Los políticos, en su mayoría, se alejan del pueblo, de los compromisos contraídos con la comunidad y de las promesas que señalan, con vehemencia, en los discursos.

Todo se olvida al llegar al puesto anhelado. El poder los ciega, los transforma. Y esto no es característica de algún funcionario, político o gobernante de determinado partido, sino de todos los colores.

Alcaldes, diputados, senadores, gobernadores, funcionarios y presidentes viven en la opulencia, entre lujos, derroches, viajes al extranjero; ropa, bolsas, zapatos y relojes de marca; automóviles, casas, departamentos, mansiones, camionetas, ranchos y demás. ¿Es posible que el salario que reciben les dé para tanto?

En el ayer, priistas y panistas se sirvieron los presupuestos en bandejas de plata, y el pueblo quedó rezagado olvidado, en la pobreza. Los partidos opositores criticaron duramente estos actos de corrupción. Algunos casos se investigaron, unos gobernadores, funcionarios y políticos fueron enjuiciados y encarcelados.

Morena llega al poder y enarbola la lucha contra la corrupción, la austeridad republicana, la humildad, la cercanía al pueblo, primero los pobres y la trilogía: no mentir, no robar, no traicionar. Y se le aplaudió.

Pero Morena recicla a políticos de otros partidos, abre las puertas a todos esos tránsfugas y se produce una entrada masiva de personas que buscan mejores perspectivas para su futuro político y económico, aprovechar la fuerza de este partido en el poder y, además, protegerse de las denuncias y los oscuros antecedentes. Buscan el borrón y cuentas nuevas.

Y para muchos políticos, acostumbrados al lujo y al derroche, la austeridad pesa. Es un estilo de vida al que no están acostumbrados. Olvidan humildad, sencillez, el servicio a la gente y sus compromisos. Y se alejan del pueblo.

Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vivió una experiencia sobre esta lejanía de los servidores públicos hacia el pueblo. En San Quintín, Baja California, la mandataria se detuvo frente a miles de lugareños que protestaban por las carencias que tienen y el abandono de las autoridades.

En ese municipio de producción agrícola, muchos no reciben ni el salario mínimo, carecen de escuelas, de hospitales de medicinas y de calles en buen estado, pero sobre todo de la atención de la presidenta municipal, legisladores y funcionarios.

Después de escuchar las protestas, la presidenta llegó al lugar donde presentaría el Plan de Justicia para Trabajadores Agrícolas de San Quintín, pero en las afueras había un grupo de morenistas, encabezados por la presidenta municipal de ese lugar, un senador y legisladores que le pidieron a coro: “foto, foto, foto”. La mandataria se detuvo, giró y con el semblante serio, les expresó: “Hay que trabajar más con la gente, salgan… hay que estar en el territorio”. Y siguió su camino.

Un regaño presidencial que va para todos esos políticos, funcionarios, legisladores, gobernadores que solamente están viendo la marca de su vestuario y de la cónyuge, la calidad y limpieza de sus zapatos, qué casa o camioneta adquirir, de qué partida, proyecto o construcción se podrá sacar un “moche” para el enganche de un rancho o nueva vivienda o para el viaje al extranjero.

Hay muchos ejemplos de esa falta de austeridad y de lujos y excesos de esos políticos. En el Senado había un salón de belleza que generaba gastos millonarios para “embellecer” a nuestros legisladores. Ante las críticas y presiones se cerró recientemente.

Los ministros de la Suprema Corte de Justicia adquirieron 9 camionetas de lujo blindadas, de más de dos millones de pesos cada una. Las críticas y los cuestionamientos a la política de austeridad hicieron que se diera marcha atrás a este derroche.

Días después, el presidente de la SCJN deja que una secretaria y otro ayudante, inclinados, le limpien los zapatos. Uno puede inclinarse y limpiarlos si se mancharon o entrar así y evitar esas actitudes de soberbia. Esto no es humildad.

El presidente municipal de Tequila, Jalisco, es detenido por abusos, extorsión y nexos con grupos delictivos. Sin embargo, a pesar de las denuncias en su contra, Morena lo dejó un tiempo hasta que el hilo se reventó.

Lo mismo sucedió con Adán Augusto López, quien ante los escándalos por las acusaciones cuando fue gobernador de Tabasco, por el caso de su jefe de Seguridad, ya encarcelado, y por una serie de conflictos de intereses, se tardó mucho para que se le obligue a renunciar a la coordinación de Morena en el Senado. Pero se cuestiona que no haya investigación a fondo, ni sanciones.

En una llovizna, los paraguas surgen de los acompañantes para cubrir al gobernador Joaquín (Huacho) Díaz Mena. Un político al estar frente al pueblo o caminando junto a los ciudadanos no debería cuidarse del agua, de los baches o del lodo, porque se supone es parte del pueblo. Hacer lo contrario es mostrar falta de humildad y sencillez.

Además, la esposa del gobernador no es austera, pues adquiere ropa de marca, Carolina Herrera o McDuggal, de veinte mil, treinta mil o más pesos, y un presupuesto alto para cuestiones de belleza personal. ¿Es esto sencillez y humildad?

En el interior del estado los alcaldes y alcaldesas morenistas también hacen de las suyas. Cambian su estilo de vida. Utilizan ropa de marca, compran camionetas de lujo, es más, hay quienes ya adquirieron ranchos y cabezas de ganado en un año de “servir” al pueblo.

Este regaño presidencial debe extenderse al país y en todo nuestro estado. Aquí los funcionarios y legisladores hacen de las suyas. El caso del director de la Japay, Francisco Torres, quien se fue al norte de la ciudad, con algunos de sus empleados, y rentó unas oficinas confortables con costos millonarios y cientos de miles de pesos mensuales, y dejó a muchos en las oficinas del centro. ¿Es esto austeridad y humildad?

Necesitan un llamado de atención por parte del gobernador y enderezar el rumbo. Dejar atrás lujos, derroche y “moches” y enfocarse al avance de la sociedad. Pero el mejor regaño sería el que dieran los ciudadanos a esos malos servidores públicos.— Mérida, Yucatán

Profesor

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