F.G. Haghenbeck pone el foco en el horror humano
En la novela “Sangre helada”, de Francisco G. Haghenbeck, los protagonistas son aterrorizados por un enemigo sobrenatural. Pero sus vidas están envueltas también en un horror terrenal, cotidiano y, a pesar de ser narrado en una ficción, históricamente verdadero.
Porque el campo de concentración de alemanes, italianos y japoneses habilitado en el fuerte de San Carlos en Perote, Veracruz, donde se desarrolla la historia, funcionó en realidad en los años de la Segunda Guerra Mundial; porque la actriz a la que se describe como espía de Hitler en México efectivamente extrajo secretos de la cama de Miguel Alemán Valdés, entonces secretario de Gobernación y años después presidente de la República, y porque la corrupción y el abuso de autoridad no son licencias literarias.
“No nos gusta que nos digan los horrores humanos de frente, entonces (la ficción) sirve de metáfora para hablar de los horrores que tenemos metidos. Pensamos que el horror es el monstruo, pero en realidad está dentro de nosotros”, explica Haghenbeck al Diario.
En la novela (Océano, 2020), que se sitúa a principios de la década de 1940, el hallazgo de un vestigio dedicado a Xipe Tótec, deidad azteca del renacimiento a la que se representaba con un cuerpo desollado, se traduce en amenaza de muerte para habitantes de los alrededores del fuerte de San Carlos, en ese momento centro de detención de personas originarias de los países del Eje.
Entre los individuos recluidos en la fortaleza figuran tripulantes de barcos mercantes que se encontraban en puertos mexicanos cuando el gobierno de Manuel Ávila Camacho declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón, supuestos espías y familias propietarias de haciendas cafetaleras.
Entre ellos sobresale María, una niña con autismo, hija menor de los esposos Federmann y cuya capacidad de percibir más allá de lo evidente la convierte en clave de la resistencia de los detenidos y sus guardianes frente a un gigante sin piel hambriento de humanos.
Recurso constante
Desarrollar ficciones a partir de sucesos verídicos ha sido una constante en las obras de Haghenbeck (otras son “El caso tequila”, “Trago amargo”, “El diablo me obligó”, “El código nazi” y “La primavera del mal”). “Me gusta mucho juntar la realidad con hechos de ficción, lo he hecho en todos mis libros, incluso en el de Frida Kahlo (‘El libro secreto de Frida Kahlo’) porque está narrado a manera de realismo mágico”, indica.
“Me gusta hacer la investigación, que son las bases en que te sustentas, y la ficción son los muros que levantas”, reconoce.
Lo imaginario en “Sangre helada” abreva, entre otros sucesos, del descubrimiento —anunciado en enero de 2019— del primer templo dedicado a Xipe Tótec en la zona arqueológica de Ndachjian-Tehuacán, Puebla, a 10 kilómetros de la casa de Haghenbeck, quien en la novela ubica el hallazgo en Perote.
La idea de un coloso surge de los códices y testimonios escritos de religiosos y conquistadores que “hablan de gigantes en la zona de Cholula, Tehuacán, Puebla, Perote, Tlaxcala…”, donde el hallazgo de huesos de mamut hizo pensar en la existencia de seres de gran tamaño.
“En tiempos de la Conquista el concepto de dinosaurios o criaturas anteriores a nosotros no existía”, explica el escritor. “Jugando con la ficción, digo que era una deidad, incluso lovecraftiana; el panteón prehispánico tiene muchísima similitud con el lovecraftiano, estas deidades amorales que dominaban el mundo”.
Del uso del fuerte de San Carlos como campo de concentración hay todavía escasa documentación, “sobre todo porque las autoridades trataron de nublarlo, pero últimamente ha habido historiadores que lo han rescatado”, dice Haghenbeck.
“Se nos olvida lo racistas y discriminadores que somos en México”, añade. “A principios de siglo (XX) fueron los chinos; a mediados de siglo fueron los alemanes y los japoneses, a todos los que comenzaron el cultivo de café en Chiapas les quitaron las tierras y los metieron ahí (en San Carlos), y hoy estamos viviendo lo mismo con los centroamericanos”.
“Pensé que era un tema que debía abordar como metáfora: le tenemos miedo al extranjero pero en el libro el monstruo viene de adentro, somos nosotros mismos”.
Haghenbeck admite que en “Sangre helada” hay referencias a la obra de otros autores de terror, como Stephen King, H.P. Lovecraft y Adam Nevill, de este último por “El ritual”, una “novela de horror moderno que habla de dioses monstruos”.
“Tomé un poquito de todo e hice un pastel, a ver si no quedó muy salado o muy dulce”, dice riendo.
En veda
En México el subgénero del horror “durante mucho tiempo fue vedado por una élite intelectual que decía que no era literatura, esta élite era muy cercana al gobierno institucional y decía que había que hacer novela histórica o realista”.
“Hoy en día ya no existe esa élite. Con las nuevas generaciones viene un boom de novelistas de horror: Bibiana Camacho, Liliana Blum, Bernardo Esquinca.., muchísimos autores que quizá todavía no suenan, pero esperemos unos años. Incluso jóvenes como Raquel Castro o el mismo Alberto Chimal coquetean con lo paranormal, siguiendo el boom de la literatura de Mariana Enríquez, Samanta Schewblin, quienes están ocupando el horror para analizar la historia latinoamericana”.
“Nos faltan cosas maravillosas por ver, apenas es el principio”, continúa. “Y no tardará en haber una novela de horror de narcos, estoy esperando que salga y con mucho gusto la voy a leer porque soy un fan”.— Valentina Boeta Madera
De un vistazo
Relato
El confinamiento al que obligó la pandemia permitió a F.G. Haghenbeck trabajar en otras historias de horror. Una tiene como protagonista a un niño que vende su alma al diablo en la década de 1980.
Años 60
También ha trabajado en una historia sobre los movimientos estudiantiles de 1968, proyecto del Sistema Nacional de Creadores que saldría en 2 años.
Represión
“Si tenemos un horror en México es el de la represión del gobierno a los movimientos estudiantiles del 68”, señala el autor. “Uno de mis proyectos era hacer una novela épica de horror sobre esos movimientos”.
