Imposible de ignorar, mientras la capital de Yucatán y otras ciudades del estado se inundan y sus habitantes sufren las consecuencias, no solo calles y espacios públicos convertidos en ríos y lagos, sino algo peor; amplios sectores de la ciudad padeciendo, durante y después de una tormenta, la suspensión temporal de los servicios básicos: electricidad y paradójicamente de agua entubada. En tanto esto sucede en la urbe, es de agradecer que Cháak Chel, la advocación anciana de la diosa Ixchel de la fertilidad, vierta su cántaro de agua sobre las milpas y permita con ello la germinación y crecimiento del maíz, así como de otros frutos ligados a la sobrevivencia de los campesinos mayas.
¡Pero cuidado!, porque cuando nuestra maternal diosa se enoja, como toda madre yucateca se transforma y da miedo, puede convocar a la fuerza de Hurakán que con sus poderosos vientos y tormentas inunda la tierra, malogrando las cosechas tan anheladas y dejando a las poblaciones devastadas, sumergidas bajo agua. Esto pasa cuando algunos humanos ambiciosos rompen el equilibrio, sobreexplotan la tierra, contaminan impunemente nuestros mantos freáticos, destruyan manglares, y otras acciones depredadoras.
Y es que, quienes mandan desde los diferentes niveles de gobierno, como también los empresarios, la ciudadanía, e incluso los líderes de partidos políticos (que se aprovechan de las contingencias para culparse unos a otros y ganar adeptos o mejor aún, para que la vecina de enfrente pierda popularidad), somos corresponsables de los desastres. Nos olvidamos de la naturaleza de nuestro suelo kárstico peninsular que incluye cuevas y cenotes, que está formado por rocas (como la caliza, o el yeso) solubles ante la acción del agua o sea proclive a las filtraciones, los socavones y hundimientos.
A todo esto, debemos sumar que nuestra península de Yucatán es un territorio casi plano y tiene pocos relieves con una altitud media de tan solo 15 metros por encima del nivel del mar. Por lo tanto, cualquier elevación de los mares nos puede hundir o salinizar nuestras reservas de agua contenidas en el subsuelo, dejándonos sin el preciado líquido.
En qué cabeza cabe, me pregunto, poner en funcionamiento un tren sobre las bóvedas de cenotes, cuando debido a nuestro suelo kárstico los pilotes que lo sostiene se destruyen en muy poco tiempo contaminando nuestros ríos subterráneos, mismos que están interconectados con las ciénagas y con el mar.
Pero como dice el dicho: en la culpa se lleva el castigo, toda esa destrucción y contaminación propiciada por la ambición de unos pocos, han convertido antiguos paraísos como Tulum y Playa del Carmen en lugares infestados y malolientes gracias a las mareas rojas, que cada año son peores y más prolongadas. El calentamiento global y la contaminación causada por la desforestación y por la puesta en marcha de proyectos de “desarrollo” irresponsables, mataron a la gallina de los huevos de oro, causando pérdidas millonarias para los que viven del turismo. Lo que nos recuerda la teoría marxista que señala que el sistema capitalista morirá por sus propias contradicciones, lo malo es que antes de que se termine de morir posiblemente nos lleve a todos entre sus patas, ¡claro! si no hacemos algo antes.
A quién se le ocurrió construir fraccionamientos en la capital yucateca sobre terrenos que presentan fallas en el subsuelo como el de Las Américas, cuál es la lógica empresarial más allá de acumular millones en ganancias para unos pocos ambiciosos e irresponsables fraccionadores. Y si a eso le sumas la irresponsabilidad de muchos de tirar basura en las cañerías por la flojera de no guardarla hasta encontrar dónde depositarla y la falta de inversión en construcción y mantenimiento de la infraestructura urbana entre ellas, de cañerías y desagües. Tenemos como resultado una ciudad inundada que nos ahorra el sueño añorado de poder viajar a Venecia.
Yo me pregunto y les pregunto: ¿en qué se gastan nuestros impuestos y el pago que realizamos de los servicios, de agua, de luz y del predial? ¿de verdad es necesario endeudarnos con millones de pesos para poder abrir la llave en nuestras casas y disfrutar del preciado líquido? ¿Miles de pesos de deuda en manos de Panchito Torres, director de la Japay? Esto sería como darle a un pirata el resguardo de los tesoros del estado y de aprobarse y poner finalmente en sus manos esos millones de pesos, entonces sí, nos mereceríamos que la diosa Ixchel se enoje, y ante nuestras quejas por falta de agua, nos mande mucha, pero acompañada de rayos, centellas y vientos destructores.
Mejor sería entonces que vayamos pensando en propuestas pertinentes, concretas, sobre las cuales no es necesario inventar el hilo negro, se conocen, son muy específicas y tienen que ver con tres aspectos: ampliación de la red de absorción pluvial, el desazolve continuo de rejillas, y la regulación de la urbanización. Yo le añadiría incentivar la formación ciudadana, dentro y fuera del ámbito escolar, para que las personas tomen conciencia de la importancia de no seguir tirando basura en las calles y comenzar a participar en el cuidado de los desagües y rejillas de las calles en sus colonias y barrios.
Hay otras acciones importantes que realizar, por ejemplo, el reordenamiento ecológico, que implica como se señala en documentos oficiales, impulsar el diseño de edificaciones que respeten áreas verdes, que implementen pozos de absorción en desarrollos privados y mejoren el manejo de aguas residuales. Lo anterior resulta letra muerta, ya que han podido más los intereses privados, concretamente de los fraccionadores, que las necesidades colectivas de la población. Por eso es de aplaudirse cuando algún grupo de colonos se pone las pilas y defiende las pocas áreas verdes que nos quedan en la ciudad.
La ampliación de pozos y zanjas y el programa continuo de limpieza de rejillas y alcantarillas para que la basura no obstruya el paso del agua hacia el manto freático son acciones urgentes, pero además de la voluntad de las autoridades se requiere de un presupuesto suficiente, lo que es difícil cuando la distribución de los recursos obtenidos con nuestros impuestos se concentra en su gran mayoría en la federación, que lo utiliza para sus programas clientelares y deja muy poco a los municipios. Es también importante que las autoridades municipales y estatales pongan a personas honestas y profesionales al frente de las direcciones que tienen que ver con el manejo del agua, tanto la que cae del cielo, como la que fluye de las tuberías. Urge un gran esfuerzo conjunto entre sociedad y gobierno para poder seguir habitando este mundo, nuestras ciudades y pueblos. Mañana ya será tarde.— Mérida, Yucatán
Antropóloga por la Uady, con maestría en antropología social
