“¿Quieres fornicar?”. Eso le preguntó a Babalucas una musa de esquina. “No, gracias —declinó el badulaque—. Ya tengo demasiadas tarjetas”.
La romántica doncella arrancaba uno por uno los pétalos de la margarita al tiempo que decía: “Me quiere. No me quiere”. Al final exclamó con alegría: “¡Me quiere!”. La mamá de la joven le dijo con tono acre: “Ahora pregúntale te quiere qué”.
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