Jesús Retana Vivanco

Emergencia climática. Fin del mundo (cuento). Soy Iker, voy a uno de los refugios de la ciudad. La alarma climática sonó desde hace una hora, necesito darme prisa. El sistema de transporte está muy lento, tengo que apurarme, el oxígeno se me está acabando.

Debo llegar a los alrededores de Ciudad Universitaria donde está el refugio antes de que se llene y lo cierren. Mi válvula de oxígeno casi en rojo, no puedo quitarme la mascarilla, el aire está muy contaminado, las bocinas de la calle anuncian la peligrosidad.

Tengo que bajarme en la terminal del TUVO (Transporte Urbano Vial con Oxígeno); está a un kilómetro antes del refugio. El Presídium gobernante lo instaló hace 5 años, en 2049, al sur de la ciudad, junto al  asta bandera de la Federación que gobernó este país.

De todas maneras, tendré que comprar otra válvula de oxígeno y si no llego a tiempo, le pediré posada a mi primo para dormir en su casa. El problema es que hay que caminar, ya es de noche, no puedo arriesgarme a un asalto de los vándalos chinos que habitan por esta zona.

A toda prisa Iker se dirige a una tienda a punto de cerrar para comprar su cápsula de oxígeno. Pide la ampolleta plástica y la conecta al contacto de su mascarilla. Siente cómo su cuerpo se revitaliza en cuanto da una bocanada del aire. Coloca el tanquecito en el compartimento de su chamarra y paga los 15 scrolls del tanque (moneda mundial).

No sabe exactamente qué hora es, la oscuridad aún no es total, con la pesadez del aire es muy fácil   confundir entre oscuridad y contaminación. Mira su reloj que marca las 7:15 de la noche en ese otoño donde los cuerpos sudorosos por los casi 60 grados, denuncian el olor ácido en el ambiente. Es hora de apretar el paso y pedir aventón. Las casas, muchas de ellas vacías abandonadas, fiel reflejo de lo que fue un desastre que no se pudo evitar.

Aún tengo un poco de agua para llegar al refugio. Un motociclista me da aventón,  justo alcancé  a llegar unos minutos antes de que lo cerraran.

El aire “fresco” de 38 grados me recibe. La ropa se hace pesada. Se escuchan los truenos a lo lejos como si presagiaran una tormenta pero solo es el amago de los cambios de temperatura de 60 a 50 grados que interfiere las capas atmosféricas y provoca un cambio con relámpagos sin lluvia.

Me acomodaron junto a un niño de 13 años que no parece tener prisa por nada y su mirada apacible lo hacía sentirse raro entre toda la gente que entró al refugio.

¿Cómo  te sientes?, le pregunto.

Su contestación en tono cortante mirando hacia arriba; me responde “Bien”.

En eso se acerca un hombre y me dice que se trata de Mateo, el niño que decían manipulaba el clima de acuerdo a sus emociones o latidos del corazón.

–Ya había oído hablar de él –le comenté

–Estamos en una emergencia climática de calor extremo que puede durar otros seis meses o bien, mañana puede iniciar una nueva era con un día resplandeciente. Lo soltó así, sin más ni más. Le pregunté si era un buen presagio o era su imaginación..

–No lo sé, pero creo que mañana vamos a tener un cambio en el clima que nos va a hacer muy felices.

–¿Cómo crees que puedes pronosticar algo así? –le pregunte.

–No lo pronostico, lo siento aquí­ (tocándose el corazón).

Decidí no polemizar con el niño ya que había gente esperando a que terminara de hablar conmigo para pedirle que tratara de cambiar el clima.

Pasó la noche y sentí una sensación muy rara, se había disipado el calor interno del refugio y me acerqué a ver en el termómetro, la temperatura exterior marcaba 28 grados, ¡Increíble! El niño me miró de reojo y le dije: “Pues sí, la temperatura es la que hace mucho tiempo no habíamos tenido”.

–Fantástico el don que tienes, Mateo.

El hombre que estaba junto a nosotros dijo “Ese don lo sembró Dios en la tierra para tener un nuevo principio como humanidad”.

No entendí lo que quería decir, al momento que se abrieron las puertas del refugio y comenzamos a salir ante un sol tibio, el cielo despejado y un aire limpio como si nos estuvieran dando otra oportunidad de vivir de nuevo, era como un milagro. En los últimos 15 años no habíamos tenido un despertar como éste.

Un silencio en el ambiente… Gente maravillada de ver el cambio. Al mirar hacia la esquina veo que Mateo se acercaba, pero traía otra ropa, era la misma cara pero otro niño y otro igual y otro, iguales todos.  Ojalá que sea una oportunidad para reescribir la historia del fin y el principio de un nuevo mundo.— Mérida, Yucatán, 23 de junio de 2025

X (antes Twitter): @ydesdelabarrera

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