En relación con una nota que publicamos el domingo 18 de agosto, en la que el doctor Othón Baños Ramírez hace declaraciones sobre la figura del fallecido exgobernador Víctor Cervera Pacheco, el economista Raúl Vela Sosa nos envía una carta en la que, en lo medular, dice lo siguiente:

El entrevistado reitera que la popularidad de Cervera Pacheco se basaba en su actuar relacionado con los campesinos, lo cual es inexacto porque sería encasillarlo en una sola de las vertientes en las que ejerció su liderazgo.

La verdad es que al político Cervera Pacheco hay que verlo desde que fue dirigente estudiantil en la Universidad de Yucatán hoy Autónoma, donde fue miembro del Consejo Universitario y como presidente de la Federación Estudiantil Yucateca, pues convivió con generaciones de estudiantes preparatorianos y normalistas, quienes serían futuros médicos, ingenieros, abogados, químicos y profesores.

Muchos miembros de esas generaciones, a los que les correspondió vivir la expansión de las clases medias de las décadas de los 50 y 60, continuarían cercanos a Cervera en su carrera política.

Por tanto, su liderazgo lo construyó desde una amplia base social que incluía campesinos, clases medias, profesionistas e incluso empresarios que se identificaron con su visión sobre el desarrollo económico de Yucatán.

En cuanto a la pregunta sobre la relevancia de Cervera Pacheco en la historia de Yucatán, el entrevistado se limita en su respuesta a hechos políticos sin considerar las importantes transformaciones de Mérida y del estado, en los períodos en que Cervera fue alcalde de Mérida y gobernador de Yucatán.

Basta revisar la obra pública, educativa, en salud y cultura en sus administraciones para corroborar los contrastes del antes y el después de sus gestiones, en donde se evidencian los saltos cuantitativos y cualitativos del desarrollo económico y social de nuestra entidad.

En el ámbito universitario la relevancia histórica de Cervera es indiscutible y de gran trascendencia, pues él fue quien decretó el reconocimiento de autonomía de la máxima casa de estudios, respetando y haciendo suya la propuesta de Ley Orgánica para la Uady, que había elaborado la propia comunidad universitaria.

Sin asomo de algún rasgo de autoritarismo, tuvo pleno respeto a la voluntad colectiva universitaria.

El entrevistado destaca los dos periodos en que Cervera fue gobernador, por lo que se le inició un “juicio político nacional”. Dejar a este nivel la afirmación resulta inexacto, pues la iniciativa de juicio político tuvo motivaciones políticas de sus adversarios, sin base legal. Su fin era crear la percepción de que el segundo periodo en el que fue electo gobernador constitucional era “ilegal” y de que no había precedente de ello en el país.

La iniciativa de juicio no prosperó. Para demostrar que era falsa la argumentación del “sin precedente”, es pertinente recordar algunos casos de gobernadores que estuvieron en el caso similar, antes de que ocurriera en Yucatán: Michoacán, Dámaso Cárdenas del Río, interino en 1929, electo 1950; Chihuahua, Ignacio Enríquez, interino en 1918 y electo 1924; Tlaxcala, Joaquín Cisneros Molina, interino en 1940 y electo en 1957; Sinaloa: Manuel Páez, interino en 1928, electo 1933, Gabriel Leyva Velázquez, interino en 1936 y electo en 1957; Tabasco, Tomás Garrido Canabal, dos veces electo constitucional 1922 y 1931 y Veracruz, Adalberto Tejeda, dos veces electo constitucional 1920 y 1928. En ninguno de estos casos se inició juicio político alguno.

En cuanto al término populista en sentido peyorativo, valdría la pena releer el revire discursivo de Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, a Enrique Peña Nieto, recomendándole a éste tener cuidado cuando se usa esta definición, porque el mandatario estadounidense se calificaba a sí mismo como populista, por sus preocupaciones sociales y su interés en beneficiar a los menos favorecidos. Entonces Obama afirmó: “supongo que eso me hace populista”.

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