No queda duda que la pasión por el deporte une a los seres humanos. En nuestro país ese sentimiento tan arraigado está en el fútbol por lo que hoy México está de fiesta al lograr que la Copa Mundial FIFA 2026 se celebre en nuestra tierra hermosa.
Emotivo ver la inauguración del evento, la alegría se veía, se sentía en quienes tuvieron la oportunidad de estar ahí, en el estadio Azteca, en el momento preciso del inicio de la fiesta futbolera.
Más de ochenta mil personas en las gradas del estadio. Escuchar las notas de nuestro Himno Nacional fue algo verdaderamente emocionante, como lo fue el ver ganar a nuestra selección en el juego contra Sudáfrica.
Empezamos bien, pero hay que seguir adelante y no confiarse.
Hay muchas disciplinas que nos unen en determinado momento. El gusto o la pasión que sentimos hacia la cultura, la danza, la música, en fin, cada persona tiene sus propias habilidades o gustos y las pone en práctica.
En la actualidad y gracias a la tecnología existente, nos llega información de sucesos que nos llenan de alegría, por ejemplo, estadios llenos para recibir al papa León XIV y escuchar su mensaje.
Ahí no hay acarreados, ni fanáticos, solo personas, seres humanos, católicos que desean unirse para elevar plegarias a Dios y pedir, principalmente, por la paz del mundo. De ese mundo en riesgo que se ve atrapado por el odio, la mentira y la traición. Ese mundo que corre peligro bajo la amenaza de la guerra.
Por esa y otras razones, un momento de alegría es bueno para todos. A mí, por ejemplo, me encantó un trabajo creado con IA donde participan niños jugando fútbol en una cancha con el Papa. Jesucristo es el Capitán. Un video de “Católicos somos” y Luis Martínez; que circula en las redes.
Un trabajo que no solo es para quienes somos católicos, sino para todos los que deseamos paz y queremos un mundo mejor para todos. Y qué mejor que un trabajo con niños y para niños. Video donde la alegría está presente en el juego además de valores como el respeto y la amistad que transmiten mientras juegan.
Nuestro país, bastante ha sufrido y hay sectores de la población que no encuentran paz en su corazón por la violencia que les ha arrebatado a sus hijos o familiares cercanos. El colectivo Madres Buscadoras vuelve a salir a las calles pidiendo ser escuchadas.
No, ellas no tienen nada en contra de una fiesta como la del Mundial, donde México es sede. Hay que tratar de entenderlas. Solo piden, una vez más, ser escuchadas por autoridades y un gobierno que ha sido sordo a múltiples casos de desapariciones.
“Que el deporte sea un puente para dialogar” dice la interpretación a la que me he referido. Sin embargo, cuando un gobierno no entiende o se niega a dialogar con las mujeres que no encuentran paz en su corazón porque les falta ese ser que les fue arrebatado, no merece reconocimiento alguno.
No es un gobierno solidario sino por el contrario, es omiso.
La señora Sheinbaum no hubiera tenido un buen recibimiento, de haberse presentado en el Azteca: por el contrario, hubiera tenido que soportar el abucheo que le esperaba. Lo sabía.
Y sabe perfectamente el porqué de la inconformidad que se va generalizando a lo largo y ancho del país. Esa inconformidad que va en aumento y ha llegado ya a las urnas.
Por su parte, el dios Tláloc se portó muy bien al permitir que la lluvia respetara el partido inaugural: pero al concluir, Ciudad de México recibió por unas horas, el agua que había sido encapsulada en las nubes.
Un acto verdaderamente emotivo fue el segundo gol de México; las lágrimas de Raúl Jiménez, ante su primer gol en mundiales, conmovieron. Dedicado a su padre, don Raúl Jiménez Vega, quien falleció en marzo 2026 fue un momento conmovedor. Lágrimas de felicidad al haber cumplido la promesa de anotar un gol en un mundial.
Lágrimas de triunfo y sin duda de gratitud.
De gratitud a Dios porque le permitió sobrevivir al lamentable accidente que sufrió el futbolista en noviembre del 2020 en un juego celebrado en el Emirates Stadium. Un fuerte choque de cabezas con un compañero lo dejó inconsciente; una cirugía y luego su recuperación lo mantuvo un tiempo alejado de las canchas, pero volvió.
Una prueba de que Dios siempre tiene la última palabra y solo Él decide cuándo y a qué hora.
Y Dios sabe que México, esta tierra bella ha sufrido mucho. Tierra de gente buena y trabajadora que sigue apostándole al trabajo honesto.
Que sea el gol de la esperanza, sin importar cuántos partidos se ganen. Que el ánimo no decaiga, por el contrario, sigamos con la camiseta bien puesta por México, aún después de concluir el Mundial y la fiebre futbolera haya pasado porque nuestro país nos necesita unidos.— Ciudad de México.
Periodista
