Una de las noticias más conmovedoras y tristes de hace unas semanas fue la muerte del actor estadounidense Gene Hackman y su esposa, sobre todo por las circunstancias del fallecimiento.

Betsy Arakawa, la esposa, falleció repentinamente debido a una infección por hantavirus, y Hackman, quien padecía Alzheimer, permaneció durante días en la misma casa sin saber que su esposa yacía muerta en el suelo del baño. No pidió ayuda, no llamó a nadie, simplemente estuvo ahí, solo, hasta que finalmente falleció.

Estos trágicos fallecimientos evidencian la fragilidad de la vida humana y nos recuerdan lo fundamental que es llegar a la vejez con una red de apoyo emocional, acompañados de la supervisión de seres queridos o profesionales que brinden orientación y seguridad en momentos de vulnerabilidad, pero también con una preparación financiera adecuada para hacer frente a las dificultades que puedan surgir.

El envejecimiento de la población es un fenómeno global que avanza rápidamente. Según datos de la ONU, se estima que en 2050 el número de personas de 65 años o más en todo el mundo será el doble del número de niños menores de 5 años. Esto se explica por varios factores, entre los que destacan el aumento de la esperanza de vida gracias a los avances en la medicina y la tecnología, así como la disminución de las tasas de natalidad en todo el mundo.

A medida que la población envejece, también se observan transformaciones en la estructura familiar. Las familias tienen menos hijos, y debido a la globalización y la movilidad, las generaciones están más dispersas geográficamente, lo que dificulta el apoyo cercano entre familiares. Como resultado, muchos ancianos se enfrentan a la vejez sin una red de apoyo sólida, lo que puede aumentar su vulnerabilidad.

El envejecimiento de la población plantea importantes desafíos tanto para los adultos mayores como para sus familiares. Los primeros se enfrentan a dificultades para acceder a servicios de salud adecuados, ya que la edad avanzada suele implicar el manejo de enfermedades crónicas y la necesidad de cuidados continuos.

Además, a medida que se avanza en edad, muchas labores cotidianas, como la preparación de alimentos, el aseo personal o incluso la movilidad se vuelven cada vez más difíciles, lo que incrementa la dependencia de otros.

Por otro lado, las familias de los adultos mayores afrontan el reto de equilibrar sus responsabilidades laborales y personales con el cuidado de sus seres queridos. Esto puede generar estrés y dificultades económicas, ya que muchas veces el cuidado de los mayores requiere tiempo, dinero y recursos adicionales, como el pago de servicios de salud, medicamentos o personal especializado.

Todos sabemos que envejecer es un proceso inevitable, pero, a pesar de eso, no nos preparamos para esa etapa, en la que la calidad de vida dependerá en gran medida de las decisiones que tomemos con antelación.

Para disfrutar la vejez con plenitud y tranquilidad, dos factores son fundamentales: contar con recursos financieros que permitan cubrir las necesidades propias de esa etapa, y disponer de una red de apoyo que brinde respaldo emocional y práctico cuando se requiera.

A lo largo de sus vidas, la mayoría de las personas no piensa lo suficiente en cómo sus finanzas impactarán en su calidad de vida durante la vejez. Si bien algunas personas tienen la fortuna de contar con pensiones, ahorros u otros activos que les permitan vivir sin preocupaciones económicas, otras muchas no se preparan con anticipación y terminan dependiendo de subsidios y del apoyo económico de los familiares.

Un plan financiero sólido debería ser una prioridad para afrontar los gastos futuros que se presentarán. Es fundamental lograr una buena estabilidad económica para evitar que la dependencia financiera se convierta en una fuente de angustia o vulnerabilidad.

Junto con la seguridad financiera, contar con una red de apoyo sólida es igual de importante. La vejez puede traer consigo momentos de fragilidad física o emocional en los que se requiere la ayuda de familiares, amigos o incluso vecinos. Además, es fundamental considerar el apoyo de profesionales, como cuidadores, terapeutas u otro tipo de personal que pueda brindar asistencia especializada.

En este sentido, la muerte de Hackman y su esposa nos debería llevar a cuestionarnos más allá de cómo vivimos nuestra vida hoy. ¿Nos estamos preparando para la vejez en el aspecto financiero? ¿Contaremos con el apoyo de alguien en caso de necesitarlo? ¿Tendremos las herramientas necesarias para afrontar las dificultades que traerá el paso del tiempo?

Se lo dejo de tarea querido lector. Y recuerde que tener una buena vejez quizás tenga un componente de suerte, pero lo que realmente definirá nuestra calidad de vida en el futuro serán las decisiones que tomemos hoy.— Mérida, Yucatán.

marisol.cen@kookayfinanzas.com

@kookayfinanzas

Profesora Universitaria y Consultora Financiera

El envejecimiento de la población plantea importantes desafíos tanto para los adultos mayores como para sus familiares

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