Corro. Una mirada pasajera descubre en el puesto de periódicos, de los pocos que quedan en la CDMX, la palabra “corro”. Creo que la referencia era algo relacionado con un encabezado para variar de una nota que decía: corro por mi vida. No voy a analizar la nota sino que el verbo en primera persona se me hizo en ese momento extraño fonéticamente, con dos silabas sin articular la boca.
Rara manera de comenzar un editorial, pero existen muchas palabras que escritas toman otra dimensión como éstas que se me hacen raras al verlas escritas: Mueca, Ceja, Pulcro, Quieta, Cúpula. Es muy curioso cómo sucede esto.
Cuando miras algunas palabras el tiempo suficiente empiezan a parecer extrañas como si el sentido se perdiera y se convierten en algo raro aunque sean de uso diario, me sucedió también con la palabra “saco” que alude a una prenda de vestir, a un contenedor o costal de papas, o una acción del verbo sacar. La versatilidad también nos confunde, la sentimos rara, nuestro cerebro se confunde al leerla por todo lo que representa, cosa que es muy común en nuestro idioma.
La investigación de las palabras
Al leer la columna de Martín Caparrós, el editorialista del periódico El País, cuando analiza la palabra “copa”, admite que más que analizar la palabra, lo hace con placer para sí mismo, ya que activa un periodismo de investigación literaria en lugar de escribir una columna de un tema que todos saben o pretenden saber sin averiguar el fondo de las palabras que semanalmente aborda.
En este caso se plantea una pregunta: ¿Por qué la mayoría de los trofeos que se dan en distintas disciplinas deportivas son copas, grandes, chicas, de diferentes metales, y no cualquier otro objeto? Para ello nos da una explicación documentada de la aparición histórica de las copas que premian a los vencedores… un excelente artículo que inicia con una bien documentada investigación de un vocablo tan simple.
Estanque
Si me pongo a pensar un poco se me ocurre otra palabra que al verla escrita la siento muy disruptiva, como es el caso del nombre de mi columna, se trata de la palabra “estanque”, también rara en su composición. A primera vista nos genera una sensación muy peculiar. Viene del latín Stagnum, “agua estancada o charco”. Visualmente es una palabra sencilla, pero su combinación de letras conformada por la “e” final y la “a” intercalada, hace que al pronunciarla o verla por algunos minutos pueda parecer inusual, además el sonido de “tanque”, nos trae el recuerdo de objetos grandes como un vehículo militar. Sin embargo es muy usada en la vida cotidiana. Nos remite a un charco de agua en la calle, un pozo de cocodrilos, pero nunca se utiliza para sustituir la palabra piscina o río por lo que cuando aparece por ahí escrita, puede sentirse que se trata de algo poético o inusual.
Arancel
Interesante cómo una palabra que escuchamos casi a diario, últimamente, puede tener esa cualidad que parece rara por su sonido, su forma escrita o el significado que evoca. Hay otra que se menciona mucho en los deportes pero rara vez se escribe y cuando la lees varias veces, notas algo extraño, se trata de la palabra “Balón”, se ve rara, ¿verdad?
Podemos encontrar muchas más las cuales normalmente se escriben poco y como muestra esta la palabra “Arancel”, ahora muy famosa porque se convirtió en una amenaza del señor naranja que gobierna en Estados Unidos, cuyo significado es tarifa o impuesto en términos comerciales entre el país que importa y el que exporta.
Viene del árabe Ar-ruhsa o Ar-rasm. Esperemos que el señor Trump no investigue su origen porque es capaz de cambiarle el nombre. La próxima vez que te topes con una palabra rara de ver, házmelo saber a mi cuenta de X (@ydesdelabarrera).— Mérida, Yucatán, 3 de febrero de 2025
