
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
Cinismo sin límites. Un nuevo escándalo de corrupción e influyentismo sacude las redes sociales y profundiza la inconformidad ciudadana. En la “mañanera”, y en presencia de su jefa, Marcelo Ebrard se justifica: “No veo ningún abuso de mi parte, salvo la procuración de un papá por su hijo. No usamos ningún recurso indebidamente”. Claudia Sheinbaum guarda silencio.
Durante varios meses, un hijo de Ebrard vivió en la embajada de México en Londres. Se habla de excesos: mayordomo, cocinera, personal de limpieza y otras “cortesías”, todo pagado con recursos públicos —del “pueblo”, pues—. La embajadora Josefa González-Blanco, su subalterna, lo trataba “como a un hijo”. Marcelo lo cuenta con emoción. Era entonces el canciller (bit.ly/42edEFd).
El periodismo libre recibe el “pitazo” —quizá desde las propias entrañas del poder—, investiga y exhibe. Al régimen no le queda más que admitir lo evidente y montar una farsa en Palacio Nacional. “Tendría que renunciar o al menos ser investigado”, reclaman algunos. “El presupuesto no es de los funcionarios, es del pueblo”, recuerdan otros. La indignación se desborda.
En la campaña presidencial de 2018, el obradorato ofreció acabar con privilegios y el dispendio. Se comprometió a “barrer la corrupción de arriba hacia abajo”: no era un mal estructural, sino producto de élites perversas. “Ya no habrá intocables”, decían. Pero todo quedó en promesas. Adjudicaciones directas, falta de transparencia e impunidad han sido la constante.
A siete años de distancia, se confirma que los privilegios no desaparecen, se transforman. La cruzada moral sucumbe ante la incongruencia. Se condena la corrupción del pasado, pero se justifica la del presente. Llegaron al poder denunciando abusos contra el “pueblo” oprimido y prometieron terminar con un sistema de beneficios indebidos. La realidad los desmiente.
La contradicción no se reconoce, se redefine. En la práctica, se aprende a justificar, sin pudor, lo que antes se condenaba. El cinismo deja de ser un defecto y se convierte en método. Cuando los hechos desmienten el relato, se activa la propaganda. Se minimizan los errores propios y se descalifica la crítica. La narrativa sustituye a la rendición de cuentas. Pragmatismo puro.
Para llegar al poder, el obradorato abrió las puertas a cualquiera que aportara votos. Desde las entrañas del régimen, Julio Scherer Ibarra lo describe con detalle en su libro Ni venganza, ni perdón: “era el pragmatismo absoluto; lo que importaba era que ganáramos las elecciones, había que tener la mayor cantidad de aliados que se pudiera, cualquier punto sumaba”.
El pragmatismo no elimina las contradicciones, las administra. Tras años de debilitamiento de los contrapesos, la corrupción se adapta, no desaparece. Prometieron regenerar el poder político, pero terminaron regenerando sus vicios, y el costo ya pasa factura. Así lo sugieren las encuestas de popularidad más recientes: una señal de alerta para el régimen rumbo a 2027.
LA CORRUPCIÓN
México Elige reporta que 74.9% de los mexicanos considera que sí hay corrupción en el gobierno de Claudia Sheinbaum, cuya aprobación cae por debajo del 50% (bit.ly/3QkwJ5Z). Lo confirman los sondeos de Morning Consult —referente durante la administración de Andrés Manuel López Obrador—, que la ubican ya en torno al 45%. Una caída sostenida desde mediados de 2025.
En Palacio Nacional crece la preocupación por un diagnóstico interno que perfila un escenario adverso para Morena en los comicios de 2027. Las causas principales: desgaste en el poder, problemas de gestión y conflictos internos. El obradorato enfrenta el riesgo de perder tres gubernaturas —incluida la de Campeche— y la mayoría calificada en el Congreso (bit.ly/4sKyjM5).
Los escándalos de corrupción se multiplican. En Yucatán, el cinismo alcanza niveles preocupantes, con casos como el del “emprendedor” alcalde de Valladolid, vinculado a la construcción de una privada sin todos los permisos requeridos (bit.ly/4eBrHfk). Y qué decir de los cuestionamientos sobre el creciente patrimonio del gobernador, asociado a costosos ranchos y cabezas de ganado.
El cinismo no desaparece: se adapta. El populismo no acaba con los privilegios, los redefine. Al final, enfrenta su propia contradicción: promete transformar el poder, pero termina reproduciendo lo que tanto criticó para atraer el voto. Cambian los beneficiarios. Y donde hay intocables —como don Marcelo—, no hay transformación: hay sustitución de élites.
LA SOBERBIA
En ruta a las trascendentales elecciones del próximo año, son lectura obligada los mensajes del papa León XIV durante su recorrido por África. “Dios no está con los prepotentes y los soberbios; está con los pequeños y los humildes”, declaró en Argelia. La frase parecía dirigida a Donald Trump, pero nuestros líderes populistas no harían mal en tomar nota.
Ante miles de jóvenes en Camerún, llamó a combatir el “flagelo de la corrupción”, que “frena el desarrollo, perpetúa la pobreza y limita las oportunidades, especialmente para las nuevas generaciones”. Con conocimiento de causa sobre el populismo latinoamericano, el papa “peruano” exhortó a vencer ese cáncer social con “conciencias rectas, formadas en la verdad”.
El cinismo parece no tener freno. Lo confirmó ayer Claudia Sheinbaum al defender a la dictadura castrista en la “Cumbre por la Democracia”, en Barcelona (bit.ly/4tVThZ9). Cabeza visible de un régimen que antepone la polarización al acuerdo político, afirmó que “democracia significa elevar el amor por encima del odio, cultivar la fraternidad y la generosidad por encima de la guerra”.
Nos quedamos con la cátedra del Papa en favor de la democracia; su reflexión motiva. No olvidemos que, cuando los privilegios se reciclan, el cambio es solo aparente, y cuando el cinismo sustituye a la coherencia, la política deja de ser un ejercicio de responsabilidad para convertirse en una administración de excusas. Marcelo Ebrard lo sabe bien.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx(https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del escrito?
El mensaje central del texto es que el populismo en el poder no elimina la corrupción ni los privilegios, sino que los transforma y los redistribuye, sustituyendo a unas élites por otras. Lo que se prometió como una regeneración moral termina siendo una reproducción de los mismos vicios, ahora justificados desde el discurso oficial.
El escrito sostiene que esta contradicción no es un accidente, sino un método: el cinismo se convierte en herramienta política. Se normaliza la incongruencia, se minimizan los abusos propios y se recurre a la narrativa y la propaganda para encubrir la falta de rendición de cuentas. Así, la política deja de responder a principios y se adapta a la conveniencia del poder.
En última instancia, el texto advierte que cuando la coherencia ética se sustituye por la justificación constante, el cambio se vuelve solo aparente. Sin límites al poder ni congruencia moral, la democracia se vacía de contenido y se convierte en una simulación donde los privilegios persisten, aunque cambien de manos.
