Para que una economía crezca no basta con cambiarle el nombre al modelo: hace falta confiar en que las reglas se respetarán. La condición mínima de esa confianza es un poder judicial independiente, el árbitro que hace cumplir los contratos cuando alguien no honra su palabra.
AMLO llegó con un diagnóstico parcial —crecimiento mediocre y desigualdad estructural— pero el remedio nunca llegó. El gobierno que declaró la guerra al neoliberalismo firmó el T-MEC, continuación directa del TLC de Salinas, y en 2026 Sheinbaum modernizó el tratado con la Unión Europea: la 4T resultó el gobierno más libre-mercadista en 30 años. El modelo alternativo nunca existió; solo el nombre.
A partir de finales de 2021, la inversión extranjera directa en nuevos proyectos cayó debido a los cambios en las reglas del juego. El nearshoring, la mayor oportunidad geopolítica de México en décadas, quedó en intención: ninguna empresa compromete capital sin certeza de que los contratos se respetarán. Lo que sí cambió, para mal, fue la certeza jurídica. La reforma judicial de 2024 —elección popular de 881 cargos judiciales federales sin requisito técnico verificable— demolió un activo sólido del ciclo anterior: un Poder Judicial técnico.
Mientras ahuyentaba la inversión privada, el gobierno derramaba recursos en megaproyectos inviables. Dos Bocas costó 21,000 millones de dólares —más del doble de lo presupuestado— y opera entre 2% y 30% de su capacidad, según reporta Pemex a la SEC. El Tren Maya consumió 516,000 millones de pesos, 3.3 veces lo prometido, con pérdidas operativas de 20 por 1. Pemex recibió apoyos por 2.2 billones de pesos y acumuló pérdidas por 1.8 billones en el sexenio de AMLO. El desfalco de Segalmex supera 15,000 millones de pesos y suma siete procesos penales. Las partidas documentadas suman, sin descontar traslapes, cerca de 270,000 millones de dólares, cifra cercana al PIB de Portugal; pero a la mayoría, el PIB de Portugal le dice poco. Podemos también verlo así: es como si a cada uno de los 130 millones de mexicanos —del recién nacido al abuelo— le hubieran sacado de la bolsa unos 38,000 pesos; unos 150,000 por familia de cuatro, el enganche de una vivienda o el auto usado que esa familia nunca vio.
En Hungría, Péter Magyar derrotó a Viktor Orbán con un relato simple: el régimen había saqueado al país —la nueva autoridad anticorrupción húngara lo estima en 170,000 millones de euros en dieciséis años—, saqueo que explicaba hospitales colapsados y juventud que emigraba. México tiene material comparable, en la mitad del tiempo. Falta quien se atreva a nombrarlo sin rodeos: con números, nombres y la pregunta que toda democracia termina formulando —¿a dónde fue el dinero?
Candidato a doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la U. Anáhuac Mayab
La 4T resultó el gobierno más libre-mercadista en 30 años. El modelo alternativo nunca existió; solo el nombre.
