Editorial

Nadie por encima de la ley, ni nadie que no lo merezca sea favorecido por la justicia, así señalan con insistencia las autoridades en los discursos oficiales, pero en la realidad esta narrativa se desmorona, en muchos casos las leyes y la justicia se doblegan ante el poder político y el económico.

Así vemos con frecuencia cómo alcaldes, legisladores, jefes policiacos, gobernadores y funcionarios son protegidos por el manto de la impunidad, incluso premiados con otros puestos, cuando son acusados y denunciados por abusos, mal uso del dinero público, opacidad en el rendimiento de cuentas, enriquecimiento y corrupción generalizada.

Y son los periodistas y la prensa quienes informan a la comunidad, incluso cuestionan y critican esos abusos y la corrupción de las autoridades, a pesar de los riesgos, obstáculos, amenazas, presiones e incluso acciones cruentas a las que se enfrentan muchos comunicadores.

Recientemente, un siniestro vial en el Periférico de nuestra ciudad, protagonizada por una camioneta asignada a un alto mando de la Secretaría de Seguridad y Protección y conducida por un uniformado, produjo gran movilización policiaca, interés desmedido por ocultar información y agresión en contra de un periodista.

El siniestro ocurrió en el puente cercano a Dzununcan, cuando la unidad policiaca, que iba a exceso de velocidad, se impactó contra un automóvil y éste golpeó a otros, produciendo una carambola. Vino la llamada y minutos después un despliegue de patrullas y uniformados.

No hubo interés en esperar el peritaje de rigor, ni atender a las víctimas, ni de hacerse responsable la SSP en ese momento por el percance. Lo que sí hubo fue el interés desmedido de que se lleven la camioneta por una grúa lo más rápido posible y, sobre todo, evitar que se filtre la información.

Sin embargo, un reportero del Diario llegó para tomar fotografías del hecho, al principio no hubo problema al cruzar los conos rojos que impedían el tránsito vehicular, pero cuando los uniformados y el comandante Jesús Novelo, subsecretario de la SSP, que arribó al lugar, se dieron cuenta de que el comunicador estaba documentando el suceso, entonces se lanzaron en su contra para evitarlo y sacarlo de la supuesta “área asegurada”.

El comandante Novelo lo empujó y un uniformado, identificado como Francisco B., quiso arrebatarle el celular, pero falló en el intento, luego, lo fueron siguiendo mientras el salía del “área restringida” y le preguntaba al subsecretario si el comandante Saidén viajaba en la camioneta siniestrada. No hubo respuesta, solo le increpaban su proceder.

¿Qué se trató de ocultar en ese siniestro carretero? ¿Quién iba en esa camioneta de la SSP que causó una carambola por el exceso de velocidad? ¿Por qué tanto misterio en este suceso, a tal grado de agredir al reportero de Grupo Megamedia?

Las autoridades tienen la obligación de otorgar las facilidades a la prensa y los periodistas para que éstos informen a la comunidad. Es una falta de respeto a los ciudadanos y una flagrante agresión a la libertad de prensa y expresión empujar y agredir a un periodista y evitar que se documente el suceso para dar la información.

¿Qué dirán las autoridades policiacas sobre estos hechos? ¿Cómo justificarán el siniestro y la agresión al periodista? Tal vez, como siempre, negarán toda agresión y dirán que es falsa la información dada.

¿Qué dirá el gobernador Joaquín Díaz Mena sobre el profesionalismo de los altos mandos de la SSP? ¿Qué nos informará sobre la libertad de expresión y prensa ante esta agresión contra un periodista? ¿Qué dirá sobre la protección que deben brindar los uniformados a los ciudadanos?

Agredir a la prensa y a los periodistas es agredir también a los ciudadanos. Los abusos y agresiones policiacas están lesionando derechos y encadenando la libertad de prensa y expresión.

Hay muchas agresiones en contra de periodistas en el país para que en nuestro estado las autoridades policiacas y otras insistan en que la violencia es necesaria para manipular a capricho la información y silenciar las voces críticas.

Todos los ciudadanos ansían respeto, protección, una policía profesional y una libertad de prensa sin restricciones. Manipular la libertad de expresión a capricho de las autoridades es caer en el pasado de la tiranía institucional. Nadie desea el renacimiento del monstruo llamado autoritarismo, hijo de la política rupestre. Se supone que vivimos en una democracia y en un Estado de derecho.— Mérida, Yucatán

Profesor

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