“Ocho días después, cuando llegó el tiempo de la circuncisión, le pusieron el nombre de Jesús, nombre que le había dado el ángel antes de que fuera concebido” (Lc 2, 21)

Muy queridos hermanos y hermanas, amigos y amigas. La fiesta de Navidad se prepara con cuatro domingos de anticipación durante el llamado tiempo de Adviento, y luego se celebra en grande en la Octava de la Navidad que culmina el día primero de enero, con la solemnidad de Santa María Madre de Dios. Después continúa el tiempo de Navidad durante el cual celebramos la Epifanía del Señor y se concluye con el Bautismo de Cristo.

Recordemos que en la cultura occidental los años se cuentan a partir del nacimiento de Jesús; así que el llamado año civil está íntimamente ligado al año litúrgico o religioso.

Sea como sea, para cristianos y no cristianos, para practicantes o no practicantes de la fe, termina un año más y nos disponemos a recibir un nuevo año, lo cual nos da oportunidad de hacer una evaluación del año vivido y de hacernos buenos propósitos para el año por vivir.

Esta circunstancia nos invita ante todo a darle gracias al Señor por cada día pasado, por todas y cada una de sus bendiciones. Si analizamos bien, es mucho lo que tenemos que agradecer, y para quien cree, todo es bendición, aún lo que no ha sido agradable. La vida es el principal don que tenemos que agradecer y ese es un regalo que compartimos con todos los seres humanos que hoy vivimos.

Tal vez hayamos pasado por circunstancias dolorosas, como despedir algún ser querido que nos dejó. Tal vez, al contrario, hayamos dado la bienvenida a un nuevo ser en el seno del hogar…

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