MÉXICO (AP).— La Marina mexicana informó del inicio de un controvertido plan para arrojar bloques de hormigón en el fondo del Golfo de California con el fin de enganchar las redes ilegales que ahogan a la vaquita marina, especie en grave peligro de extinción.

Unos ocho ejemplares de estas diminutas y escurridizas marsopas sobreviven en el Golfo, también conocido como Mar de Cortés. Es el único lugar en el que habitan y no se les puede capturar ni criar en cautiverio.

Las vaquitas quedan atrapadas y se ahogan en las redes que los pescadores colocan ilegalmente para la captura de la totoaba, pez cuya vejiga natatoria es un manjar en China y se vende a miles de dólares por kilo.

El gobierno mexicano ha abandonado en gran medida las labores para evitar que las pequeñas embarcaciones ingresen a la “zona de tolerancia cero” de 288 kilómetros cuadrados cerca de San Felipe, Baja California, donde se ha visto a los últimos ejemplares de la vaquita.

Los ambientalistas dicen que el plan de hundir 193 bloques de concreto fue aprobado sin que se sometiera a consulta pública, y expresan su preocupación de que los ganchos metálicos fijados a los bloques acumulen restos de redes que seguirían afectando la vida marina.

“Es una sorpresa total, porque la manifestación de impacto ambiental se aprobó en tiempo récord, en seis semanas. No se abrió a consulta pública”, dice Alex Olivera, representante de México para el Centro para la Diversidad Biológica.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales reconoce que no hubo consulta pública y argumenta que nadie pidió una. La agencia se ha caracterizado por autorizar rápidamente los proyectos del gobierno.

Hay muchas dudas sobre el plan. Se colocaría un bloque, con un gancho metálico adherido, en cada kilómetro sobre la zona restringida. De momento se desconoce cómo o si se recuperarían las redes enganchadas bajo el agua.

“Una red puede quedar atrapada en esos ganchos. Estamos hablando de que utilizan redes de cientos de metros”, señala Olivera. Si una red queda atrapada en los bloques “es un arma de doble filo y se vuelve una trampa para la vaquita”.

Las redes abandonadas, conocidas como “redes fantasma”, pueden seguir matando vida marina varios años.

Otro experto, que pide no ser citado por su nombre por temor a represalias, asegura que el plan podría desalentar a quienes practican la pesca ilegal al hacerles perder las redes en los ganchos.

Pero, añade, será crucial retirar regularmente cualquier red atrapada porque de otra forma otras especies podrían morir.

En el comunicado en que se anuncia el plan, la Marina hace una ambigua mención sobre la recuperación de las redes. En la práctica, probablemente sería necesario que buzos descendieran periódicamente y cortaran manualmente las redes de cada uno de los 193 bloques. Debido a la oposición de los pescadores y lo lucrativo del comercio ilegal de la totoaba, tampoco hay garantías de que los hombres de mar no marquen, físicamente o con GPS, la ubicación de los bloques y pesquen fuera de la zona.

El año pasado el gobierno mexicano abandonó la política de mantener los barcos de pesca fuera de la zona de “tolerancia cero” en el Alto Golfo. En ese momento introdujo una escala de sanciones si se ven más de 60 barcos pesqueros en la zona en múltiples ocasiones.

Olivera expresa sus dudas. “No pueden estar checando todos los bloques todos los días”, subraya.

A principios de este año, Estados Unidos presentó la primera denuncia ambiental basada en el pacto comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, argumentando que México no está protegiendo la especie.

México aceptó una investigación. En virtud del tratado, que entró en vigor en 2020, la denuncia podría dar lugar a sanciones comerciales.

 

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