CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
“Perro que ladra no muerde”, reza el popular refrán que muchos chavistas creyeron ley en la relación entre Trump y Maduro. Hoy, con el mandatario venezolano detenido, queda claro que la fanfarronería no siempre es inofensiva. Maduro retó una y otra vez al norteamericano, mientras sus huestes asumían que el populismo trumpista no pasaría de la amenaza reiterada.
¿Qué motivó finalmente a Trump? Marco Rubio ofrece algunas pistas: “No queremos ver llegar más pandillas a nuestro territorio. Queremos que el narcotráfico cese y que la industria petrolera no beneficie a los adversarios de EE.UU., sino… al pueblo”. La democracia en Venezuela no es, desde luego, la prioridad; la amenaza a los intereses de la gran potencia, sí.
El poderoso secretario Rubio afirma que “la historia nunca empieza donde uno quiere”. Intenta justificar las negociaciones vigentes con el régimen chavista y la aparente falta de apoyo a María Corina Machado y a su movimiento opositor. En transiciones duras, argumenta, “se negocia con quien puede apagar o encender el fuego, no con quien tiene la razón moral”.
Con el 17 % de las reservas mundiales de petróleo crudo y peligrosos nexos con Rusia, Cuba, China e Irán, Venezuela no es cualquier cosa para Donald Trump. “No es Libia, Iraq o Afganistán; nuestra misión aquí es muy diferente: se trata del hemisferio occidental, de nuestro continente”, explica Rubio. “Nos enfrentamos a una seria amenaza para los intereses estadounidenses”.
Para el populismo norteamericano, lo primero es preservar la narrativa interna; por eso las amenazas son pieza clave del discurso de Trump, orientado a reforzar su imagen de líder duro ante la base electoral. A Maduro había que detenerlo, no necesariamente por el bien de la democracia: “los intereses del pueblo” justifican cualquier arbitrariedad o abuso de poder.
Donald Trump busca exhibir mano dura contra las drogas —en particular el fentanilo— y el crimen organizado. También son prioridad el flujo de migrantes sudamericanos a través de México, así como condiciones económicas favorables, vía aranceles proteccionistas, para las empresas de su país. Todos son temas centrales para la base política de un trumpismo en desgaste.
La democracia en el patio trasero del “imperio” es secundaria. Primero el interés económico; después, la estabilidad democrática, de la que se asumen custodios. De ahí el esfuerzo por justificar la captura de Maduro mediante la exhibición de atrocidades del régimen y millonarios fondos confiscados en Suiza. De ahí, también, las reiteradas amenazas a México.
El presidente Trump insiste en que los narcos gobiernan nuestro país y eleva el tono del ultimátum: “hay que eliminar a los cárteles; los atacaremos en su propio territorio”. Algunos ingenuos, desde la oposición, rezan para que así suceda, con la ilusión de “rescatar la democracia”; otros, desde el régimen, se rasgan las vestiduras y desempolvan el discurso antiimperialista.
“SOBERANÍA”
Claudia Sheinbaum llama a la calma y asegura que dialogará con la administración Trump. “Aquí manda el pueblo, somos un país libre y soberano; cooperación sí, subordinación e intervención, no”, se defiende. El gobierno de México hace casi todo lo que Washington le solicita y sabe que a Donald Trump no le gusta que lo reten; aun así, las presiones en EE.UU. aumentan.
Disgustados, legisladores republicanos denuncian que México desplazó a Venezuela en 2025 como el principal proveedor de petróleo de la dictadura cubana y exigen a Trump que actúe. A ello se suma la presión por los supuestos nexos del gobierno mexicano con el crimen organizado. El fentanilo es declarado “arma de destrucción masiva” y los cárteles, “grupos terroristas”.
En Washington no son ajenos a las acusaciones de vínculos del morenismo con los narcos, en particular a los apoyos del Cártel de Sinaloa a sus campañas políticas. También conocen los presuntos acuerdos con la narcopolítica venezolana y la cubana. Reclaman la falta de acción contra la red que rodea al expresidente López Obrador, pero, por ahora, han preferido el “diálogo”.
La amenaza está latente y el régimen lo sabe; por eso el llamado urgente del morenismo a defender “la soberanía de México” y “la valentía de la presidenta”. Comienza un año de grandes incertidumbres, entre las que destaca el riesgo de un mayor intervencionismo del Norte en materia de seguridad, migración y combate a las drogas, como alertó esta semana Integralia.
INCERTIDUMBRE
La reconocida consultora advierte sobre los focos rojos para 2026: un entorno de alta incertidumbre política y económica, producto de la concentración de poder, la debilidad institucional y un clima adverso para la inversión, que se extiende por todo el país a medida que avanzan los tentáculos del obradorato. El aumento de la inseguridad ocupa un lugar prioritario.
En Yucatán se multiplican las alertas sobre el deterioro reciente. Destacan los informes sobre el aumento de la informalidad, la desaceleración y el incremento de personas desaparecidas. Tampoco debe menospreciarse la exhortación del Arzobispo a “no caer en la falsa tranquilidad” frente a la violencia del crimen organizado, evidenciada en casos como el de Dzilam González.
La salud democrática y el dinamismo económico son responsabilidad de todos. No seamos ingenuos, esperanzados en amenazas imperialistas o en arrebatos populistas. Donald Trump actuará conforme a sus intereses y a las presiones de su país; el obradorato, por su parte, insistirá en la coartada de la “soberanía” para evadir responsabilidades y no enfrentar la realidad.
México y Yucatán necesitan instituciones confiables, una comunidad organizada y justicia efectiva; urgen contrapesos reales al poder político, capaces de poner frenos constantes a la tentación autoritaria. El populismo déspota se derrota con reglas claras, defendidas sin miedo. No basta con enarbolar valores: la lucha democrática no puede ser ingenua.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del texto?
El mensaje central del escrito es que la democracia no se defiende con ingenuidad ni con ilusiones, ni depositando esperanzas en amenazas externas ni refugiándose en discursos populistas de soberanía. Las potencias actúan conforme a sus intereses —no por convicciones democráticas— y los regímenes populistas utilizan esa realidad como coartada para evadir responsabilidades internas.
El texto advierte que el populismo, tanto el autoritario como el que se disfraza de “mano dura”, subordina la democracia a la narrativa y al cálculo político, y que en ese juego los ciudadanos pierden si renuncian a la vigilancia crítica. Ni Trump actuará como salvador democrático, ni el obradorato enfrentará la crisis institucional mientras le resulte rentable el discurso victimista y nacionalista.
La conclusión es un llamado claro: la única defensa real de la democracia y del desarrollo está en instituciones fuertes, contrapesos efectivos, justicia y una sociedad organizada, capaz de resistir la tentación autoritaria sin miedo y sin ingenuidad. Sin reglas claras y sin responsabilidad cívica, la democracia queda a merced del abuso de poder, venga de fuera o desde dentro.
