Del poder a la ignominia (Un cuento casi real)
Lo que usted diga, señor presidente… fue la infame contestación de uno de tantos lacayos del presidente de Banamera, un país del continente americano de 126 millones de habitantes, endeudado y descalificado por todas las instituciones internacionales gracias a sus prácticas administrativas absurdas, políticas prepotentes cargadas de autoritarismo y corrupción, con apenas 6 años en el poder.
El secretario de finanzas se retira con la mirada baja por ese pasillo del Palacio de Gobierno, otrora sendero de caudillos y grandes próceres de la patria.
Lo que había ordenado el presidente era la modificación constitucional con una ley que anunciaba el decomiso de todas aquellas propiedades que tuvieran más de 20 años de construidas, a menos que se pagara un impuesto equivalente al 80 % del valor comercial de la propiedad. No se conformó con las casas, edificios y fábricas que les aplicó la extinción de dominio o la simple expropiación resumida en una sola palabra… exprópienla.
La sonrisa maligna se dejaba ver en la cara de este dictador que engañó al pueblo… Rodolfo Balladares, mejor conocido por sus iniciales como ROBA, presidente al que le quedaban unos meses antes de que tomara posesión una de sus fichas, su preferida desde hace años con un doctorado en ciencias ocultas, Simona Shecobra, una muy bien adiestrada dama que se disponía a seguir las ordenes del partido MORDAZA y su creador, Rodolfo Balladares.
Lo que alguna vez fueron promesas de cambio y transformación, se fundieron en una espiral de corrupción que poco a poco fue degradando al pueblo hasta aumentar exponencialmente el número de pobres a pesar de todas las dádivas y programas que durante su mandato otorgó para ganar seguidores y coartar el voto.
El poder de este siniestro personaje fue tan grande que lo consumió tomando decisiones erráticas a tal grado que perdimos todos los vínculos comerciales con nuestros vecinos, que decidieron atrincherar su frontera y declararnos como país non grato, al grado de solicitar al viajero una visa especial para entrar a su territorio, de tal manera que solo 2 de cada 1,000 personas podían pasar la frontera en calidad de turistas.
La gente votó por él convencida de que iba a ser el que guiaría por el camino honesto la política de Banamera que había soportado las hordas saqueadoras de los otros partidos, el PIRI y el NAP.
Su frase favorita era: “O estás conmigo, o estás en mi contra”. Bajo esta premisa, todo su gobierno fue de adulaciones que sustituyeron los informes y análisis de los datos duros del estado en que se encontraba el país. Lo que veíamos eran cifras manipuladas, la realidad ya no importaba, lo único que importaba era la percepción de poder, de control, tal como lo hizo con las obras faraónicas que realizó mediante las cuales saqueó el presupuesto que le quedaba al régimen.
Los soldados y los marinos ya no combatían el narcotráfico, ahora es una tarea que se reduce a un puñado de hombres que les llaman las vacas por el vistoso uniforme moteado que portan.
Sus últimos días en el poder hicieron más frágil y repulsivo su carácter, las incongruencias se dejaban venir en cascada, ordenó arrestos masivos de opositores fueran políticos, empresarios o periodistas. Promulgó leyes y cambios constitucionales para desaparecer los poderes que le estorbaban, escudándose en que eran necesarios para evitar la corrupción y proteger la seguridad del país.
Se convirtió en ferviente adorador de los tiranos que acabaron con la isla caribeña y dignificó la labor de los presidentes radicales del Cono Sur.
Balladares entró en una paranoia, no dormía pensando que le arrebatarían el poder en un golpe de estado y no iba a seguir mandando a través de Shecobra. Se despertaba sudando y pasaba horas en la revisión de los informes de inteligencia buscando señales de alguna deslealtad.
En la ignominia total entregó la banda presidencial ante cientos de miles de protestantes por todos los estados. Sumió al país en la ruina económica y social que nunca se había visto en la historia. Los vehículos antimotines de origen chino y ruso que patrullaban las calles no se daban abasto sofocando las revueltas y protestas callejeras.
Pasaron 3 años y Rodolfo Balladares (ROBA), el líder que alguna vez prometió un futuro mejor para Banamera, se convirtió en el arquitecto de su propia destrucción. El país ya irreconocible se hundía en la miseria mientras Balladares enfermo de un cáncer terminal dejaba su existencia en el rancho que bautizó como “La Chingadera”.
Shecobra, incapaz de levantar el desastre, se las arreglaba dando una despensa básica al mes para la supervivencia de un pueblo que no pudo sacudirse a tiempo a su dictador.— Mérida, Yucatán, 2 de septiembre de 2024
X (antes Twitter): Ydesdelabarrera
