La mayor parte de las agresiones a mujeres en Yucatán proviene de sus parejas o exparejas. El estado se ubica entre los de mayor índice de violencia familiar, en el noveno lugar del país según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021, advierte la doctora Gina Villagómez Valdés.
Los datos sobre lesiones dolosas denunciadas por yucatecas muestran que el problema se concentra principalmente en la familia.
Las estrategias de política pública en la entidad han sido insuficientes para prevenir y atender este flagelo social, señala la investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán al analizar los casos de 72 víctimas de este delito.
La Agenda de las Mujeres por la Igualdad Sustantiva en Yucatán reportó 117 mujeres víctimas de violencia durante el primer semestre de 2026. De esa cifra total, 72 correspondieron a lesiones dolosas.
La doctora Villagómez Valdés, activista por los derechos de las mujeres, confirma que una agresión física es un indicador claro de que una víctima se encuentra en riesgo de sufrir violencia aún más grave posteriormente.
Cualquier tipo de agresión física constituye un paso definitivo hacia una situación de alto riesgo. Las investigaciones al respecto revelan que la violencia suele avanzar en lugar de desaparecer, debido en gran medida al silencio de las víctimas.
Los feminicidios en el estado siempre han sido antecedidos por violencia en el hogar desde la infancia, de manera que se piensa que así son las cosas y nunca cambiarán.
La violencia se vuelve “natural” y el miedo al agresor se incorpora como parte de la vida de las mujeres. Vencer el miedo es lo más difícil, por eso las mujeres no se atreven a enfrentarse al agresor y denunciar.
“Y quienes llegan a dar el paso de la denuncia, pasan un vía crucis personal, familiar y judicial durante el proceso. Se sienten solas, no tienen recursos, dependen económicamente de él, temen la crítica social y no hay confianza en las autoridades. Por ello el problema crece”, señala
Señales de violencia
Las señales deben identificarse desde el noviazgo, explica.
Cuando la pareja controla tu tiempo, cómo te vistes, verifica dónde y con quién sales, te controla las salidas con amigas e incluso con parientes, verifica donde estás, revisa tu celular o contenidos digitales, es un signo de alarma para que reconsideres continuar con esa relación, subraya
La mayor parte de las mujeres piensa que su novio, pareja o esposo va a cambiar, pero la realidad es que un maltratador tiene incorporada la convicción de poder dominar a la mujer, porque así lo vio en su casa y la sociedad así se lo enseñó.
Las agresiones suelen detonarse con la presencia de alcohol y consumo de drogas. A las primeras señales de control y maltrato debes alejarte. El problema es que el “amor” enmascara a invisibiliza la violencia. Y cuando ya estas casada o tienes hijos, quieres mantener el matrimonio por el bien de la familia.
Las mujeres comienzan a justificar sus comportamiento y tienen la esperanza de que con el tiempo todo puede cambiar, expone.
Marcar el alto pronto
Si las mujeres frenan al agresor alejándose o denunciándolo desde el primer grito, maltrato o golpe, existe la probabilidad de que el individuo aprenda a controlar sus emociones y lo piense dos veces antes de reincidir, expone la doctora Gina Villagómez Valdés.
