Para muchos fue sorpresiva la elección del cardenal Robert Prevost como nuevo papa de la Iglesia Católica Romana, el pasado jueves. Su nombre no sonaba entre los supuestos favoritos la víspera del cónclave ni se trataba de un personaje muy conocido fuera de los círculos del Vaticano.
Sin embargo, habiendo presenciado el desenlace de la votación realizada en la Capilla Sixtina por los 133 cardenales votantes, podemos hacer un análisis de las cualidades que convencieron a la mayoría de los electores —al menos dos terceras partes— de la idoneidad de su perfil.
León XIV nació en Chicago en 1955. No obstante, el primer Papa estadounidense vivió varias décadas en Perú, llevando al cabo labores como misionero evangelizador. Dicha tarea derivó incluso en la adquisición de la nacionalidad peruana.
Prevost también es el primer Sumo Pontífice proveniente de la Orden de los Agustinos, cuya inclinación es hacia la comunidad, el estudio profundo de los temas religiosos, y la evangelización. Este sello es visible en su trayectoria pastoral en tierras sudamericanas, así como en otros encargos importantes que le fueran encomendados por el papa Francisco.
De 2015 a 2023, León XIV fungió como obispo de Chiclayo, una ciudad al norte de Perú con un gran número de personas en situación de pobreza. Los testimonios de la gente revelan que Prevost se mostró siempre como un líder pastoral sencillo y cercano, especialmente con los más vulnerables.
Como Doctor en Derecho Canónico, León XIV tiene, a su vez, una faceta de conocedor respecto de los fundamentos de la Iglesia. Esta dimensión teológica nos recuerda a Benedicto XVI, aunque el trabajo del Papa alemán solía ser más de escritorio como académico, en contraposición al andar de Prevost a ras del territorio y la periferia.
En este sentido, el nuevo Papa cuenta con un equilibrio entre tradición y progresismo moderado. Por un lado, es defensor de los dogmas del credo cristiano, e incluso del respeto al rito sagrado; por otro lado, promueve avanzar hacia una Iglesia mucho más humana y sensible, que alce la voz en favor del medioambiente y no excluya a nadie.
Por supuesto, el nombre pontificio que eligió no es casualidad, sino que tiene significado. León Magno fue el primer Papa en llevar este nombre en el siglo V, y su legado dejó huella, ya que efectuó obras trascendentes para lograr preservar la institución de la Iglesia ante serias amenazas.
León XIII, en tanto, lidió con la segunda revolución industrial en el último cuarto del siglo XIX. En aquel entonces, tecnologías como el ferrocarril y la energía eléctrica estaban cambiando radicalmente diversos aspectos de la actividad económica y humana.
La encíclica Rerum Novarum de León XIII, publicada en 1891, abordó precisamente este tema, destacando que la dignidad humana nunca debe subordinarse al capital ni al Estado, sino que la persona va en primer lugar, como fin y nunca como medio.
Resulta interesante observar que el papa León XIV, del mismo modo, asume el máximo cargo en la Iglesia Católica dentro de circunstancias complejas, pues estamos presenciando un cambio de era en muchos sentidos.
La cuarta revolución industrial impulsada por plataformas digitales, inteligencia artificial, y demás tecnologías traerá nuevas formas de interactuar y asimilar el mundo. Aquí se pondrá a prueba la valía del Papa como líder y referente moral.
León XIV, en su etapa como sacerdote en Perú, tuvo el enorme valor de dirigir y sostener posiciones críticas ante la violencia y la injusticia. Fue claro al denunciar las violaciones a derechos humanos del gobierno peruano (del presidente Alberto Fujimori) y las atrocidades cometidas por el grupo terrorista Sendero Luminoso.
Seguramente, tendrá el mismo arrojo para denunciar los excesos y agravios que hoy se suscitan en el mundo, por parte de gobiernos y organizaciones de otro tipo.
El mensaje que dirigió Prevost al salir al balcón de la Basílica de San Pedro, ya como León XIV, tuvo impacto en muchas latitudes. Empezó hablando de paz, haciendo un llamado a terminar con la guerra, y prometiendo a los fieles que el mal no va a persistir, mientras no tengamos miedo.
En la misma línea, emitió un mensaje simple, aunque poderoso: Dios nos ama a todos. Repitió la misma frase algunas veces, poniendo énfasis en la palabra todos, lo cual sugiere una invitación a la unidad y a la hermandad.
Todo apunta a que León XIV, dados su perfil y trayectoria, será un gran Papa, cuyo trabajo contribuirá a construir un planeta más justo y más humano. Esperemos que así sea, pues hacen falta líderes dispuestos a enfrentarse a los desafíos del presente y del futuro.— Mérida, Yucatán.
fournier1993@hotmail.com
Licenciado en Derecho, maestro en Administración
