El Monumento a la Patria
Elsy del R. Hernández(*)
“Una transmutación de las fuerzas invisibles de nuestro formidable pasado, se operó en el temperamento y en la mentalidad de un ilustre e intuitivo hombre, Rómulo Rozo, creador de esta imponente maravilla de piedra, que consagrada litúrgicamente a la Patria, es como un templo a una propicia divinidad materna, que desafiando vencedoramente a los siglos, quedará en el corazón de Mérida, para orgullo nuestro y perenne gloria de su autor”. Antonio Mediz Bolio.
De piedra de cantera, de la misma de las que surgieron los centros ceremoniales de Uxmal y Chichén Itzá, fue tallado directamente en la piedra.
Podemos considerar celestial don de que en Yucatán se levantara sobre su legendaria tierra el extraordinario Monumento a la Patria, concebido y realizado en América, y sin duda, el auténticamente más americano del mundo.
En la fachada que mira al Norte, ostenta, circundante en el fondo, la ceiba sagrada de los mayas, el árbol del linaje de los Itzaes, la tribu más culta del continente americano. La ceiba muestra la savia, el corazón, la esencia del espíritu y el proceso ascendente del espíritu de la raza y de su cultura.
La fachada que mira al Sur la circundan los muros que sirven de base a los relieves esculpidos más significativos de la Independencia, la Revolución, el Imperio y la Reforma.
En el centro de toda la exposición se yergue imponente una figura de mujer mestiza con los rasgos característicos físicos y espirituales de la raza maya; con prestancia de sacerdotisa, viste el traje típico huipil y el calzado propio; nace de un símbolo de la tierra y ostenta una pechera decorada con los rasgos significativos del dios Kukulcán.
También luce un collar donde pende sobre el pecho un pectoral en forma de estrella, que en el centro tiene la espiral de un caracol, símbolo de la vida, y a cada lado, delicadamente situados, los tres símbolos de los números armónicos de la filosofía maya; sostiene en las manos un portaestandarte rícamente decorado con follaje, flores y frutos.
En el centro en conjugable tímida composición se revela una casita de paja, en cuyo interior arde una tenue y perenne llama de una lámpara votiva, fuego sagrado del ideal patrio; y sobre la casita de paja se destaca el blasón, con las armas de la ciudad de Mérida, y el escudo del Estado de Yucatán.
El año 1944 vio nacer esta obra cumbre del gran artista escultor Rómulo Rozo, colombiano de nacimiento pero hijo por adopción de la tierra del Mayab que tanto amó, al caer seducido por su misterioso encanto y su cultura; y para ofrendarle creó lo que sabía y podía hacer con propia mano: un altar a la nacionalidad de México, país que lo acogió, y a la ciudad en la que enamorado echó raíces para ser parte de su mágica tierra.
El Monumento a la Patria fue inaugurado el 23 de abril de 1956, a los 12 años de su inicio.
El conocimiento da el sentido a encontrarle su valor a lo que somos y nos rodea. La identidad propia se revela en el respeto a sí mismo, de donde fluye a prodigarlo en nuestro medio. Sobre todo, en lo que es digno de honor y del más alto respeto por la sublime manifestación de nuestra identidad.
Promotora cultural.
