“A La Chingada”… Ahí dijo el Presidente que se iría cuando terminara el sexenio. Cabe hacer la aclaración de que se trata de su rancho en Palenque, Chiapas, muy cerca de la frontera con Guatemala. No importan los motivos del nombre pero resulta que su mandato ya terminó y pues ni modo, para allá se va derechito y de volada.
El término Chingada es el participio del verbo chingar, también se aplica como adverbio. Octavio Paz lo consideraba como una palabra de “mágica ambigüedad”, digna para confiarle según sus palabras “La expresión más brutal o sutil de nuestras emociones y reacciones”.
Considerado como el vocablo más usado del español en México cuando se trata de molestar a alguién. La Real Academia de la Lengua señala que proviene del caló gitano “cingarár” que significa pelear, pero su significado actual es molestar, fastidiar, importunar, de hecho convertido en un mexicanismo de uso frecuente por una gran mayoría de los mexicanos.
Algunos ejemplos
¿Qué sucede si hablamos usando este término y sus derivados para describir algunas de las genialidades de este gobierno?.. solo para ejemplificar:
¿Qué va a hacer AMLO desde su rancho?.. Seguir Chingando.
Los mexicanos (casi todos) diremos… Ya nos Chingaron.
¿Cuánto dinero del Tren Maya y de Dos Bocas no se transparentó?.. Un Chingo.
¿Qué dirán los hijos del Tlatoani?.. Ya Chingamos.
¿Qué dicen los políticos que entran al gabinete?.. Hay que chingarse una lana.
Cuando vas al IMSS, y no hay medicinas… No me Chinguén
¿Qué dirías si Morena desaparece?.. ¡Chingooón!
¿Qué pasará con el tratado comercial México, Estados Unidos y Canada?.. Se lo cargó la Chingada.
El hijo de AMLO ¿presidente?.. ¡Ah! Chinga.
Abrazos no balazos… Son Chingaderas.
¿Qué van a hacer los 5 millones de pobres?.. Pues Chingarle, no hay de otra.
Así podemos seguirle con todas las variantes del verbo cada que aparezca alguna de estas iniciativas que solo nos harán recordar que tenemos un gobierno que avivará nuestro vocabulario y aflorará la palabra para maldecir y lamentarnos de lo inevitable.
¿México agraviado?
Hablando de situaciones inevitables, el diario español El País alude en sus primeras planas que el gobierno español lamenta mucho que no se haya invitado al rey Felipe VI a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum, pues no solo es una desaire diplomático sino que recrudece innecesariamente un conflicto diplomático entre los dos países “con vínculos históricos y culturales suficientes como para llamarse hermanos”. (SIC).
Todo este lío porque el Tlatoani no recibió respuesta de la carta que mandó al rey para que se disculparan de los “agravios” cometidos durante la Conquista de México, y aquí podemos aplicar el verbo y la frase… ¡hágame usted el Chingado favor!
No hay que satanizar la palabra
Bueno, probablemente piense que me he pasado de la raya acostumbrada en el lenguaje editorial y hacer de mi colaboración algo incómodo; todo lo contrario, esta palabra que hemos manejado forma parte del vocabulario, aunque escrito se vea de otra forma, hay que darle su lugar a las palabras donde suenen, tal cual queremos. Como el tema era del rancho La Chingada de AMLO, le dimos otro sentido gracias al rico contenido de nuestro idioma.
Lo verdaderamente escandaloso lo vemos a diario y para acabarla de chingar (aquí era necesario usar la palabra de acuerdo a la témática) lo seguiremos padeciendo en un México que se ha gobernado con intereses políticos y personales. Ahí no termina la historia, el desenlace lo veremos en los años venideros. Yo por lo pronto le digo: La venganza continuará a pesar de haberse ido a La Chingada.— Mérida, Yucatán, 30 de septiembre de 2024
X (antes Twitter): @ydesdelabarrera
