Hasta ahora no había una evidencia clara y rotunda del ascendiente formal de AMLO sobre Claudia Sheinbaum en su calidad de ocupante de la silla presidencial. Hasta ahora.
La influencia y poder que su mentor ejerce sobre ella es evidente e innegable; todos lo damos por existente con una fuerza huracanada, incluidos ella, él y sus seguidores, pero no había una evidencia incontrovertible. Hasta ahora.
Difícilmente pudo ser más dura la exhibición de incapacidad y el regaño que Sheinbaum recibió esta semana de quien le dio el bastón de mando, báculo que pretendió ser significativo y, al no ir acompañado de lo más importante, el mando, no fue más que una pantomima.
La carta que esta semana hizo abierta AMLO desnuda por completo al sistema, a la 4T, a las figuras que la encabezan y a la debilidad y docilidad de la ocupante de Palacio Nacional.
Aquella a quien llamó “mejor presidenta de nuestro tiempo”, fue evidenciada en su incapacidad para sostener una relación de acuerdos en “materia comercial, migratoria, energética” con Estados Unidos y por no ser competente para evitar “conflictos con aranceles y remesas”.
Menos mal que es la “mejor presidenta de nuestro tiempo”.
Los yucatecos sabemos cuán vacíos son calificativos de tal fuste a los gobernantes. Aun cuando vienen de encuestas. Bien recordamos que al final de sus respectivas administraciones, Rolando Zapata y Mauricio Vila fueron considerados los mejores gobernadores del país. Y los resultados electorales se encargaron de desnudar tal vacuidad. Pura paja.
Así que la “mejor presidenta de nuestro tiempo”, según la carta en cuestión, “es eficiente, responsable, prudente y respetuosa”, virtudes que no le han valido para aplacar a Trump, como AMLO asegura él sí hizo, según se desprende implícitamente del contenido de la misiva.
Debe ser duro para la titular del Ejecutivo recibir una llamada de atención de su mentor, en momentos en que el entramado de la 4T se le desmorona a pedazos, bien por las enormes divisiones internas, los jaloneos en todas las dependencias, las luchas por arrancar tajadas del presupuesto, el arrebato por las prebendas y, principalmente, el desenmascaramiento que Estados Unidos hace de esa corriente política a causa de los presuntos vínculos de figuras destacadas de la 4T con el crimen organizado.
Cuando más apoyo necesita Sheinbaum, su creador reaparece para llamarla incompetente para negociar con el bravucón del barrio, y remata, en contrapartida, que él sí supo hacerlo. Una falta total de respeto para la investidura presidencial y quien la ocupa. Olvidan que, antes de su discípula, es la primera mandataria.
Es de sobra conocida la afición mitómana de AMLO. Más de cien mil afirmaciones no comprobables o falsas en sus mañaneras lo confirman (Spin, taller de comunicación política). Que le crean sus fanáticos. No solo no evitó mentir en la carta, tampoco frenó sus impulsos megalómanos para volver a anteponerse a todos, la “mejor presidenta de nuestro tiempo” incluida.
La mitomanía y la megalomanía son lo suyo, es de sobra sabido.
Claudia Sheinbaum, por su parte, debe tener sentimientos encontrados, ya que por un lado recibe una bocanada de oxígeno cuando las acusaciones de Estados Unidos a importantes figuras de la 4T surgen a escasos días del Mundial de fútbol, cuando nadie prestará atención a temas de esa naturaleza ajena al fanatismo. Pero a cambio, su hacedor la exhibe nacional e internacionalmente como incapaz de negociar.
El respeto no se impone. Se gana día a día, hecho a hecho, decisión a decisión. Y, por el contrario, anteayer, como remate a la indignidad hacia la investidura, Sheinbaum se corrige: no es expresidente, lo llama presidente.
Alguien bien enterado nos hace ver que no tiene mucho de extraño, si consideramos que en Estados Unidos así suelen llamarse entre ellos: el presidente Obama, el presidente Carter… aunque hayan dejado el cargo tiempo atrás. Estamos en espera, pues, de que desde la mañanera llamen presidente a Calderón, a Fox, a Salinas…
La carta de marras debió ser, en vez de objeto de elogio de la titular del Ejecutivo a su antecesor, un “no me defiendas, com-padre” de Sheinbaum a su inventor.
Fin.— Mérida, Yucatán
olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
Politólogo
