Descorchemos el vino (un relato que vino al cuento)
…Los recuerdos se van acumulando conforme le doy un sorbo a la copa de este Chianti del 72. Me hace recordar tiempos idos que no retornarán y me abriga la esperanza de pasar por lo menos un rato placentero al lado de esta compañera de cristal que transpira perfumes de frutos rojos y me deleita con su suave gusto al paladar. Volteo a mi alrededor, todo en el bar me parece un destello de risas, ansiedades ruidosas de gente que se da cita para diluir sus penas, contar sus alegrías con los amigos, vaciar o escuchar los problemas que no les incumbe, pero quedan atentos de la plática cuando se trata de levantar la copa y decir… ¡salud!
Solo unas cuantas mujeres en este céntrico y elegante lugar en el corazón de Polanco. Sigo sentado en la enorme barra de fina madera con dos cantineros, uno de ellos es una atractiva dama que con destreza sirve las bebidas en vasos y copas, receptáculos de cocteles extraños con colores vistosos o simplemente dan cabida a un vino por copeo, caro o barato pero sirve para disipar la inquietud interna y pasar el rato.
Solo una pantalla de televisión sin sonido muestra las imágenes del juego de béisbol entre Dodgers y Astros, casualmente veo a Fernando Valenzuela que ha sido un suceso este año. Los que estamos al pendiente del juego vimos que sin escatimar energía, poncha a dos jugadores seguidos. Quién iba a pensar que un mexicano jugara en un nivel privilegiado donde normalmente se ven jugadores locales y un pequeño grupo de latinos.
Me emocioné tanto que pedí otra copa de vino. Cuando estás soltero, el único que te puede esperar en casa es un perro o un gato, así que decidí quedarme para seguir viendo el partido.
Una dama se sienta a mi lado en la barra y me da las buenas noches, yo le contesto de igual forma. De inmediato me pregunta mi nombre, lo cual daba pie a pensar otra cosa, la verdad quería estar solo en compañía de mi Chianti del 72. Le contesté por compromiso, sonriendo como acostumbraba en situaciones como esta… Soy Raúl Quintero. Hola, soy Vania Helfon. El nombre me sonaba entre hebreo y ruso pero ya no quise seguir con el consabido juego de decirle, qué bonito nombre tienes. ¡Aahhhh! qué flojera me daba. Solo le contesté: mucho gusto y seguí mirando la pantalla. Ella nota mi desagrado y se limita a pedir una copa de vino tinto igual al que estaba tomando. Es evidente que lo hace para que le pusiera atención y entablar una plática. No me queda más remedio que charlar y mirar de vez en cuando el desarrollo del juego.
Me confiesa que es abogada, socia de un famoso bufete de los que solo aceptan casos muy grandes cargados con muchos honorarios. Le dije que era arquitecto con un despacho más modesto que el suyo. Mujer extremadamente atractiva de elegante vestimenta, un maquillaje delicado para resaltar solo sus encantos faciales y sus grandes ojos verdes. No parece de esas que solo buscan un encuentro rápido y terminas en un hotel drogado y sin cartera. Comienza a hablarme de algunas experiencias interesantes de los casos que le ha tocado resolver; parece legítima y con una amplia cultura empresarial.
La plática se tornó muy agradable. Después de unas horas me dice si la puedo llevar a su casa porque no trae coche y no le gustaría pedir un taxi, para esto ya son las 11:30 de la noche. Le contesto que sí, por supuesto ya que vive a unas calles del bar.
No cabe duda que la vida te da sorpresas, su departamento está en una de las dos torres con vista al bosque Chapultepec; un día dije que me gustaría vivir en uno de esos departamentos.
Me invita a pasar para tomar la caminera. Le indica al conserje que se encargue de mi coche. Subimos al sexto piso con una vista majestuosa al bosque. Sonriendo me pregunta si descorchábamos el vino. Un poco confundido con su actitud y el doble sentido del comentario… le digo que sí.
…Mi buen Toño, esa mujer es ahora mi esposa con la que he sido feliz todos estos años.
– Increíble, Raúl, que tu relación se haya dado así, tan casual.
–Las cosas más increíbles te suceden cuando menos lo esperas.— Mérida, Yucatán, 21 de octubre de 2024
X (antes Twitter): @ydesdelabarrera
