“Se suele pensar que los procesos creativos únicamente ocurren de manera solitaria, pero muchas obras, incluso de la talla de autoría de Shakespeare, han surgido de la cooperación. Aunque no exenta de polémicas y sinsabores, las colaboraciones artísticas señalan otras rutas de la creación más allá del culto que rendimos al genio y al talento individual”.— María Sofía Rivero y Eduardo Huchim Sosa en “El discreto encanto de la coautoría”. Letras Libres No.320, agosto 2025

Siempre fiel a su estilo, el Ayuntamiento de Mérida recogió las inquietudes de grupos sociales relacionados e interesados en la importante labor de los cronistas para dejar huellas imborrables en el devenir histórico de nuestra ciudad capital. Las universidades, colegios de profesionales y grupos de la sociedad civil que funcionan en las actividades para conservar o desentrañar la historia local, acudieron a la convocatoria, lo hicieron con propuestas de gran calidad, luego de ser muy bien estudiadas.

Mayor estudio realizó un comité municipal creado exprofeso para sugerir al Cabildo las designaciones, con base en las propuestas. Después de filtraciones, que no faltan, pero tampoco se trataba de un secreto de Estado, el Ayuntamiento, designó a dos nuevos integrantes: los doctores Jorge Cortés Ancona y Jorge Victoria Ojeda

Proceso muy difícil para sustituir a integrantes de la talla de don Jorge Álvarez Rendón, don Juan Francisco Peón Ancona y el Pbro. José Florencio Camargo Sosa, quienes ya cumplieron con su misión de vida.

El cronista municipal narra lo que sucede con el sentimiento de identidad regional, con el orgullo honorífico de su nombramiento, para hallar lo enorme en lo pequeño que permanecía olvidado; es una especie de juglar moderno. Cierto es que se requiere de la preparación académica, de la disciplina en la investigación de los acontecimientos, aquello resulta fundamental, tanto como la pasión del cronista municipal en lo que hace como transmitirlo en forma elegante, atractiva para los lectores de acuerdo con los cánones de la buena literatura, y por último hay que andar y ver para seguir aprendiendo, porque no todo está dicho. Cada uno de los puntos anteriores parecen condición “sine qua non”. No hay que omitir ninguno en el quehacer de un cronista. No solo es un arte, requiere de sintetizar de acuerdo con la modernidad de las redes sociales en cuanto a las pasiones, ideales y las nuevas ideas que surgen con los descubrimientos, no es solo seguir con una especie de boletines del oficialismo, político, religioso, de la élite social o empresarial.

La crónica es, ha sido y será la herramienta para dejar constancia de los acontecimientos y preservarlos en la memoria colectiva. Se requiere documentar bien los hechos y sucesos significativos, pero también aquellos pequeños, ocultos por diferentes razones, y que aun así impactan en la vida comunitaria en donde nadie posee la verdad absoluta ni la exclusividad para documentarlos desde su propia perspectiva.

Lo que se relate será para darnos mayor sentido de identidad y pertenencia comunitaria en el constante mutar de los tiempos. No es para vivir en el pasado, sino recrearlo para entender cómo se origina nuestro presente y contribuir a la construcción de un futuro mejor. En cuanto a eso es una pequeña línea muy tenue que separa de la labor del historiador, quienes muchas veces consultan a la labor de estos narradores y aplican la metodología de la historia para interpretar y difundir. Se adquiere gran responsabilidad al aceptar la designación como Cronista Municipal porque las investigaciones modifican frecuentemente conceptos que ya se consideraban establecidos como insuperables. No estará libre de polémica su labor, muchas veces mal interpretada.

En ciudades grandes de Yucatán, con sello e identidad propios, como Mérida y Valladolid, por ejemplo, un Consejo de Cronistas es necesario para hallar las verdades alternas a una sola visión, desde luego que también aplica a los municipios pequeños, pero resulta más complejo organizarlos. En la Sultana del Oriente, donde hay dos cronistas muy activos y brillantes, urge ocupar el lugar que dejó vacante Renán Góngora Biachi (QEPD). Harto trabajo de selección tendría la sociedad vallisoletana y su Ayuntamiento para llenar la silla vacía del gran médico y cronista.

La crónica debe orientar para entender las condiciones en una época que encuadre en la comunidad de la que forman parte. Los nuevos cronistas de Mérida son poseedores de un amplio currículum, incluso con posgrados en el extranjero, además su magisterio y numerosas publicaciones avalan su designación.

Tanto el Dr. Victoria Ojeda como su homólogo el Dr. Jorge Cortés Ancona han aportado a la literatura local, la investigación histórica, la cátedra universitaria, todo lleno de contribuciones de gran calado para el Estado y la ciudad.

Jorge Cortés, tizimileño, perteneciente a distinguida familia, llegó a la capital para sus estudios profesionales y muy pronto se convirtió en un promotor y líder cultural de gran trascendencia.

Jorge Victoria es socio fundador de la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán, siempre con magníficas aportaciones en las sesiones mensuales de esta organización, donde sin egoísmos comparte sus conocimientos y experiencias. Ambos son personas sencillas para escuchar y dar nuevas perspectivas al Consejo de Cronistas de Mérida, junto con el ya existente, Gonzalo Navarrete Muñoz, con muy esclarecida labor.

Felicitación al Cabildo Meridano por la rápida respuesta a esta inquietud y en lo particular a la presidenta municipal, Cecilia Patrón Laviada, por el interés demostrado para esta actividad necesaria en el registro de los acontecimientos locales, pero también por informar que pronto se emitirá otra convocatoria exclusiva para la integración de mujeres en este Consejo. ¡Enhorabuena!—Espita, yucatán

Escritor, docente y cronista de Espita

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