus ocupantes.

Hacemos votos por que la actuación del gobierno de “Huacho” Díaz Mena sepa responder con creces al suave calor de la esperanza que desde el 2 de junio invadió los corazones de la mayoría de los yucatecos. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

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