Imagen tomada de una edición facsimilar del “El papiro de Ani” en el que se observa al dios Osiris entre sus hermanas Isis y Neftis

La existencia de un mundo más allá de lo visible donde se congregan los espíritus de las personas fallecidas era una creencia presente en otras culturas antiguas además de la maya. Y cada una a su manera intentaba facilitar el tránsito de sus seres queridos al lugar de reposo.

Entre los egipcios se podía aspirar a la vida eterna si se momificaba el cuerpo después de la muerte, si se contaba con una tumba que resguardara la momia, si se iba equipado para la subsistencia y si se tenía un área de culto, según consigna el Museo Egipcio de Barcelona.

Sin embargo, añade la institución, nada de ello servía si el tribunal presidido por Osiris, dios de los muertos, no encontraba recto y virtuoso al finado. Si el fallo era favorable entonces la persona accedía a la inmortalidad y si no, se moría en forma definitiva.

En China, ciertas prácticas relacionadas con los entierros comenzaron incluso antes del surgimiento de las religiones organizadas. Se pensaba que el espíritu que se separaba del cuerpo al morir sentía miedo y confusión, de ahí que sus familiares procurasen ayudarlo a transitar al más allá y evitar que regresara como espíritu maligno.

En información dedicada al tema, el Museo Victoria y Albert de Londres señala que se acostumbraba llenar recipientes con comida y bebida para que el alma se alimentara en su paso al otro mundo. A los integrantes de la realeza y la aristocracia se les enterraba con numerosos de estos contenedores, en su mayoría hechos de metal.

Entre los nativos estadounidenses también estaba afianzada la idea de la vida después de la muerte. Los illinois, confederación de tribus que ocupaba la zona central del valle del Mississippi, pensaban que el alma del fallecido viajaba a un lugar dichoso que se encontraba pasando un gran río.

Como hace constar el Museo Estatal de Illinois, la familia del difunto llevaba al cabo un ritual funerario —llamado “danza del descubrimiento”— para garantizar que el espíritu completara el trayecto. En la ceremonia intervenían un chamán, un percusionista y guerreros representantes de las poblaciones de los familiares. Al concluir, los parientes realizaban actividades recreativas que gustaban al fallecido, como carreras y juegos de azar.— V.B.M.

De un vistazo

Gratitud

En la antigua China, los entierros de ajuares abundantes expresaban gratitud a los espíritus del universo y afirmaban la reputación de los finados en el más allá.

Obsequios

Entre los illinois era costumbre que, como una manera de aliviar su pena por un fallecimiento, se hicieran regalos a los deudos, entre ellos cobertores, pieles de animales y armas.

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