Celebró anoche su fiesta patronal una congregación
Responsables, cercanas, esposas de Dios fieles a él, a su voluntad, su obra y la vida en comunidad, tal es el ejemplo de María al aceptar ser madre de Jesús, y así es la misión de las Hermanas Hijas de María Madre de Dios, que celebraron anoche la fiesta patronal de la congregación con una misa oficiada por el arzobispo de Yucatán, monsneñor Gustavo Rodríguez Vega, en su convento de Chuburná de Hidalgo.
Durante la celebración eucarística tres religiosas profesaron sus primeros votos, Graciela Leal Mex, Adriana Traconis Amador y Miranda Cupul Itzá; de igual forma hizo sus votos temporales Roxana Guadalupe Sánchez Chan, todos en presencia de numerosos asistentes a la celebración, entre familiares, amigos y bienhechores.
Durante su homilía, monseñor Gustavo Rodríguez destacó los valores e importancia de la vida comunitaria consagrada a Dios, la cual equiparó en un primer momento como un matrimonio entre Jesús y la persona; una unión sustentada en el amor y el deseo de servir a Dios para ir construyendo su obra en la Tierra.
“La profesión de votos de una religiosa es como un matrimonio con Dios” dijo el arzobispo, “así María Madre de Dios confió y aceptó ser la madre de Jesús, así las hermanas de vida consagrada construyen comunidades que, como todas, no están exentas de discrepancias, malos entendidos, resentimientos, pero ¿qué mérito tendría vivir en una comunidad donde sólo estuviéramos con gente con quien quisiéramos estar?; no, la vida religiosa en comunidad supone esa capacidad de ser empáticos y cercanos a los demás, disculparnos y apoyarnos mutuamente para ser mejores, eso es lo que hace fuerte a una comunidad consagrada”, explicó.
Más adelante retomó el pasaje del evangelio de la visita de Jesús a Martha y su hermana María, ambas amigas de Jesús, una que se afanaba solo en atender a los invitados y por otro lado María, quien escuchaba con atención el mensaje del señor, sean como Martha, dedicada y afanosa, pero María escoge bien lo que vale la pena y eso es seguir de cerca a Cristo, ser parte del plan de su obra en la Tierra, eso es lo verdaderamente importante”.— Emanuel Rincón Becerra.
