Aún no echa sus brotes el nogal grande en la huerta del Potrero. Los más viejos moradores del rancho saben que es indicación de que no ha desaparecido el riesgo de una helada, y repiten el antiguo dicho previsor: “En el verano ten preparada la cobija; en el invierno tú sabrás”.

Los manzanos no tienen la sabiduría del nogal, ni guardan la memoria de pasados hechos. Se parecen a mí, que no escuché consejo y planté cientos de pencas de nopal antes de que el añoso nogal me lo autorizara. Cayó una helada abrileña y se arruinó la plantación. Bien dice otro refrán ranchero: “Cuando en abril cae la helada, ni perros quedan en la majada”.

A mi edad estoy aprendiendo apenas la sabiduría del campo, capaz de interpretar los signos del cielo y de la tierra. Situado entre esos dos espacios no entiendo ni al uno ni al otro. Me iré de aquí sin entender no sólo a Dios, a la mujer y al hombre, sino tampoco al perro, al gato, al árbol, a la flor, al fuego, al agua. A mí mismo no me habré entendido cuando de aquí me vaya.

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