Nos enseñaron que la historia, propiamente dicha se inició con la escritura que dejaba evidencias de lo ocurrido, pero pocos analizan que aquellos datos pueden ser sesgados por un eje rector: el poder. Tanto para conseguirlo, reforzar o pasar a la historia como entes divinos.

El gobernador Díaz Mena, sintiéndose también alcalde de nuestra capital, y con el argumento “amlista” de que amor con amor se paga, recorrió colonias populares de Mérida sin la compañía de la alcaldesa electa con el voto ciudadano, para entregar obras.

–Ojalá y así lo hiciera en el interior del estado, donde sólo llega, baila y se va, como dicen los auténticos jaraneros.

Aquello tiene su razón. Si bien es cierto que Don Joaquín ganó en Mérida con la marca Morena, no pudo llevar para su partido la joya de la corona. La muy Cecilia Patrón obtuvo más votos que él. Situación que debe pesar en su lastimado ego por no obtener tan preciado trofeo. Mala combinación suele resultar un ego inflado con celos exacerbados, porque obnubilan.

Todo indica, con su actuar en las colonias meridanas, que va con todo, ¡a “sangre y fuego!, para que Mérida sea morenista. Por años ha funcionado la oposición respetuosa al Gobierno del Estado desde el palacio vecino del Ayuntamiento de Mérida, después de violentas intenciones como cuando ganó Correa Rachó en los años sesenta e intentos posteriores.

Don Joaquín, por querer gobernar Mérida a través de su partido, abandonará aún más la parcela que le otorgó el voto popular, donde ha tenido problemas porque grupos paralelos le restan a su mandato institucional. Descuidará, también, municipios grandes del interior del estado y numerosos pequeños, desatendidos y sin operación política e insuficiencia de recursos.

Se tiene que recurrir a la comunicación institucional para tergiversar los sucesos reales, pero afortunadamente para la ciudadanía se ha descubierto el uso de robots, nombres falsos, presiones a los burócratas para participar favorablemente en las exposiciones a través de Facebook Live, a lo que indique el jefe, siempre bajo supervisión punitiva por los funcionarios de cada nivel. Así publicó la columna Plaza Grande del Diario de manera irrefutable, con “los pelos de la burra en la mano”. Ese no es el camino para recuperarse de la caída libre a su popularidad que manifiestan las encuestas nacionales.

Manipular la historia oficial para hacerla proclive a los grupos en el poder, y en algunos casos, usarla como marco teórico para justificar su actuar, ha sido desde siempre. Aquello pone en duda la cientificidad de esta ciencia social en muchos lectores.

Vasconcelos narró en su “Ulises Criollo”, cuando viviendo en Piedras Negras, Coahuila, tenía que cruzar el Río Grande para estudiar en Eagle Pass, Texas, y decía que las clases de historia resultaban polémicas y a veces terminaban a golpes por la perspectiva de los texanos en los textos, pero, aun así, reconoció que las diferencias ayudaron a formar su pensamiento crítico.

Abundan los apologistas y los detractores en las lecturas históricas, pero su estudio formal no es maniqueo entre santos y demonios, sino entre seres humanos, pecadores todos; además de que su campo no es exclusivo de las élites, aunque su participación resulte preponderante.

En nuestros días, entre cronistas e historiadores, pero también en las pláticas con gente mayor de edad, persiste hablar de Bartolomé García Correa, que según sus detractores era Bartolo, “sin el me”. Le atribuían jocosos comentarios burlándose de su falta de preparación. Permearon entre la sociedad.

Lo que sí se documentó bien desde distintas informaciones fue la matanza de Opichén por órdenes expresas del sanguinario Box Pato como apodaban a García Correa. El Diario denunció la responsabilidad del gobernador en aquel suceso. Fueron 38 campesinos los que perdieron la vida. El 22 de diciembre de 1933, en Espita se realizó un atentado contra el opositor, Don Domingo Peniche Patrón y tres de sus acompañantes. Y el gobernador huyó a la estación del ferrocarril.

Otras burlas hubo para el Gral. Alpuche Pinzón, un buen hombre, pero muy denostado por su pobre actuar político. Recordamos a la hoy diputada Ivonne Ortega, quien llegó a la gubernatura sin la madurez necesaria, pero nadie le quita su audacia. Hoy está en diferente situación, con experiencia, pero tendrá que quitarse el sambenito obtenido durante su gobierno.— Espita, Yucatán

Escritor, docente y cronista de Espita

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