La Sagrada Familia
La Sagrada Familia

Presbítero doctor Manuel Ceballos García

La Familia de Nazaret

Como Abraham rechazó el botín de guerra y las riquezas que le ofrecía el rey de Sodoma, Dios le asegura una recompensa enorme: su protección: “Yo soy tu escudo”, y, si ha sido aliado de hombres, ahora lo será del Señor.

Se entremezclan tres promesas: un hijo, una gran descendencia y una tierra. Por otra parte, a la vieja condición humana, descrita en una serie de vicios y pecados enumerados en los versículos anteriores, San Pablo contrapone las exigencias de orden positivo que brotan del hombre nuevo en virtud de la salvación otorgada en la persona de Cristo.

En cuanto al texto del Evangelio, se trata de un hermoso texto lleno de símbolos que dejan entrever el encuentro del pueblo judío con el Mesías. San Lucas nos presenta a San José y a la Virgen María como a un matrimonio temeroso de Dios, piadoso, que observa los preceptos establecidos, incluso viviendo en Nazaret en medio de gentiles. Por otra parte, en medio del Templo, corazón, eje y símbolo del judaísmo, aparecen dos figuras ancianas, Simeón y Ana, a quienes Dios revela el misterio del Niño que acogen en sus brazos.

Figura central

Así, el centro de nuestra celebración se encuentra en la familia de Jesús que hoy nos presenta San Lucas en el Evangelio. Es la historia de una familia cercana a nosotros y, al mismo tiempo, distante. El encuentro con el anciano Simeón se convierte en un acto profético. Nótese, efectivamente, la insistencia sobre la función del Espíritu Santo, fuente de la profecía, hecha en toda la narración: “En él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado (…). Movido por el Espíritu, fue al templo…”.

De ese Niño se afirma que es “la salvación”, la “luz de los pueblos” y “la gloria de Israel”, es decir, la presencia viva del Señor, cuya gloria resplandece sobre todo el pueblo de Israel. Por lo tanto, Jesús tiene un destino misterioso marcado por San Lucas con base en dos textos de Isaías (8, 14 y 28, 16): como Dios, Él será un signo de contradicción en la historia de la humanidad, una roca sobre la cual el creyente construirá el edificio de su existencia, y una piedra de tropiezo que hará caer al orgulloso y al engreído.

En un pueblo palestino, en Nazaret, Jesús crecerá y se fortalecerá. San Lucas añade que, además, ese Niño “estaba lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre Él” (2, 40). Dicha “sabiduría” y “gracia” son dos rasgos del “retrato” de Jesús. Eso sucederá cuando el Evangelio narre a Jesús en medio de aquellos doctores de la Ley en algún rincón del majestuoso templo de Jerusalén…

Al concluir el año, te deseo lo mejor para tu vida espiritual.