“[…] el sol […] esparce su fulgor hacia el poniente. Y, clavando mi vista en él, hago memoria…”— Fragmento de Atanás Delchev. Poeta búlgaro en Anochecer, publicado por Hernán Bravo Varela en Nexos de enero 2026
Los amaneceres de la humanidad siempre fueron esperanzadores con la nueva luz del día, no así los ocasos con la negrura de la noche. Se vivió así durante miles de años y los poetas utilizan esos dos eventos naturales de la vida diaria para significar como esperanzadores los amaneceres con el brillo de la luz solar cuando resurge la alegría de vivir con esperanza para lograr nuestros proyectos. No es que la noche sea mala, sino, tal vez trae la incertidumbre, aunque también resulta romántica y propicia a realizar planes, reflexiones y otros menesteres.
El amanecer en la vida es un ascenso y el ocaso es lo contrario, sucede en los políticos, en los intelectuales, artistas, etc. Siempre así se utilizan las metáforas de nuestras primaveras, veranos, otoños de la vida personal en el crecimiento, la plenitud o el declive. Quizá se utilizó en la poesía antes que en la ciencia para describir el desarrollo individual: Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida… Amado Nervo en el poema En Paz, tan famoso.
El título de este artículo y el epígrafe me parecieron idóneos para comentar el primer informe de gobierno de mi amigo y compañero de luchas, Joaquín Díaz Mena, Huacho con afecto. No sé si él me siga considerando así, porque como algunos me dicen lo golpeo en mis escritos en los que solo hago señalamientos con el fin de que ocupe un lugar brillante en la historia política de esta complicada entidad.
Al enterarme que el informe sería en el Puerto de Altura a 9 kilómetros de la costa, inaccesibles para el pueblo, aunque lo transportaran con el peyorativo nombre de acarreados, vino a mi mente la aurora de su gobierno. Aquella noche, previa a la toma de posesión, acudí a Misa en la Iglesia de Santa Ana para pedir que tuviera una buena gobernanza, por su bien mismo, pero, sobre todo, por el de nosotros los yucatecos.
Aquella noche, después de saludar a sus familiares y amigos me instalé en una de las bancas y al llegar Huacho en compañía de Wendy su esposa y exalumna mía en la Normal, tuvieron la gentileza de acercarse a saludarme y preguntar por mi salud. Posterior al servicio religioso, frente al templo me saludaron nuevamente para preguntar si tenía cómo irme. Mi hija Ximena vendría por mí, les dije. Varios amigos ofrecieron llevarme a la Plaza Grande al evento, agradecí diciendo que era imposible, dada mi situación, y que lo vería por televisión.
Así fue, vi un gobernador que era Huacho, bañado de pueblo como siempre ha sido su costumbre como político, era esperanzador en el albor sexenal, era la oportunidad para que en la capital conocieran a quien fuera un gran prospecto ya muy curtido en los menesteres de la difícil vida del quehacer político.
Qué lamentable me resultó cuando leí que el primer informe de gobierno se realizaría, no tan solo fuera de Mérida, sino de territorio yucateco, porque era federal bajo custodia de la Armada de México el lugar que se había escogido a 9 kilómetros de la playa y con los excesivos protocolos para ingresar, muy propios de las fuerzas armadas. ¿Un año bastó para alejarse del pueblo que lo encumbró? Me pregunté.
Lo previsible en nuestros tiempos que no contemplaron los organizadores, lo llevó nuevamente a la capital del Estado. Algunos acusan de improvisación ante el cambio de sede. Lo veo como suerte, Maquiavelo llamaba “fortuna”. El autor de El Príncipe señala en el Capítulo XXV de su aún vigente obra, que aquella depende algo así como la mitad del actuar del gobernante, la otra, obviamente de la audacia, lo que es lo mismo que la fortuna favorece a los gobernantes audaces, no a los pasivos. Fuerza, inteligencia, marrullería, intrepidez, energía, son requisitos para gobernar bien.
Si se espera que se desate una crisis de gobernabilidad será más difícil controlarla. Los tiempos de estabilidad son propicios para prever la construcción de defensas. Seguro siempre existen “quintacolumnas” en los gobiernos.
Según el florentino renacentista, de los más importantes autores de teoría política aún vigentes en el mundo actual, las armas propias o los equipos propios son lo único seguro. Sin aquellas, se está condenado al fracaso (Cap. (XII-XVII).
Los mercenarios, –le añado los chapulines– participan por dinero, no por lealtad, huyen en el peligro o traicionan, son inútiles y, además peligrosos. Si algún otro poderoso apoya con su ejército, es aún más peligroso que los mercenarios. Si se gana se dependerá de él con su poder y la fortuna dejará de favorecer al apoyado, como decimos en Yucatán fue gana pierde, porque dilapida su autoridad y empieza a vislumbrarse el malogro del Estado.
Dejemos a Maquiavelo y pensemos lo que hubiese sucedido si el informe se realizaba con el bello espectáculo del ocaso sobre la mar. ¿No sería distinto a aquel renacer en la noche de la toma de posesión según el mensaje que da la naturaleza? La fortuna no permitió que se diera y digo fortuna ante la falta de previsión climatológica. Falló la insistencia de los hermanos López de llevar a la clase política a ver el espectacular ocaso con el mensaje que esto implica.
Del contenido del informe ya se habló y escribió mucho. Pero considero que la crítica por “adornarse” con la inversión federal no pesa mucho, porque la parte anterior de Puerto de Altura, también lo fue por gestión ante el gobierno federal.— Espita, Yucatán
Escritor, docente y cronista de Espita
