Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
La presencia cercana, íntima, de mi nueva acompañante y la exuberancia del valle de la plenitud, me extasiaron.
Mi nueva guía, querido lector, era de sorprendente belleza.
Sus ojos, siempre abiertos, expresivos, profundos y de mirada cándida.
Su cabello, ensortijado, tenía el color del oro reluciente.
Su túnica, más blanca que la nieve, destellaba tonos rojizos.
Era tan intensa la luz que emanaba su rostro, que veía con claridad mi camino, pues los guijarros del suelo brillaban como estrellas.
Bienvenido al valle de la plenitud, mi avisado aprendiz, dijo sonriente y con voz majestuosa.
Tu acompañante y guía seré, querido amigo, en esta siempre nueva e impredecible aventura.
¿En qué parte del valle nos encontramos? Pregunté a mi nueva guía.
Estamos al norte, avanzando a tierras bajas, hacia la ribera del lago de Gennesar, donde continuarás tu apasionante aventura, contestó.
Allí, encontrarás al gran heraldo, que te mostrará a quien, en realidad mi avisado aprendiz, te ha estado guiando, tú sin advertirlo, desde tu primer paso en esta maravillosa tierra del siempre acertarás.
A cierta distancia, querido lector, divisé el hermoso lago de Gennesar.
Dátiles, frutas cítricas y hortalizas aderezaban mi recorrido y, en la orilla del hermoso lago, un cerco de esbeltas cañas lo adornaba.
A sus orillas, distinguí a un personaje de misterioso aspecto.
El tono de su voz, aun inaudible para mí, me estremeció hasta los huesos.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp 9993-46-62-06 @delosabuelos Antonio Alonzo
