El diablo sabe a quién se le aparece…
Una nueva intervención militar estadounidense en México para intentar liquidar a los cárteles, no solo implicaría otra violación a nuestra soberanía, una peligrosa y temeraria ruptura en las relaciones bilaterales, además de una abierta transgresión a la convivencia civilizada internacional, sino que, un ataque de semejante naturaleza detonaría una crisis diplomática y militar de proporciones inimaginables, sin olvidar que somos el primer cliente de Estados Unidos. En lugar de eliminar a los cárteles, Trump los fragmentaría al surgir múltiples líderes de grupos más pequeños, deseosos de apoderarse a cualquier precio de más mercados y territorios, lo que daría lugar a más asesinatos, secuestros y desapariciones, en el entendido que la inestabilidad social originada por la invasión se traduciría en más inseguridad, parálisis económica, desempleo y migración.
La intervención no extinguiría el conflicto facineroso, sería peor el remedio que la enfermedad, pues el crimen organizado evoluciona eficazmente en un ambiente de absoluta corrupción, como el mexicano, con masas marginadas en el reino de la impunidad, atenazadas por la ignorancia, sepultadas en la marginación, sin acceso a la justicia ni a servicios sanitarios públicos.
Lo primero que se pudre del pescado es la cabeza, sostienen los chinos, y nuestro gobierno está podrido hasta la médula. Los cárteles se adaptan rápidamente, innovan la producción e improvisan nuevas rutas de contrabando con sorprendentes tecnologías.
Imposible olvidar que la Guerra México-Estados Unidos (1846-1848), concluyó con la pérdida de más de 2 millones de kilómetros cuadrados del territorio nacional. La derrota, considerada como el robo más grande de la historia, produjo un resentimiento permanente, un recordatorio de nuestra vulnerabilidad histórica, además, de una fuente de desconfianza respecto al poderoso vecino del norte. A la fecha existe una combinación entre admiración y recelo, en realidad, una herida que jamás ha llegado a cicatrizar. Trump no debería arrancarnos las costras.
Otra intervención militar alimentaría el nacionalismo antiestadounidense en México, se darían ataques en contra intereses estadounidenses, además de inimaginables venganzas de parte de las bandas en Estados Unidos dedicadas al tráfico de narcóticos. En México no necesitamos marines, necesitamos democracia, Estado de Derecho, justicia. Los drones artillados y las balas norteamericanas no extinguirán el crimen, sino lo multiplicarán, escalará la violencia, empezará el desquite de afectados y se cancelaría, a un costo muy elevado, la colaboración entre “Vecinos Distantes”, pero muy cercanos en términos geográficos. En Colombia, después de invertir 10 mil millones de dólares en entrenamiento militar, no desapareció el narcotráfico, solo se reubicó en América Latina…
Estados Unidos ha causado heridas profundas e inolvidables en la memoria colectiva de los mexicanos. Si Trump cometiera el imperdonable error de invadirnos militarmente, provocaría la salida de AMLO de su herpetario tabasqueño para que, una vez envuelto en el lábaro patrio, saliera a defender los restos de la patria que él mismo destruyó. Si Washington no desea un vecino devastado al estilo cubano o venezolano, no debería hacer de AMLO otro Castro, otro dictador, enemigo feroz de Estados Unidos que también sepultaría a México en la miseria.
No, presidente Trump, no: jamás olvide —el ¡Yankee, Go Home!— pues, entre otras consecuencias desastrosas, convertiría al viborezno y a sus crías, en grandes héroes de la República. Lo mejor que les podría ocurrir a estos desertores de la justicia, es pasar a la historia como víctimas de las balas del invasor para ser honrados en el altar de la patria como sus perínclitos defensores, cuando ellos habrían sido los causantes del desastre al haber defenestrado el futuro de México, entre otras razones, a través de sus alianzas innombrables con el crimen organizado.
El narcotráfico afecta a ambos países. México ha fallado en su erradicación y Estados Uidos en la distribución y en el consumo. No existen las culpas absolutas, solo que el ejército mexicano no puede burlar la frontera de Estados Unidos para imponer el orden. Antes de que nos suspendan la venta de gas o de gasolina y paralicen al país, tomemos las medidas idóneas para evitar males mayores de toda naturaleza…
Escritor
Lo mejor que les podría ocurrir, es pasar a la historia como víctimas de las balas del invasor para ser honrados en el altar de la patria
